
Por Pedro Squillaci
Roque Narvaja no es sólo "Menta y limón"; ni tampoco "El extraño de pelo largo largo", que alcanzó el nº1 del ranking en 1969 y aún sigue sonando; incluso por su cabellera blanca hoy ya parece una ironía oírlo cantar "Yo quería ser mayor". Pero este referente de la música popular es el mismo compositor que lleva en su haber esas canciones exitosas en el marco de una trayectoria de cinco décadas, que abarca un exilio en España por su compromiso político, algún coqueteo con el pop, el romance eterno con melodías de aire folclórico y, claro, esa irrefrenable vocación por hacer canciones para hoy, sin olvidar el pasado y mirando a futuro.
"Instrucciones para madurar" es el título del disco que presenta hoy, a las 21.30, en el teatro de Plataforma Lavardén (Sarmiento y Mendoza) acompañado de Mariano Braun en teclados y dos "héroes de Rosario", según la consideración del propio Roque: "Taca" Carleyo, en batería, y Rubén Grivarello, en bajo.
"Me encantaría enseñarme a madurar a mí mismo, porque no lo logro (risas), pero son reflexiones. Y el título grandilocuente está puesto a propósito, es un resabio de la música pop, los ganchos del pop", dice Narvaja, minutos después de poner toda la onda para la sesión fotográfica de Virginia Benedetto en el Museo de La Capital.
Roque llega a la nota acompañado del también músico Oski Borga y se muestra predispuesto a la charla. Viene de una nota con Gachi Santone en La Ocho, mientras Oski, que en esta ocasión hace las veces de agente de prensa, le dice que tiene otra entrevista en una radio céntrica, pero que puede llegar más tarde.
En "Primavera para un valle de lágrimas" de 1973, Narvaja cantaba "el mundo es un escenario, actores somos en él, sepamos vivir creando o cumplamos el papel". El tema es "Acuérdate de vivir, acuérdate de amar" y en el diálogo con Escenario surge la pregunta de por qué temas de ese calibre musical no tienen el peso específico o la vigencia que suelen tener los hits.
"Si yo fuera uno de los Beatles y estuviera en un mercado de un país desarrollado todos los temas serían iguales. Pero nosotros somos un grupo de tribus que guerrean entre sí, no una nación, dicho esto a nivel de metáfora; entonces tenés que hablar de diferentes idiomas. Suponete que yo fuese contratado por George Martin (en alusión al histórico productor de los Cuatro de Liverpool), el tipo estaría chocho con la cantidad de canciones en distintos géneros, una zamba, un bolero, un rock, un paso doble. Los Beatles hicieron eso y yo aprendí a componer con Los Beatles", dice y se acomoda levemente el flequillo, que a sus 68 años es la envidia de muchos de su generación.
"Puedo darme cuenta que en vez de hacer un ritmo en 4 x 4 hago un 6 x 8, que es una cosa que tengo muy asumida por el tema del folclore, que por cierto es bellísimo el 6 por 8; pero yo intento que la canción simplemente sea buena, tenga una linda melodía, una buena armonía. Y hago lo que puedo, a veces me sale bien y otras me sale mal", afirma.
Y por lo escuchado a lo largo de las diez canciones de "Instrucciones para madurar", editado por Barca, tan mal no le salieron. "Madurar es recordar que lo mejor aún no acaba de pasar" canta Narvaja en el tema que da título a un disco parejo, que sostiene el mismo grado de sensibilidad en la interpretación y en donde casi todos los textos son propios, a excepción de "Madrid", cuya letra es de Rafael Amor.
En "Noche de coplas" se respira cierto aire flamenco; hay un guiño a la nostalgia y al recuerdo de sus padres en "Qué solo se queda el mundo"; un claro mensaje ideológico y una reivindicación por ser "del montón" en "Los ojos claros"; y un cierre impecable con "Heroína", que alude a las adicciones con un mensaje alentador sin emitir juicios ni caer en lugares comunes.
Autor de hitos como "Para Victoria", que Baglietto cantaba en los primeros 80 en Café de la Flor, y "Mienten", que el líder de la Trova Rosarina grabó en "¡Mami!", Narvaja cosechó éxitos radiales a partir de "Un amante de cartón", un disco editado en 1981 que cualquiera que peina canas puede tararear cada una de sus diez canciones de punta a punta, ya que sigue instalado a fuego en el inconsciente colectivo.
—¿Qué pasa con los clásicos, uno se amiga o los termina odiando?
—No es fácil, el clásico mientras no moleste yo lo hago. Yo he dejado de hacer bailes, boliches, algún show privado, y ahora sólo hago teatros porque pasa eso: vos te subís al escenario a cantar, la gente está en otra cosa y yo me siento una jukebox (una rocola), una máquina de discos en donde estoy intentando ser Roque Narvaja y no me sale porque esos hits fueron grabados hace 40 años. La gola se va y la fama es puro cuento dice el tango, le pongo mucha onda pero no me siento bien. Yo estoy para otra cosa, no estoy para pavadas, con perdón. A mí lo que me interesa es cantar mi nuevo trabajo, que la gente lo conozca, donde yo me estoy comprometiendo con lo que digo, por el texto, por el gesto, por el alma, por todo lo que significa subirte a una tabla, a un escenario, donde la gente está sentada, mirándote. Eso para mí es actuar.
Humor. "Me encantaría enseñarme a madurar a mí mismo, porque no lo logro", bromeó Roque Narvaja en relación al título del álbum.



Por Martín Stoianovich

