“¿Por qué llorás? ¿Por qué gritas?”. Los bramidos provenían del departamento
“B” del piso 14 del edificio de Italia 945. Los golpes en las paredes daban mayor
dramatismo a lo que los vecinos escuchaban. Primero, la voz firme de un hombre. Y como respuesta
pedidos de auxilio y clemencia de una mujer. Todo se inició a las 20 y ante esos gritos, vecinos y
el personal de seguridad del edificio llamaron al 911.
A las 23.30 la policía violentó la puerta y entró al departamento. En el
suelo de un living comedor, al lado de un futón, yacía el cuerpo de una mujer de 52 años con una
certera puñalada sobre la parte derecha de su busto. En la habitación, recostado sobre la cama
matrimonial y con una botella de whisky a su lado, esperaba el agresor: un empleado de la Justicia
Federal de Rosario, de 53 años.
Cuando efectivos del Comando Radioeléctrico y de la comisaría 2ª
arribaron el domingo pasadas las 23 al departamento “B” del edificio de Italia 945 se
toparon con que la puerta de ingreso estaba cerrada con llave. Que la llave estaba del lado de
adentro. Que el televisor estaba encendido y que nada había quedado de los gritos desesperados de
una mujer que los vecinos dijeron haber escuchado aproximadamente a las 20.
Al ingresar al lugar, tras violentar la puerta, accedieron a la escena
de un crimen de género que no tuvo testigo presenciales. En el piso de un living comedor estaba
tirado boca arriba el cuerpo de Rosa Haydee Sánchez, de 52 años, quien trabajaba como planta no
permanente en un ministerio provincial. La mujer tenía huellas de violencia física en su cuerpo y
una certera estocada sobre el lado derecho de su busto. Estaba muerta.
En la habitación del departamento, recostado en la cama matrimonial y en
calzoncillos, esperaba José Luis González, de 53 años, divorciado y empleado del archivo de la
Cámara Federal de Apelaciones de Rosario. El recinto estaba ordenado. Las persianas de las ventanas
que daban a calle Rioja estaban bajas. No había señales de lucha. Sólo el futón tenía manchas de
sangre. Del lugar se secuestró una cuchilla de 20 centímetros de hoja que estaba quebrada y separa
de su cabo. Los vecinos vieron cómo pasada la medianoche la policía se llevaba preso a González.
“Estaba en slip, muy borracho y pidiendo por su abogado”, recordó ayer una vecina de
ese piso que presenció la escena.






























