Policiales

Procesan a un custodio por matar a su ex novia de 16 balazos en V.G. Gálvez

Cuando Mario Alberto Garay llegó a la fiambrería de Villa Gobernador Gálvez donde trabajaba su ex novia ya había tomado la decisión de matarla. Intimidó a las otras empleadas, saltó un mostrador, llevó a la chica a una habitación del fondo y vació el cargador de su pistola 9 milímetros. No hubo una discusión, sólo un breve intercambio de palabras, antes la ejecución de Florencia Corbalán, quien fue asesinada de 16 disparos.

Miércoles 30 de Diciembre de 2009

Cuando Mario Alberto Garay llegó a la fiambrería de Villa Gobernador Gálvez donde trabajaba su ex novia ya había tomado la decisión de matarla. Intimidó a las otras empleadas, saltó un mostrador, llevó a la chica a una habitación del fondo y vació el cargador de su pistola 9 milímetros. No hubo una discusión, sólo un breve intercambio de palabras, antes la ejecución de Florencia Corbalán, quien fue asesinada de 16 disparos.

Esa secuencia se desprende de una resolución de la jueza de Instrucción Alejandra Rodenas, quien procesó como autor del homicidio a Garay, de 37 años. El empleado de seguridad privada fue enviado a juicio por dos delitos: homicidio agravado por uso de arma de fuego y portación ilegal de arma de guerra. La jueza dispuso que siga detenido porque “existe riesgo de fuga” en caso de acordarse su libertad. La medida no está firme.

Planificado. Rodenas consideró que el crimen no fue una reacción imprevista del vigilador durante una conversación con la chica sino un acto deliberado. Entendió que Garay ya había adoptado la “clara determinación” de cometer el homicidio antes de entrar al negocio la mañana del 6 de octubre pasado. También evaluó que el acusado “pudo comprender la criminalidad del acto”. Lo procesó en base a dos elementos: su confesión y las declaraciones de las compañeras de trabajo de la víctima.

El crimen ocurrió en la granja y fiambrería La Fábrica, ubicada en el cruce de Garay y Eva Perón, en el centro de Villa Gobernador Gálvez. A las 9.20 de ese día Garay llegó l empuñando una pistola Bersa Thunder. Primero les ordenó a dos compañeras de Florencia que se tiraran al piso y después le exigió a ella que lo acompañara a un depósito contiguo. Allí mató de 16 balazos a Florencia, de 29 años, que estaba separada y tenía una nena de 8.

Garay trabajaba como custodio en la financiera Finansol, frente a la Plaza de las Madres. Su 1,90 metro de altura y 110 kilos de peso le daban el perfil para trabajar también como patovica en un boliche de Pueblo Esther. Entrenaba dos veces por día en un gimnasio donde se había ganado el sobrenombre de “Demonio rojo”.

La confesión. En su confesión judicial, Garay se presentó como un hombre atormentado por la tortuosa relación que había mantenido con Florencia, marcada por varias rupturas, entre diciembre de 2008 y el 27 de septiembre de este año. Dijo vivir atemorizado por la figura de un ex novio de la chica, un supuesto barrabrava de Newell’s a quien sólo vio una vez pero por quien se sentía perseguido.

Dijo también que la chica había comenzado a consumir cocaína y él quería alejarla de ese mundo. Ninguno de esos supuestos fueron parte de la investigación, donde lo que se intentó determinar fue su conducta y no cuestiones de la vida privada de la víctima que, así lo entendió la jueza, no justifican un crimen.

Lo que detonó su reacción, según dijo, fue un encuentro que tuvo con la madre de la chica en la financiera, donde sintió que la mujer evitaba saludarlo. Al día siguiente fue en su camioneta Nissan Pathfinder al gimnasio y le anunció a su profesor que iría a hablar con su novia.

Caminó 50 metros hasta el negocio, les dijo a las compañeras de Florencia que se tiraran al piso y llevó a la chica hasta el depósito donde la mató de 16 tiros. “Me acuerdo de haber hecho un solo disparo”, dijo el custodio, quien sostuvo que tiró porque no pudo tolerar que Florencia le dijera “gordo puto”. Para la jueza, eso no está acreditado: “no se desprende que haya mediado discusión alguna” antes de la brutal ejecución.

Luego manejó hasta su lugar de trabajo e intentó suicidarse. Gatilló cuatro veces pero los tiros no salieron y sus compañeros lo retuvieron antes de la llegada de la policía.

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