Política

La muerte de Nardelli y la trama política de la debacle de Vicentin

El fallecido CEO de la agroexportadora jugó un rol clave en el ascenso de la empresa, pero también en su brusca caída desde que se declaró en default.

Viernes 14 de Agosto de 2020

La inesperada muerte del CEO de Vicentin, Sergio Nardelli, suma otro capítulo a la saga de la debacle de la firma con sede en Avellaneda y abre nuevos interrogantes sobre el futuro del gigante agroexportador.

   Desde el directorio de la compañía, Nardelli fue uno de los principales responsables de la vertiginosa parábola que dibujó Vicentin, primero hacia arriba y luego en trayecto descendente.

   La declaración de “estrés financiero” y de cesación de pagos que hizo la compañía el 4 de diciembre, sólo seis días antes del recambio presidencial, sacudió el mundo económico pero también el político.

   Sobre todo, el default resultó sumamente sorpresivo para una compañía que en 2019 exportó 2,6 millones de toneladas de granos, 5,9 millones de toneladas de subproductos y 1,4 millones de toneladas de aceites, y que se ubicó en el cuarto lugar en el ranking general de agroexportadoras y primera en el rubro de subproductos y aceites.

   En el medio, quedaron 2.638 acreedores, con los que Vicentin tiene una deuda de 99.345 millones de pesos.

   Ese es el monto que consta en el concurso preventivo que se tramita en el Juzgado de Primera Instancia Distrito Nº 4 en lo Civil y Comercial, Segunda Nominación, de Reconquista, a cargo del juez Fabián Lorenzini, un magistrado que quedó en el ojo de la tormenta por haber trabajado durante 20 años en el Banco Nación —el principal acreedor de Vicentin— y sus decisiones más bien amigables con la compañía en default.

   Precisamente, la deuda de 18 mil millones de pesos que mantiene el grupo liderado por las familias Nardelli y Padoán fue uno de los principales argumentos que dio el gobierno nacional para avanzar con la intervención en camino hacia la expropiación.

   Esa medida, anunciada por el presidente Alberto Fernández el 8 de junio, abrió un conflicto con el mundo agropecuario, al que se sumaron luego sectores medios de los centros urbanos y referentes opositores, que impregnó el aire de un olor a un nuevo conflicto como el de la resolución 125.

   Lo cierto es que a diferencia de, por ejemplo, la intervención en 2012 de YPF esta vez el gobierno no pudo nunca tomar real control de la compañía. Los interventores, con el experto Gabriel Delgado a la cabeza, fueron relegados por Lorenzini al simbólico rol de “veedores” del proceso.

   Al empantanarse el plan de Fernández, el gobierno nacional como el la provincia empezaron a buscar otros caminos para controlar Vicentin, aun con la resistencia de la Casa Gris a embarcarse en la expropiación. De hecho, a la salida de la reunión entre el presidente y Nardelli, realizada en Olivos tres días después del anuncio oficial, Omar Perotti deslizó si llegaban “alternativas superadoras” el primer mandatario estaba dispuesto a escucharlas.

   En este sentido, el gobernador santafesino planteó su “propuesta superadora”, que consistía en la intervención de la compañía, siempre dentro del concurso judicial, a través de la Inspección de Personas Jurídicas de Santa Fe, para ir hacia una empresa mixta con capital estatal y privado. Pero de vuelta Lorenzini frenó la iniciativa oficial: abrió un “incidente” y ratificó al directorio de Vicentin al frente de la compañía.

   El 31 de julio, casi dos meses después de la presentación del plan de Fernández para “recuperar” Vicentin, el gobierno anuló el decreto de la intervención, el DNU 522/2020. Un día antes, había fracasado la negociación entre los representantes de la provincia y del gigante exportador para armar un fideicomiso.

   Terminaba así con un trámite administrativo una jugada que el gobierno vendió con el eje de la soberanía alimentaria y sobre la que reconoció el propio Fernández no se calibraron correctamente los apoyos y rechazos que podría generar.

   Sin embargo, que los planes de Fernández y Perotti no hayan avanzado no significa que Nardelli estuviera aliviado.

   Al contrario, estaba asediado en varios frentes. Por caso, a mediados de junio, un grupo de bancos internacionales acreedores de Vicentin lograron que la Justicia neoyorquina ordene un proceso de descubrimiento (discovery) para esclarecer si los directivos de la compañía desviaron unos 400 millones de dólares, y su nombre apareció en mensajes de celular del ex secretario privado de Mauricio Macri, Darío Nieto, como eventual beneficiario de un crédito del Banco Nación, cuando ya la firma con sede en Avellaneda hacía saltar alarmas porque el banco público ya le había entregado el 20 por ciento de su capacidad crediticia.

   En tanto, Nardelli falleció no sólo pocas horas después de una protesta de trabajadores de la algodonera Avellaneda en la puerta de su casa, sino también un día antes de que la Comisión de información y seguimiento de Vicentin de la Cámara de Diputados presente su segundo informe.

   El diputado provincial Carlos del Frade, integrante de la comisión, reconoció a La Capital que la noticia de la muerte de Nardelli los impactó mucho y sostuvo que “la cuestión humana está por encima de todo”.

   Además, evaluó que su desaparición física puede abrir una nueva etapa en Vicentin. “Los informes oficiales marcan que a partir de 2015 hubo vaciamiento de empresas, se construyó un holding paralelo en Uruguay y se generó la fuga de 800 millones de dólares entre agosto de 2019 y enero de 2020. Al igual que Máximo Padoán, hijo de quien fuera presidente de la Bolsa de Comercio de Rosario, y de Alberto Macua, Nardelli tenía un pedido de inhibición de bienes por estas jugadas que hicieron con funcionarios corruptos del Banco Nación en su momento. Era una figura muy fuerte y muy potente, pero con la cual venía muy bien discutir porque teníamos dos maneras totalmente diferentes de ver el mundo. Creo que puede haber un cambio de orientación en la política empresaria de Vicentin”, consideró el legislador.

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