
Por Pedro Squillaci
Buscar el equilibrio es todo un desafío. Es más, incluso es común llamar desequilibrado a quien anda por el mal camino, en el caso de que haya uno bueno. Sin embargo, para Mauricio Dayub "el mundo es de los que se animan a perder el equilibrio". La frase la heredó de su abuelo, la acuñó este reconocido actor paranaense y los que vieron "El equilibrista" ya la llevan tatuada en el corazón.
Para ver "El equilibrista" hay que tener el "emocionómetro" en buenas condiciones. Porque si bien no existe esta palabra sí existe la emoción que bajó y subió del escenario, a lo largo de la hora que dura la obra. Una hora donde la sensibilidad se transmite a través de los recuerdos de familia, en un recorrido nostálgico altamente efectivo por dos razones: la primera es la impecable interpretación de un actor de raza como Mauricio Dayub; y la segunda, y no menos importante, es la puesta escénica de César Brie, que es determinante.
Igual de determinante es el fenómeno que se genera con la gente que llenó el teatro La Comedia el sábado y obligó a una segunda función el domingo pasado. Cada uno de los espectadores sintió en carne propia que lo que pasaba arriba del escenario era un reflejo de la historia propia. Como ver el álbum familiar de otro con las fotos de uno.
Dayub arranca la obra tocando un acordeón, como lo hacía su abuelo. De repente hay una memoria emotiva que se apodera de su historia e inmediatamente recorre el imaginario del espectador. Porque en cada detalle, en cada anécdota de su familia italiana, hay una conexión sensible inevitable que potencia la obra.
Claro que nada sería igual sin la puesta de Brie. Porque el actor interactúa todo el tiempo con los elementos, como si fueran personajes de carne y hueso. Desde un monopatín hasta unos muñequitos que simulan a una pareja pasando por un vestido de mujer y un mueble multiuso que servirá tanto para exponer una obra de arte como para ser una amplia mesa familiar donde almorzará con sus tíos en un pueblito de Italia.
Apelando a una frase de su abuela citará ciertas cajas que se abren o no según la elección de vida.
Y por allí comenzará Dayub a desandar este camino que transitará su padre en pleno remate de obras de arte de dudosa calidad; su tío árbitro puteado por la hinchada y enamorado de una jueza de linea; y también su otro tío bañero a quien la jubilación lo sorprendió cuando tenía mucho más para dar. "El mar siempre está ahí y no siente, y yo que siento me tengo que ir", dijo en una de las tantas frases inspiradas de la obra creada por Patricio Abadi, Mariano Saba y el propio Dayub.
En este tránsito por su historia de familia, Dayub también contará la propia, especialmente una situación de desencuentro amoroso para lo cual utilizará un registro de comedia. Esa conviencia entre lo dramático y lo risueño irá hilando el relato hasta un final de alta emotividad, donde hará equilibrio en una soga. Caerse o mantenerse en pie es más que una metáfora, como en el circo de la vida.



Por Martín Stoianovich

