Nadie podía parar a John Dillinger y su banda. Su encanto y sus audaces
escapadas de la cárcel le hicieron ganar el cariño del público que no tenía simpatía alguna hacia
los bancos que habían llevado a Estados Unidos a a la Gran Depresión. Y la fama del carismático
ladrón de bancos fue tal que, para elevar su propia reputación, el FBI hizo de Dillinger el
"enemigo público Nº 1". Sobre él trata el nuevo filme del aclamado cineasta Michael Mann, quien
dirige a Johnny Depp, Christian Bale y Marion Cotillard. "Enemigos públicos" se estrena esta semana
en los cines argentinos.
Figurita más que difícil para el periodismo, el actor Johnny Depp concedió en
Londres una entrevista colectiva para el estreno del filme en el Reino Unido. Junto a Mann, el
intérprete de "La leyenda del jinete sin cabeza" y "Piratas del Caribe" ofreció sólo 20 minutos de
su tiempo para contestar preguntas.
—¿Qué lo llevó a interpretar a alguien que es sinónimo de violencia?
—Cuando tenía nueve o diez años estaba completamente fascinado por John
Dillinger. No sé bien por qué. Y probablemente no era una fascinación saludable para un niño. Había
algo de travesura en él. Era llamado de "enemigo público", pero cuando uno piensa realmente en eso,
Dillinger nunca fue un enemigo de la gente. Y creí que eso era intrigante en el papel.
—¿Qué hay en personajes históricos como Dillinger que sigue atrayendo al público?
—Con relación a Dillinger, el mundo de 1933 no es muy diferente al que
vivimos ahora. Los bancos eran los enemigos y estaban quedándose con los ahorros de todos. Para mí
lo fascinante es ver a un tipo que dice: "No voy a aguantar más eso. No me importa quiénes son
ustedes, yo voy a enfrentarlos".
—¿Dónde investigó para hacer ese papel, vio los antiguos filmes sobre Dillinger?
—Tengo un fuerte recuerdo de Warren Oates como John Dillinger en el filme
de John Milius. Pero sentí que era una acuarela limitada y había más colores disponíbles para
pintar el retrato de Dillinger. Desde aquel filme ("Dillinger", 1973), otras informaciones
surgieron y sumaron nuevas dimensiones al personaje. Yo intenté incrementar eso.
—Usted comentó que no vio el filme antes del estreno. ¿No le gusta verse en la
pantalla?
—Si puedo evitar el espejo cuando me lavo los dientes de mañana, lo evito.
Me siento seguro en mi ignorancia. Es bueno estar informado y analizar las cosas, pero los juicios
de valor te pueden derrumbar. No me gusta verme en las películas que hago porque no me gusta tener
conciencia del producto final. Prefiero el proceso, lo adoro. La ignorancia forzada me permite
decir que el resultado final no es culpa mía. Yo estaba allí, pero no hice aquello.
—La fama lo acompaña adonde vaya. ¿Imaginó que un día llegaría su propia hora de
brillar?
—Yo pasé 20 años por lo que la industria define como fracasos y durante
esa época fui considerado un veneno para la taquilla. De todos modos, no cambié y un día surgió
"Piratas del Caribe". Y pensé: "Puede ser divertido, estaría bárbaro hacer un pirata para mis
hijos". Pero creé el personaje de la misma forma que hice todos los demás y casi me echan del
rodaje. Gracias a Dios no me echaron porque el filme cambió mi vida. Estoy muy agradecido a ese
cambio tan radical, aunque no sea algo que yo planifiqué desviándome de mi camino.
—¿Es más difícil hacer un personaje real como Dillinger que uno inventado como el capitán
Jack Sparrow?
—Mucho más difícil, porque uno tiene una deuda de responsabilidad con la
persona que realmente existió. Un sentido de deber con su legado. En relación a Dillinger, existe
una enorme cantidad de información sobre él. Sabemos dónde estaba cuando los bancos fueron robados.
Hay filmaciones, fotos, pero no hay audios, ni nadie que realmente pudiese decir que lo conoció de
verdad. Todo lo que tenemos es su actitud. Pero ¿cómo hablaba, qué lo motivaba? Lo que más me ayudó
fue descubrir que nació y creció en (el estado de) Indiana, a dos horas de donde yo nací y crecí. Y
dije: "Ahora sí logro escuchar su voz". Sé como suena porque no somos tan diferentes. El era como
mi abuelo que de día conducía un ómnibus y de noche traficaba bebidas durante la Ley Seca.
—Viendo el extraordinario repertorio de personajes que interpretó hasta ahora, ¿cuál diría
que es el más parecido y el más diferente a usted?
—El más diferente es Willy Wonka (de "Charlie y la fábrica de chocolates"). Y hay tres que
siento más próximos: Edward de "El joven manos de tijera", Rochester de "El libertino" y John
Dillinger.
Gripe A. El estreno de "Enemigos públicos" estaba previsto para el 2 de julio pero fue
aplazado por la escasez de público en los cines debido a la gripe A.