Empezar de cero es un desafío que parece inalcanzable. Más cuando alguien viene de una vida que siempre soñó. Pero ya no es lo que era. En esa encrucijada se encuentra Sergio, el protagonista de “Descansar en paz”, la película de Sebastián Borensztein estrenada el jueves pasado en cines de Rosario, que desde el miércoles 27 de marzo ya estará disponible en Netflix y que cuenta con un elenco de lujo: Joaquín Furriel, Griselda Siciliani, Gabriel Goity y Lali González. En diálogo exclusivo con La Capital, Joaquín Furriel habló por zoom desde Madrid sobre cómo lo atravesó ponerse en la piel de Sergio, un empresario quebrado económicamente en la crisis de los 90, que aprovecha que lo dan por muerto tras el atentado de la Amia para cambiar de vida y al mismo tiempo proteger a su familia, con el costo terrible de no volver a verla nunca más, o sí, para eso habrá que ver la película.
Embed - Descansar en paz | Tráiler oficial | Netflix
¿Se puede cambiar de vida tan abruptamente?
Sabés que no lo sé, yo creo que depende de cómo es cada uno. Lo que yo me di cuenta en esta película es que tanto a mí, como a Sergio, lo que me mantiene vivo son los vínculos que tengo. Cuando él se da por muerto y se va a vivir a Paraguay y deja todo su mundo en Argentina, su familia, sus amigos, lo deja todo. Y creo que a partir de ahí empieza a morir segundo a segundo, si bien respira, come, trabaja, duerme, es un muerto en vida.
Por proteger la familia termina dejando a la familia, es una cosa muy paradójica y extraña a la vez.
Sí y no. Pensá que estamos en el año 94, él es de una clase media alta, es parte de los judíos sefaradíes, y tener la calidad de vida que tiene para él es muy importante. Es por eso que no puede asumir la derrota como hombre en aquel momento, en una sociedad tan patriarcal, en su propio núcleo no puede imaginarse una vida sin ser el proveedor que fue siempre, sin ocupar los lugares que ocupa en todos los círculos sociales, en el country, en el club, en el colegio de su hija. Es que quienes solo apuntan en la vida a cuestiones materiales y entienden que la vida es sostener materialmente todo, cuando lo material no está es grave, y en nuestro país lamentablemente pasa cada vez más seguido, porque antes las crisis eran cada diez años y ahora no sabemos si caen en año par o impar. El siente la frustración de no haber entendido el sistema, abrieron las importaciones y no se bajó a tiempo del problema, no puede seguir con su fábrica. No es fácil vivir en un país en el que te cambia siempre el sistema, él quedó patas para arriba...
¿Te imaginaste cómo hubieras reaccionado vos?
Creo que cuando uno entra en un estado de desesperación cambia todo. Una cosa es lo que pueda decir yo, frío, acá sentado hablando con vos, y decir “yo hubiera reaccionado así” o de otra manera, pero en caliente no sé qué hubiera hecho. Como en cada gran crisis, hay víctimas y victimarios, hay gente que se perjudica y otras que se favorecen. No hay otros países como Argentina que se pueda ascender y descender tan rápido. Y hay algo de los cambios tan abruptos y económicos que también generan una inestabilidad de proyección, porque si vos estás todo el tiempo atacando e hiciste mal el ataque, lo más probable es que te metan el gol. Así vamos con las diferentes crisis: en el 94 estuvo complicado, en el 95 vino el Efecto Tequila, después llegó el 2001 y seguimos así. Hay varios Sergios en este país, y a su manera él le pone el cuerpo a una tragedia que es nacional.
¿Es difícil hacer un personaje sobre un suceso tan contemporáneo a tu realidad?
Sí, porque estás dialogando con tu propia historia. Es complicado porque además yo soy de una familia clase media, que hemos vivido situaciones dramáticas en la década del 90, de grandes implosiones económicas, es una década donde una gran parte de mi familia no se pudo recuperar nunca más. Yo en esa época era estudiante, estaba en el momento de la iluminación, del conocimiento, de la ilusión; y también de la batalla como estudiante contra el modelo neoliberal que proponía el presidente de aquel momento. Me acuerdo dónde estaba cuando explotó la bomba de la Amia, está presente en mi memoria, y son esos miedos que te van quedando, porque vos ves que la familia va yendo de una manera y empiezan a pasar cosas heavy en lo económico. Es duro. Me acuerdo cuando fue la primavera kirchnerista, con tres o cuatro años que la economía venía saneándose, por el 2006/2007, por ahí, o sea es un país que da muchas posibilidades pero también puede ser riesgoso: si te va mal quedás en offside.
furriel5.jpg
Furriel viene de ganar el premio al mejor protagónico por este personaje en el último Festival Internacional de Cine de Málaga.
Sos un artista que te gusta mutar, el primer Furriel transformado lo vimos en “El patrón, radiografía de un crimen”, pero también en “El hijo” o “El jardín de bronce”, y acá te convertís totalmente. ¿Cuanto más te transformás más lo disfrutás?
Sí, no sé si es por mi formación teatral, pero en el conservatorio hice tantos géneros diferentes, desde sainete y grotesco hasta teatro clásico, siglo de oro español, teatro argentino y realista, que de alguna manera siempre tuve una empatía estética con la posibilidad de entrar en territorios humanos diferentes. Esa posibilidad de ver cómo es la mirada de una persona que se siente muerta, cómo camina, si va lento o va apurado, hay un montón de micro decisiones que vas tomando dentro de una película que te empiezan a estimular. Estás en un trabajo antropológico, en donde tenés más conocimiento del mundo que estás analizando y de repente hay un momento donde estás jugando y habitando la idea, la imaginación, la sensibilidad, las ilusiones que tenés como actor. Porque hay un momento que un personaje te hace ilusionar con las cosas que le van pasando. Pero lo más simple para mí, y lo más esencial que siento, es que cuando estoy frente a la cámara tengo que lograr estar presente como no lo estoy a veces ni siquiera en mi vida. Porque en la medida en que vos estás muy presente con lo que el personaje está viviendo, con todo el trabajo que hiciste con el director, es ahí cuando los espectadores comienzan a acompañarte en el viaje, porque conocen la intimidad del personaje tanto como vos. Yo me doy cuenta cuando un actor trabajó, no es ponerse en un plano y mirar, hay tantas maneras de mirar. Y a mí me ayudó mucho haber trabajado con un director como Sebastián Borensztein. Fue un privilegio, es alguien con mucha experiencia y muy libre, es una persona que te estimula todo el tiempo para que estés en estado de creatividad, y eso es lo mejor que te puede pasar.
Sé que estás rodando algo nuevo, ¿nos podés adelantar de qué va tu próximo proyecto?
Mirá, yo hace dos meses y medio que estoy viviendo en Madrid y es porque estoy filmando una serie para Netflix, que se llama “Refugio atómico”. Tiene ocho episodios, es de los mismos creadores de “La casa de papel” y “Berlín”, pero tiene un mundo nuevo, no tiene nada que ver con “La casa de papel”. Voy a estar siete meses acá, ya pasaron casi tres, así que en cuatro meses ya vuelvo a casita, que tengo muchas ganas.