Educación
Sábado 19 de Agosto de 2017

Una agenda fundacional y pública en derechos humanos para la democracia

El nuevo "clima de época" es producto también del interés en sembrar olvido en los crímenes económicos de los monopolios.

En la enseñanza de la historia reciente en nuestro país, que incluye, entre otras cosas, las etapas del autoritarismo, la dictadura cívico militar, el terrorismo de Estado y sus consecuencias en todo el tejido social, cultural, político y económico en Argentina, se ponen en juego desafíos del orden del conocimiento, de lo pedagógico y lo didáctico como así también asumir un compromiso político, ideológico y social. Desde 2004 se consolidó el lugar de los derechos humanos en la agenda pública lo cual se reflejó en el sistema educativo al priorizarse su enseñanza en todos los niveles de la educación argentina; también los sitios de memoria y muchas organizaciones de la sociedad civil avanzaron fuertemente en programas de formación no solo para jóvenes sino también para los actores indispensables de esta experiencia, los docentes.

Desde la llegada del nuevo gobierno en 2015 asistimos a una suma de retrocesos y agravios, especialmente hacia los organismos de derechos humanos y a los juicios a los genocidas por delitos de lesa humanidad, nunca mejor expresados que con el fallo de la Corte Suprema de Justicia en torno al 2x1. Acuerdo con Ezequiel Adamovsky cuando escribe que "mucha gente que hoy ataca al movimiento de derechos humanos lo hace creyendo que golpea así el legado kirchnerista. Pero olvidan que esa lectura del pasado no fue un invento K", que largas e intensas luchas de décadas pasaron hasta que el Estado hizo suya la agenda de los organismos.

En verdad, este nuevo "clima de época" no es producto, únicamente, de una posición ideológica respecto al pasado reciente, sino que tiene su origen, también, en el interés concreto de sembrar olvido e impunidad sobre los muchos crímenes vinculados al crecimiento económico de los monopolios que hoy, además, ostentan el poder político legalmente. En estos dos puntos se asienta el "cambio" que se quiere imprimir sobre la memoria respecto a la última dictadura cívico militar.

Algunos llaman a construir una "nueva" agenda de los derechos humanos. Además de falaz, esa postura no acierta conceptualmente. La agenda de los derechos humanos que nace en plena dictadura no desaparecerá caprichosamente, ya que forma parte de la fundación de la democracia de 1983. Sí debe mantenerse abierta, como toda agenda vital y plural, a incorporarlas luchas del presente contra la violencia de género, el aumento de la violencia institucional, la persecución a los pueblos originarios y tantas otras. La formación de ciudadanos críticos y comprometidos con la realidad que les toca vivir, implica reforzar la educación en derechos humanos en las escuelas, no exclusivamente en las asignaturas sociales sino en cada aula donde un docente quiera colaborar en la formación de ciudadanos conscientes en que la democracia es una forma de vida que requiere de un "nosotros" inclusivo desterrando una visión alienante y persecutoria de "los otros".



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