Policiales

Una problemática que requiere de nuevos abordajes

Está muy claro que la violencia, en todas sus aristas, es el problema a abordar antes de seguir.

Domingo 28 de Enero de 2018

"Una de mis hermanas sale con un chico de la banda de Rouillón y otro hermano mío con una chica de Villa Banana. Las parejas vinieron a saludarnos para las fiestas y nosotros estábamos comiendo en la calle. Entre los dos grupos hay bronca y cuando los de la villa supieron que los otros estaban acá se vinieron y empezaron a pelear hasta que uno sacó un revolver y se agarraron a los tiros", recordó una joven entrevistada por este diario sobre el primer crimen del año, en rigor un doble homicidio fruto aparentemente de una gresca entre pandillas que culminó con tres baleados y las muertes de Francisco Moreyra y Jorge Mendoza.

Según los datos preliminares de los 19 homicidios registrados en el departamento Rosario en lo que va del año la mayoría está atravesada, más allá de los móviles que puedan terminar de establecerse en sus respectivas investigaciones, por una violencia inusitada que se viene naturalizando con el ímpetu de un tsunami.

El mismo 1º de enero Luis Tourn y Sofía Barreto fueron asesinados mientras cenaban con otras personas en Seguí y Grandoli. Si hubo algo parecido a un motivo que se haya esgrimido desde los investigadores es que buscaban a otra persona y mataron a dos personas ajenas al presunto conflicto.

Al menos dos de los homicidios ocurridos este mes en el Gran Rosario se inscriben en enfrentamientos entre pandillas que, con sus principales referentes tras las rejas, parecen estar arreglando cuentas mandando a matar a familiares. En este caso, la sangrienta pelea entre los Funes y los Caminos que comenzó marcando la agenda policial de 2018 cuenta el crimen de Ulises Funes, el 8 de enero, y el de Marcela Díaz, una semana después.

Al menos dos, porque no se descarta que alguna de las otras muertes también se vincule con esa bronca focalizada en la zona sur. Los 16 tiros con que el 13 de enero mataron en Cagancha y Crespo a Facundo Hernández, de 19 años, podría inscribirse en esa saga u otra similar. El crimen de Sergio David Díaz, en cambio, está establecido como un vuelto por el de Isabel "Chabela", una hermana del "Viejo" Ariel Cantero cuyo asesinato un año atrás desencadenó al menos otras tres muertes como respuesta. Entre ellas la de un hermano de Díaz que lo único que tenía que ver con el conflicto era que había alojado a Sergio y lo mataron cuando estaban buscando a éste último.

Más allá de nombres y móviles, entre los homicidios aparecen denominadores comunes que merecen una atención especial cuando se ve que la palabra violencia ya se impone por varios cuerpos ante eso que se denomina "inseguridad", un abordaje que evidentemente no le está reportando a los problemas de seguridad pública las respuestas preventivas necesarias; un concepto que no va a ninguna parte y que sólo le ha servido a los proveedores de dispositivos tecnológicos para vender más cámaras y alarmas.

Se sabe que entre los factores que actualmente abonan a esta problemática está la gran circulación de armas de fuego en las calles. Algo que puede controlarse, mitigarse e incluso superarse. Un buen paso; pero que no llegará a ningún lado si no se empieza a pensar por qué esas armas están en manos tan dispuestas a usarlas con tanto odio y liviandad.

Está muy claro que la violencia, en todas sus aristas, es el problema a abordar antes de seguir naturalizando que una persona pueda ser asesinada por error o porque buscaban a otra, porque le tienen bronca a su familia o no lo dejaron entrar a una fiesta, o porque pasaba por ahí o porque alguien presumió que lo miró feo y le puso un tiro.

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