Uno es Pedro, el otro Pablo. Se pusieron ese nombre por la referencia bíblica,
porque hacía alusión a un libro de moda de los 70 y por los personajes de Los Picapiedras. El
compromiso con la realidad, otra mirada de la fe cristiana, la ironía y las críticas a la sociedad
de consumo fueron piedras fundamentales en la lírica del dúo que integran Miguel Cantilo (Pedro) y
Jorge Durietz (Pablo), que tocan mañana, a las 21.30, en el teatro El Círculo (Laprida y
Mendoza).
A cuatro décadas de su primer disco "Yo vivo en esta ciudad", Pedro y Pablo
demuestran que sus canciones no sólo resisten el paso del tiempo, sino que le siguen haciendo un
juego de voces a las melodías del futuro.
"En este país no hay grandes cambios en cuarenta años, mal que nos pese. Los
problemas siguen siendo los mismos, a veces agravados. En algunas áreas hemos avanzado un poquito,
pero el resultado es que podés aplicar letras escritas hace cuarenta o cincuenta años a situaciones
actuales. No sólo nuestras, temas de María Elena Walsh, de Atahualpa Yupanqui, siguen planteando
tópicos irresueltos en la actualidad", dijo Miguel Cantilo a Escenario.
Haciéndole la voz baja, y en un culto al bajo perfil que cultivó desde siempre,
Jorge Durietz dijo que "las canciones tienen una larga vida". Y destacó: "Justo el primer disco del
dúo fue el que más difusión tuvo, mucha gente lo mantuvo vivo desde los 70 para acá y se lo
transmitieron a sus hijos. Cuando volvimos a aparecer en los 80, tuvimos otra regada de agua en
tiempos de la Guerra de Malvinas, y ahí las canciones prendieron en otra generación, que continuó
hasta este presente".
El hippismo era moneda corriente en los comienzos del dúo. Vivir en el campo o
la ciudad era la dualidad reinante. Por un lado los días al aire libre, la alimentación más sana,
se comía de lo que se sembraba y estaba muy lejos la contaminación ambiental. Por otro lado, los
ruidos, la gente de saco y corbata, la rutina y el consumo creciente.
"El gran problema de la humanidad es el consumismo que provoca descompensaciones
monstruosas y fabrica pobres por el accionar del monstruo invasivo de la publicidad. Cada vez
importa menos resolver el problema de la salud y la educación y más la adquisición de artículos
suntuarios para distraerse. Una play station es mucho más indispensable que un buen libro para los
adolescentes y esto es un fenómeno provocado por el consumismo, la peor de las pandemias que
vivimos", consideró Cantilo, como es habitual, sin medias tintas a la hora de pintar un paisaje de
los tiempos en los que vive.
El músico, que lideró también la agrupación Cantilo y Punch, cuyo hit “La
gente del futuro” fue una continuidad del pensamiento esbozado con Pedro y Pablo, detalló las
transformaciones de la cultura hippie que ellos pregonaron: “Si existen restos de esas
posturas han adoptado formas más actuales. La ecología ya no es un berretín, es una ciencia y una
actitud casi política. La búsqueda filosófica hacia Oriente también se ha consolidado, la artesanía
ya no es una actividad marginal de locos, ahora es fuente de subsistencia para muchos jóvenes que
resisten al lavado de cerebro del sistema. En fin, hippies no hay más pero hay muchos que, como yo,
se alegran de haberlo sido”. Y alertó en su tono crítico: “Una sociedad mejor tampoco
será posible mientras sigamos transitando el capitalismo caníbal”.
Durietz elogió a su compañero de ruta: “Miguel tiene un condimento de no
conformismo, de buscarle la quinta pata al gato, que es inevitable. Lo suyo siempre tiene un dejo
de crítica y es una mirada valiosa para el dúo”.
Autor de temas menos contestatarios pero no por eso menos bellos, como
“Andando a caballo” y “Mi soledad”, Durietz resaltó el valor del clásico
“Marcha de la bronca”: “Es un tema que plantea problemáticas que siempre van a
existir, porque habla del tema de la desigualdad y cómo en la sociedad se rechaza lo nuevo, entre
otros conflictos. Hoy ya no se ven grupos contestatarios que planteen las cosas de ese
modo”.
Cantilo admitió que nunca imaginó el éxito de esa canción: “Fue un tema
más, aunque apenas vi lo que pasaba con el público me sorprendí y recuerdo que Facundo Cabral -uno
de mis maestros - me comentó: «Ojo con ese tema, la gente aplaude entre estrofa y estrofa». Lo
curioso es que sigue pasando lo mismo y aún en sitios como México o Madrid, donde no la conocen,
estallan los aplausos. Tiene una química rara”.