Empalme Graneros, el populoso barrio de la zona noroeste de la ciudad en el que viven unas 45 mil personas, fue siempre el bastión del peronismo rosarino. Allí el PJ se hizo fuerte históricamente, incluso en tiempos en que la ola amarilla del PRO arrasó en la ciudad. Todo cambió el domingo pasado. Por primera vez desde el regreso de la democracia, el peronismo perdió en ese territorio y Javier Milei se quedó con los votos que, hasta esas Paso, eran justicialistas.
El líder liberal no solo se impuso en Empalme: también se quedó con el triunfo en barrios muy identificados con el peronismo como Ludueña y Nuevo Alberdi.
¿Cuáles son las razones que explican ese cambio de actitud de los electores? ¿Qué pasó para que el histórico reducto pejotista se rindiera a los pies de un hombre que habla de la "aberración de la justicia social"?
Entre los punteros y militantes políticos que llevan tiempo pateando esas calles hay múltiples respuestas. “Los votos que Milei sacó acá son peronistas, de eso no hay dudas. Muchos vinieron y me dijeron que lo habían votado a él. Creo que hay una mezcla de odio por la situación económica actual, muy poca militancia y una cultura del individualismo donde no importa qué le ocurre al otro”, razonó un caudillo de la zona.
Más autocrítica, una militante que camina las calles del noroeste resaltó: "En barrios como Empalme y Ludueña el peronismo ni siquiera militó. Acá el PJ piensa el voto en términos históricos e identitarios, y esa historia cambió. Y sumado a la bronca de la gente por la pésima situación económica y social, todo confluye a que se rompa la memoria histórica. El aparato no existió. El justicialismo creyó que con la idea de que siempre ganó en Empalme alcanzaba y, evidentemente, no fue así”, destacó.
A su entender, el apoyo a Milei se sustentó en tres patas: bronca, esperanza y rebeldía. “El discurso de la moderación, de vamos a consensuar, no va más. La gente está mal y razona: «si ya estoy así, mejor que se pudra todo y venga uno nuevo». Y ahí es donde entra Milei”, indicó.
Es más, dijo que los vecinos en Empalme "no sabían" a quién votar. "Lo que más se imponía era la duda, el desconocimento, y el que tenía el voto decidido te decía que era a Milei”, aseguró la militante que intentó llevar, con poco éxito, algo de agua para el molino peronista.
Zona postergada
Empalme Graneros es un inmenso barrio del noroeste rosarino. En el centro comercial de Juan José Paso se alternan negocios de toda índole y, entre sus calles, la mayoría de casas bajas, pululan laburantes, cuentapropistas, muchos trabajadores de la economía informal y changarines. En uno de sus límites también se asienta gran parte de la población Qom, que migró a Rosario desde Chaco.
Hay calles asfaltadas y también de tierra. En esa realidad, los viejos militantes aseguran: “Lo que ocurre hoy no tiene nada que ver con lo que pasaba en 1989 y 2001. En esos años había hambre. Recuerdo ver en los festejos por el Día del Niño, que siempre se hacen en el barrio, a madres que venían en muy malas condiciones y comían desaforadas lo que les dábamos. Hoy puedo asegurar que no hay hambre, hay pobreza. Es una situación muy distinta. Pero hay mucha bronca y a eso se suma el discurso de la antipolítica. Un gran caldo de cultivo para que alguien lo canalice, y ese alguien es Milei. Los vecinos piden un cambio. Esos votos no tenían dónde ir. El peronismo no se los ha dado y JxC tampoco. Si bien es ilusoria, esa esperanza y cambio para la gran mayoría de los vecinos de este barrio la representa Milei”, detalló otro histórico del barrio.
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La zona comercial del barrio, sobre calle Juan José Paso.
Otro militante aportó su mirada. "¿Por qué perdimos? Porque con el nombre del partido solo no alcanza. Eso no va más. Las estructuras tradicionales ya no sirven. Hoy estamos perdiendo el territorio por el abandono de los tres estamentos del Estado y, además, la inflación te pega de lleno. La gente está enojada y ve en Milei alguien que no viene de las estructuras tradicionales. Es un discurso muy peligroso, pero es el que logró que, por primera vez, perdiéramos Empalme”, señaló el hombre, que realiza una intensa tarea social en las barriadas más postergadas.
Algo es seguro, todas las fuentes consultadas coincidieron en destacar, con mucha autocrítica, que a la bronca por la situación actual, el creciente discurso de odio contra la clase política y el individualismo de la clase dirigente (“solo piensan en sus cargos y en seguir estando allí”) se sumó un “escaso compromiso de la militancia”.
Y, como dicen ellos, el hecho de que Empalme haya sido siempre ese bastión del peronismo que iba a incidir en la elección y donde el PJ no iba a perder, cambió. Un cambio que enciende todas las alertas.