El macabro hallazgo del cadáver mutilado y sepultado de una joven mujer en un bar abandonado de Martín Fierro al 600, y la hipótesis de que esos restos serían los de Rocío Daiana Gómez, la chica de 17 años oriunda de San Lorenzo desaparecida en febrero pasado, tuvo un violento correlato de justicia por mano propia entre la noche del lunes y ayer. Al menos un centenar de jóvenes saquearon y causaron destrozos en la granja ubicada en Valle Hermoso al 1200, en el barrio La Cerámica, propiedad de Juan José L., principal sospechoso del crimen, y de su hermana, Rosa L. En ese humilde comercio Rocío trabajó hasta el último día que se supo de su paradero.
En tanto, Juan José L., de 40 años e inquilino sin contrato de la propiedad donde apareció el cadáver, como Rosa y un tercer hermano, Hernán L., eran buscados sin éxito ayer por la policía rosarina por expresa orden de la jueza de Instrucción María Laura Savatier.
El ataque al comercio, según fuentes policiales, se inició el lunes a la noche cuando unos cien jóvenes saquearon el negocio y se marcharon con mercadería. La granja en cuestión, en Valle Hermoso al 1200, se levanta en la parte delantera de una casa. Y en la parte posterior de la edificación se erige un depósito. Según contó una vecina, unos "cien pibes del barrio La Cerámica", aprovechando la ausencia de los moradores del local, alcanzaron los techos de las casas contiguas del almacén y después forzaron la puerta del comercio. Una vez adentro comenzaron a recoger alimentos y bebidas. "Algunos se llevaron cosas por necesidad, pero otros no lo hicieron por eso. Sacaron dos heladeras comerciales a la vereda y no se dieron cuenta de que una estaba llena. El hermano de Rosa, que vive al lado de la granja, le avisó y ella se atrincheró en el negocio para que no le prendieran fuego", comentó la vecina.
Los pibes de "entre 8 y 20 años" se marcharon cuando patrullas del Comando Radioeléctrico arribaron al lugar y "dispersaron" a los intrusos con gases y balas de goma. Ayer a la tarde, al parecer, las mismas personas regresaron al negocio e intentaron prenderle fuego sin éxito. Por ambos hechos, fuentes de la comisaría 10ª aseguraron que no hubo detenidos.
Historia. Hasta el 26 de febrero pasado Rocío vivía en el barrio norte de San Lorenzo con su madre. Unos meses antes había comenzado a trabajar en el almacén de los hermanos Rosa y Juan José L. a quienes su familia conocía desde hacía bastante tiempo. A veces, la chica no volvía a su casa y pernoctaba en el comercio.
Aquel día, la joven llamó a su mamá, Nora Gómez, para decirle que había llegado a un acuerdo con Juan José para venderle una de las dos motos que tenían. La mujer no lo dudó y junto con su pareja se subieron a los rodados y fueron hasta la vivienda del sospechos para hacer el negocio y así poder paliar necesidades económicas. Sin embargo, según denunció Nora, al llegar a la casa fueron engañados por Hernán, el hermano de Juan José, que los hizo entrar a la propiedad a los golpes y bajo amenazas con un arma de fuego. En el lugar, dijo la mujer, su hija estaba atada a una silla con su nietito y había varios hombres tomando cerveza. En ese marco, según Nora, tanto ella como su hija fueron abusadas sexualmente, las obligaron a firmar boletos de compraventa en blanco para apoderarse de las motos y la dejaron ir junto con su pareja bajo la amenaza de que si hacían la denuncia nunca más vería a la chica y a su nieto.
A raíz del temor que le causó esa situación, la familia de Rocío se fue a la ciudad de Buenos Aires. Allí realizaron una denuncia por trata de personas en el juzgado Federal Nº42. Asimismo, desde la Capital Federal se libraron actuaciones al juzgado de Instrucción 14 de Rosario por los hechos de robo calificado, abuso agravado y privación ilegítima de la libertad.
Desde el 27 de febrero la familia de Rocío no volvió a tener novedades de la adolescente hasta que los primeros días de mayo un testimonio indicó que habían visto en la calle a los hermanos Juan José Hernán. Este último fue detenido por la policía rosarina y al ser consultado sobre el paradero de la joven argumentó que se había ido de la casa de calle Valle Hermoso y que nada sabían de ella, por lo que recuperó su libertad. En rigor, el juez Juan Carlos Vienna lo liberó con ciertas restricciones y el fiscal interviniente apeló la decisión del magistrado.
Curiosamente, un día después el hijo de Rocío, Kevin Alejandro, apareció abandonado en un descampado de la ciudad de San Nicolás. Tenía su documento y un certificado médico emitido por el centro asistencial del barrio Norte de San Lorenzo donde vivía con su madre.
El jueves pasado en la Jefatura de San Lorenzo se recibió un llamado telefónico anónimo en el que decían que a Rocío la habían matado y enterrado en un bar abandonado de Martín Fierro al 600, en La Florida. Ante eso, la jueza María Laura Savatier decidió que la policía sanlorencina se encargue de comprobar el dato.
Cuando el sábado al mediodía los pesquisas entraron a la propiedad, en una habitación del fondo, detectaron una loza con un conducto a modo de respirador. Introdujeron una vara que, al ser retirada, extrajo tierra húmeda. Entonces llegó la orden de empezar a excavar y distinguieron el cadáver. De acuerdo con los primeros peritajes forenses, el cuerpo había sido cortado en varias partes y envuelto en una frazada. Sobre los restos, el homicida echó una capa de cal y apoyo la loza.
Además de los restos, los policías hallaron una motosierra con manchas de sangre, balas de distintos calibres, una orden médica a nombre del hijo del hombre sospechado de cometer el crimen y una factura de compras a nombre del acusado.
Jurisdicción
A pesar de que Rocío Daiana Gómez desapareció en Rosario y sus presuntos restos fueron hallados aquí, la pesquisa la lleva adelante la policía de San Lorenzo. Es que fue la Unidad Regional XVII la que recibió, hace tres meses, la orden de buscarla en prostíbulos de esa ciudad ante la presunción de que estuviera siendo explotada.