Los comienzos. Cuando terminé el colegio (hice primaria y secundaria en María Auxiliadora) apareció la pregunta sobre mi futuro. Mis padres me dijeron o trabajás o estudiás. La verdad es que la escuela no me gustaba casi nada (casi todas las instituciones educativas encasillan y un poco aburren). Salvo plástica, lengua, música y literatura que sí. A los 17 busqué trabajo, y estuve unos cuántos años en relación de dependencia. Tenía dos laburos. Al mismo tiempo siempre estaba haciendo talleres de cerámica, de pinta, de dibujo desde chica ¡Me encantaban!
El barrio. Con mi familia vivíamos en Viamonte y España. Luego me mudé a Uruguay y Sarmiento, y desde hace un tiempo estoy en Mitre al 3900. Zona sur, a full.
La formación. Fui siempre bastante autodidacta. En todo. Muy intuitiva. Iba siguiendo lo que me gustaba. Una buscadora constante. Sin dudas hubo influencia de mis amigos y amigas, porque yo me vinculaba desde muy joven con gente que estudiaba en Humanidades, que estaba vinculada al arte. Empecé a tocar el acordeón. En relación a la restauración de muebles y de objetos, fui experimentando. Soy muy de la autogestión y ya hace 12 años que trabajo en esto, que es algo que amo realmente. También tuve un puesto en la feria de antigüedades. Siempre me fascinó lo que estaba relacionado con lo antiguo. Nunca dejo de aprender, de formarme. Este año me anoté en Diseño y Realización de Escenografías. Y empecé hace un tiempo a trabajar en joyas en aluminio y alpaca. Estoy bastante enfocada en eso. Fue a partir de un curso que hice con la genia de Ceci Jop.
Caminos. Cuando tuve a mi hija quise empezar a pasar tiempo con ella. Y la relación de dependencia no me lo permitía. Entonces pensando, pensando, pensando, viendo páginas de diseño, de muebles, vi unos intervenidos que me gustaron mucho, pero estaban ploteados y no me copó. Entonces se me ocurrió comprar tres mueblecitos. Los encontré en el Ejército de Salvación, y decidí intervenirlos artísticamente. Mi idea era que se transformen en objetivos decorativos que no necesariamente estuvieran relacionados con el resto de lo que había en el ambiente, algo más original, personal. Así fue como a uno de ellos lo pinté con flores azules, celestes, negras, con el fondo blanco y el cajón rojo, con algunas partes en escocés, bien llamativo. Mi mamá me dijo: ¡sacale una foto del antes y el después! y mi viejo: ¡No se los vas a vender a nadie! (se ríe).
La loca de la familia. Uno de esos muebles fue a la vidriera de una casa de ropa, muy linda, que estaba en pleno centro. Y llamó tanto la atención que la gente entraba y preguntaba por el mueblecito. ¡Ahí empecé! Con tres fotos pude armar mi página online. ¿Por qué se llama La loca de la familia mi emprendimiento? Porque siempre me desmarqué un poco del deber ser pero la verdad es que creo que ¡soy la más cuerda! (dice, con alegría).
Marketing. Si bien tengo mi cuenta en Instagram, entiendo que hay que tenerla y tengo la suerte de tener amigas y amigos que son capos con la tecnología. Pero el boca a boca fue y sigue siendo mi mejor “publicidad”. Alguien va a una casa, ve muebles u objetos que intervine y pregunta. Así van llegando a mí. ¡Tengo unas clientas geniales! Es como una comunidad. Ellas me entregan algo muy preciado que son cosas que pertenecieron a sus abuelos o padres, que estaban presentes en su infancia. Es una gran responsabilidad intervenir, resignificar. Me siento muy halagada por darle nueva vida a esos objetos.
La tarea diaria. No tengo horarios establecidos. Mi trabajo además depende mucho del clima. Si hay humedad tengo que esperar para dar una segunda mano de pintura, por ejemplo. Pero siempre doy plazos de entrega, que contemplan que unos días se puede demorar. Eso lo charlo bien cuando paso los presupuestos y mis clientas lo comprenden perfectamente. Puedo ponerme con una silla, una mesa a las 11 de la noche (mientras no haga ruido, claro) o las 10 de la mañana. Me gusta así, a mi modo, en mis horarios. Eso me permite estar con mi hija, dedicarle tiempo a la música y ahora a la joyería.
Los instrumentos musicales. Siempre me gustó el sonido del acordeón. Me compré uno en el mercado retro, uno de juguete, y empecé a experimentar. Después formé parte de una banda, Vera Baxter con la que grabamos tres discos. Ahora tengo grabado un primer disco mío, con doce temas, pero a medio terminar. Eso es algo que encararé cuando sienta que es el momento.
Deseos. En un momento tuve la idea de formar una Cooperativa de Mujeres en Obras, pero no fue fácil conseguir albañilas, plomeras, porque hay rubros que sigue siendo ocupados por varones el 100%. Sigo pensando que sería buenísimo poder avanzar en eso.
Filosofía de vida. Creo que el error es mi gran maestro. No me asusta, al contrario. He probado muchas cosas diferentes, desarrollo mi creatividad de un modo que quizá para otros puede ser caótico pero yo soy feliz así. Me gusta aprender y aprender, mucho, siempre. Hacer cosas diferentes y que me motiven.