“Lo que ellos pretenden es que yo no llegue al juicio oral para que no hable”, advirtió
el represor Eduardo Tucu Constanzo, quien ayer habló por primera vez a través de medios de
comunicación, y expresó el temor de ser asesinado, como ocurrió el 10 de diciembre pasado con el ex
prefecto Héctor Febres.
El Tucu admite haber sido agente de inteligencia del Ejército desde el 7
de julio de 1977 hasta noviembre de 1978. Constanzo será sometido —junto a otros
imputados— a juicio oral por la causa Quinta de Funes, en la cual se investigan crímenes de
lesa humanidad en el II Cuerpo de Ejército. El represor jura que si bien formaba parte de la
patota, jamás torturó ni asesinó porque “no estaba autorizado”. Constanzo está
inculpado también en otros expedientes que investigan el accionar represivo en la región.
Actualmente, el Tucu goza del beneficio de la prisión domiciliaria en
razón —asegura— de sus problemas de salud, y rechaza ir a una cárcel común, tal como le
podría ocurrir a raíz de la disposición de la Justicia para acusados de violaciones a los derechos
humanos tras el asesinato de Febres.
“Soy el próximo Febres”, asegura, y advierte que si lo
trasladaran a una cárcel común será asesinado de “40 puñaladas” porque “incriminé
a más de 20 personas”. “Me van a matar peor que Febres porque yo ya he
declarado”, insistió.
Constanzo está seguro que el Tribunal Oral Federal 1 de Rosario tiene la
intención de trasladarlo a una cárcel común, ante la posibilidad de que se fugue. “El juez
(Otmar) Paulucci aduce que me puedo escapar o que puedo entorpecer la investigación y que por eso
es mejor que me trasladen, pero yo estoy seguro de que lo que quieren hacer es matarme”,
aseguró.
“Me van a mandar donde me puedan matar fácil, le van a dar dos
pesos a cualquier negrito de mierda que está detenido por robo de gallinas y me van a dar 40
puñaladas. No va a venir uno de la patota a tirarme con una ametralladora, lo van a hacer como yo
le digo”, avisa.
El represor anticipó que le falta declarar “más de la mitad”
de lo que sabe, y aún calla.
Dijo que se guarda muchos datos porque “no tenía garantías en el
juzgado de (Germán) Sutter Schneider”. Constanzo aseguró que cuando estuvo detenido en el
Batallón 121 del Ejército, “iba el coronel (Luis) Chizzini Melo, que era el nexo entre el
Ejercito y la Justicia, y me decía que «ahora que se va el juez (Omar) Digerónimo, lo nombran a
Sutter que es hombre nuestro», pero a él no lo conozco, al padre sí lo conocí”.
En su embestida contra el juez, insistió en que “no me da ninguna
confianza porque después de todo lo que yo dije no hizo nada, tampoco de lo que le pidió la fiscal
(y hoy vicegobernadora, Griselda) Tessio tampoco”. Enumeró que Tessio le pidió a Sutter la
inmediata detención de Héctor Marino González (entonces capitán de inteligencia), Rodolfo Riege
(teniente coronel, que fuera subsecretario de Seguridad del primer gobierno de Carlos Reutemann),
Walter Pagano, Rodolfo Isach, Ariel Pola, Ariel López, Alberto Pelleza (alias Armando), Francisco
Cilabra, Jorge Cabrera (alias Andrés y El Barba) y Jorge Walter Pérez Blanco (recientemente
indemnizado por la UNR) y el juez “no hizo nada”, se quejó.
“Fueron ellos”. El encono de Constanzo con sus viejos cómplices en la comisión de
crímenes se basa en que “ellos son quienes han cometido los crímenes, no yo, que estuve ahí
trabajando, sí, pero quienes apretaron el gatillo, quienes mataron era la gente que estaba
habilitada, como Isach”.
Apuntó que en el centro de detención La Intermedia fueron asesinadas
“14 personas” a manos de “Isach, (el ex teniente Juan Daniel) Amelong, (el mayor
Rubén) Fariña, y Riege, son los cuatro que estaban en la pieza, iban uno por uno y los mataron
adentro”.
“La Intermedia —describió Constanzo— es una finca de
la familia Amelong que queda en el km 23 de la autopista” a Santa Fe, en donde ocurrió la
masacre, “en el año ’78, dos o tres meses antes del Mundial de Fútbol”. Dijo que
las víctimas estuvieron allí “tres o cuatro meses”, luego de pasar por los centros de
la escuela Magnasco, la Quinta de Funes y La Calamita. Afirmó que “en La Intermedia había un
chalet, y a 20 metros una casa en construcción donde los mataron, de dos tiros en el corazón a cada
uno”. Tiburones y gatos. El represor relató el caso de Rubén Tito Messiez a quien “lo
chupan en el centro, se lo llevan a La Calamita, y ahí es donde lo tortura el Barba Cabrera”.
Consultado sobre el destino del desaparecido, Constanzo exclama: “Y cómo va a terminar,
desaparecido”, y grita que para saber dónde está el cadáver “habría que preguntarle a
los tiburones de la bahía de San Borombón quien se lo comió”.
También sorprendió aseverando que en la patota “estaba el (ex
arquero de Rosario Central) Edgardo Gato Andrada, que se jubila como agente”. Además mencionó
a Jorge Walter Pérez Blanco, quien “era jefe, entregaba (a víctimas) y estuvo mucho tiempo en
La Calamita también”.
Insistió que en La Calamita fueron sepultados dos víctimas, pese a que
las pericias dieron resultado negativo. El represor explica que los cuerpos fueron sacados
“de la misma forma que desmantelaron La Calamita y la desfiguraron por completo”. l































