Pocos segundos habían pasado de las 7.45 de este jueves cuando uno de los empleados de la fábrica de anteojos Falcone Bodetto se bajó del colectivo en la esquina de Santa Fe y Servando Bayo para entrar a su trabajo. El hombre caminó hasta la puerta de ingreso y cuando puso un pie en el interior de la empresa sintió que le tironeaban la mochila. Al segundo tirón se dio vuelta y vio que un hombre que bajó de una moto apuntaba con un revólver. Ahí el empleado cedió, pero el ladrón no se conformó y le disparó innecesariamente. Sin que el delincuente supiera la escena era observada por un policía retirado de 55 años desde un Renault Laguna, desde donde realizaba custodia personal de la fábrica de anteojos. El custodia bajó del auto arma en mano e hizo un disparo al aire de advertencia. El maleante se montó en la moto que manejaba su cómplice y como respuesta disparó. El ex policía hizo un segundo disparo que impactó en el asaltante. El balazo ingresó por el lado derecho de la espalda y salió por la zona izquierda del pecho y antes de llegar a la esquina de Santa Fe y Pascual Rosas cayó muerto sobre el pavimento.
Sobre la media tarde de este jueves el asaltante fue identificado como Alejandro Ismael Baiochi, de 24 años. Lo identificó su padre en el Instituto Médico Legal (IML). Se supo que tenía residencia fijada en cercanías de la plaza de Pocho Leprati del barrio Ludueña.
Rosario es una ciudad en la que, en el plano delictivo, todo parece posible. Un lugar en el que la moneda está constantemente en el aire. Y no es un detalle como pueda caer, porque el cara o cruz puede significar la muerte. Una vez que el asaltante cayó sobre el pavimento, calle Santa Fe al 4500 se plagó de relatos e historias de robos de diferentes tenores. Muchos de ellos en los últimos dos meses. Uno de los íconos del dolor barrial es el recuerdo del asesinato del ídolo del fútbol local Tomás Felipe "Trinche" Carlovich, el miércoles 6 de mayo de 2020 en Eva Perón y Paraná, a ocho cuadras del hecho de este jueves, cuando le robaron la bicicleta y cayó pesadamente al pavimento sufriendo heridas que no le permitieron recuperarse.
Falcone Bodetto es una empresa que desde 1957 se dedica a la industrialización y comercialización de lentes de oftálmicas para diversos segmentos del mercado nacional e internacional, tal cual lo define su página web. La mayoría de sus empleados entra minutos antes de las 8 de la mañana y tal cual explicó uno de los encargados, desde hace más de diez años cuentan con personal que realiza una custodia de la fábrica sobre todo en los horarios pico como el ingreso y egreso del personal. En este caso la custodia estaba en manos de un ex suboficial de la policía rosarina que hace alrededor de cinco años se había retirado de la fuerza.
Robo y muerte
Según se pudo establecer del relato de testigo y del chequeo con fuentes de la investigación, alrededor de las 7.45 se produjo el encuentro armado entre el custodia y Baiochi, quien junto a un cómplice estaban robando en la zona. ¿Cómo se sabe que estaban robando? Entre las prendas del maleante muerto los investigadores hallaron la billetera de otro empleado de Falcone Bodetto que había sido asaltado previamente en Eva Perón y Pascual Rosas. Al lado de su cuerpo quedó la mochila roja y negra que le había robado al empleado a las puertas de la fábrica.
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La mochila robada al empleado de la fábrica quedó a metros del cuerpo del ladrón muerto.
Foto: Imagen de TV.
“El fiscal tiene acreditado ciento por ciento que hubo al menos dos robos y que el delincuente disparó contra la víctima cuando estaba entrando a la fábrica”, explicó una fuente consultada. Tras el intercambio de disparos que terminó en muerte, un vecino halló en las inmediaciones un revólver Rubí Extra calibre 22 largo con cinco proyectiles intactos en su tambor y dos vainas percutadas. La hipótesis es que el arma fue descartada por el cómplice de Baiochi. “El plomo hallado en el interior de la fábrica es compatible con el calibre del revólver”, indicó el vocero consultado.
En la escena del crimen quedaron tres vainas calibre 9 milímetros en un radio de cinco metros de distancia compatible con el relato de testigos que vieron el accionar del custodio, por lo que el fiscal ordenó el secuestro de su arma: una pistola Bersa Thunder con 12 proyectiles en su cargador. “Si el custodia hubiera dudado quizás tendríamos un muerto con otro nombre. No hay que perder de vista que la intervención del custodia comienza cuando vio que le disparó a su compañero en la puerta de la fábrica”, indicó la fuente consultada. Con el correr de las horas el fiscal Ávila dejó en libertad al custodio entendiendo que obró contenido en los parámetros de la legítima defensa. No le formó causa.
Dentro del terreno de la legítima defensa el fiscal tiene dos alternativas: podría llevarlo a una audiencia imputativa, escuchar su versión de lo ocurrido (única posibilidad legal de escuchar la verdad del custodio) y con el correr de los días cerrar el expediente. Otra sería archivar directamente la causa considerando que con las pruebas ya recolectadas alcanza para cerrar la causa.