(San Salvador de Jujuy) Mercedes Funes llegó al 5º Festival Internacional de Cine de las Alturas para defender una película que hace tiempo está bien defendida: “Yo soy así, Tita de Buenos Aires”. El filme de Teresa Constantini se presentó en el marco de la sección paralela de la muestra que terminó ayer, y pese a que el personaje que interpreta allí es la mismísima Tita Merello, apenas pasa la puerta del hotel Howard Johnson, donde se hace la rueda de prensa, todos dicen “ahí viene Alicia”.
Es que la criatura perversa, siniestra y a la vez entrañable de “Argentina, tierra de amor y venganza” (ATAV) atraviesa la pantalla chica, pese a Netflix, las multiplataformas y a que la tevé de aire parece estar en franca retirada. Pero ATAV es una señal contundente de que se puede resistir cuando se pone por delante la calidad antes que el rating por el rating mismo.
“Los actores somos trabajadores golondrina, estamos en cine, en teatro y tevé, y a veces no tomamos conciencia de lo que representamos para el público. La tevé de aire te permite una empatía increíble, hay algo de lo popular que tiene la tele que te sentís que estás más cerca de la gente y ellos te sienten más cercano a vos. Aunque sabemos que tanto el cine como la tele es como una utopía romántica, pero es una ceremonia que nos hace sentir más cercanos”, dice la actriz rosarina, hija del político justicialista ya fallecido, Carlos “Chango” Funes.
“A Tita la teníamos como una tía querible, que entraba a nuestros hogares con esos anteojos, medio malhumorada, pero a la vez divertida, hablando del Papanicolau y retando a Víctor Sueyro”, comienza Funes a hablar de “la morocha argentina” sin darse cuenta que también de alguna manera está pintando rasgos de su criatura televisiva. Cualquiera que haya visto la escena en que Alicia se enoja con su hermano Torcuato (Benjamín Vicuña) por ser llamada “pan duro”, con la erre cruzada y llorando, no puede menos que emparentarla con la mujer empoderada que ya era la Merello allá lejos y hace tiempo.
“Yo tuve una casa muy musical y muy artística, mis viejos eran muy afines a escuchar música, a leer poesía, al tango, a mirar cine, entonces sí, Tita ya estaba presente en mí, pero en el trabajo de contar a Tita me encontré con una mirada que hizo que yo diga, esto es lo que quiero mostrar. Porque todos antes la caricaturizaban, casi chistosa, como lo que hacía Mario Sapag, y cuando empecé a ver su filmografía y a escuchar sus tangos, yo encontré a una mujer con una sexualidad, una sensualidad, una inteligencia y un aplomo, muchísimo más interesante que su gestualidad exagerada”, repasa en un ligera línea de tiempo y, vaya coincidencia, cuando habla de sexualidad y gestualidad, vuelve a asomar su personaje de tevé, en un ida y vuelta causal y casual.
Y como todo tiene que ver con todo, decía un viejo latiguillo, Mercedes respondió con los ojos bien abiertos cuando se le preguntó qué pasaría si en “ATAV”, ambientada en los años 30 y 40, se cruzaría el personaje de Tita Merello en la trama, como ya ocurrió que aparecieron las mellizas Legrand. “¡Qué tema!, en Argentina está Virginia Innocenti, que fue la gran Tita, que hizo tanto teatro, televisión e investigación sobre Tita, así que estamos las dos Titas ahí, en el programa. Me puedo llegar a poner a fantasear que el personaje de Tita se encuentre en una escena con Libertad, que es el personaje de Virginia, y Alicia, que hago yo, no se me ocurre quién podría hacerlo, pero hay muchísimas actrices que podrían hacerla muy bien”.
Al hablar de Rosario y de su padre, a Mercedes se le escapa una sonrisa agradecida cuando tiene que responder cuánto del temple político y de la impronta del Chango heredó ella para construir su profesión de actriz. “Con los años descubro que heredé cada vez más cosas de él. Mi viejo se me fue demasiado pronto, yo tenía 21 años cuando él falleció (ahora tiene 40) y aún así lo siento absolutamente presente. El tuvo una vida política brillante e intachable”.
“Hay algo que se ve que está en mi. Mi viejo era una persona que tenía mucha afinidad con la poesía, con la escritura, era periodista, autor, escribió tres libros, hizo varias canciones, dos o tres cantó Alberto Cortez, que era amigo suyo, por otra parte asesoró políticos, era publicista, era ajedrecista, era enorme. Quizá heredé algo de ese amor a las palabras y de esa necesidad de entender la coyuntura social que a mí me desvela, creo que eso, en algún punto, me quedó de mi viejo”.
Para concluir, Mercedes Funes retomó cómo imaginó, siempre bajo la sugerencia de Adrián Suar, la composición de su rol en la telenovela de Eltrece: “Yo decía, necesito un personaje que sea divertido de ver, sin hacerme la payasa, porque si hago un monigote no tiene humanidad, como siempre encontrarle las dos cosas que coexistan, como pasa con Tita. Pero creo que en mi personaje de Alicia lo que la rescata es su estupidez”.