
Según la acusación, Andrés Daniel R. mató a su pareja, Isabel Sandra Terrone, de 44 años, con al menos ocho puntazos entre las 3.08 y las 7.18 del lunes pasado en una casa de pasillo de Laprida al 1400. Y para asegurarse la impunidad, asesinó con un puntazo en el cráneo a su suegra, Rosa Domínguez Terrone, de 80 años, a quien dejó agonizando por más de 12 horas. Pero además el fiscal Miguel Moreno, quien lo imputó ayer en una audiencia oral y pública, planteó que el acusado "montó una escena" para "encubrir o desviar la investigación". Y que tras cometer los ataques se fue y regresó al lugar del hecho al menos dos veces. En una fue visto por un vecino. En la otra la policía encontró los cuerpos. El hombre quedó imputado por homicidio calificado por la relación de pareja y haber mediado contexto de violencia de género y homicidio calificado para procurar la impunidad (criminis causa). Tras ello el juez de garantías José Luis Suárez le dictó la prisión preventiva por el plazo de ley (dos años).
Andrés Daniel R., de 44 años, se sentó en el banquillo acompañado por el defensor oficial Daniel Kantor. Sobre su cabeza pesa la acusación del doble homicidio que conmocionó a la ciudad el lunes a la noche cuando dos amigas de Isabel Sandra Terrone pudieron ingresar a su casa y constatar el peor de sus miedos: la mujer yacía en su habitación de planta alta, al lado de la cama, con ocho puntazos en el cuerpo, uno de ellos en el cuello. Cuando personal del Sies constataba su muerte, escucharon un ronquido que los llevó a la planta baja de la propiedad. En su cuarto, tapada por una manta, Rosa Domínguez Terrone agonizaba con un puntazo en el cráneo. A la mujer la sacaron en estado desesperante alrededor de las 20.30. Tres horas más tarde murió en el Heca.
Durante unos 20 minutos, el fiscal Moreno planteó el cuadro de situación en el que se produjo el doble femicidio. Según relataron amigas de Isabel al finalizar la audiencia, la mujer mantuvo una relación de pareja con Daniel los últimos 15 años. De ese tiempo, la última década el hombre estuvo asfixiado por las deudas y en manos de al menos siete usureros, uno de ellos reconocido como "El colombiano".
Un mensaje final
El fiscal expuso que la relación de la pareja era de violencia de genero, muchas veces hacia ambos lados. Andrés, además, era el apoderado de los cobros de jubilación y pensión de Rosa, su suegra. Por eso al ser detenido tenía en su poder dos tarjetas de débito a nombre de la mujer. Todo ese cuadro pudo conocerse a partir de chats que Isabel mantenía con sus amigas. Así se supo que la semana previa al doble femicidio Andrés se había ido de la casa dejando una carta. A sus amigas Isabel les confesó: "Ya no me lo fumo más"".
Isabel se ocupaba de algunos bienes inmuebles de Rosa. Las mujeres tenían "un buen pasar", explicaron las amigas de las víctimas. Isabel había trabajado hace unos años como prensa de bandas y por eso le había quedado amistad con integrantes de "La Beriso". Por eso el pasado fin de semana viajó con amigas a Santa Fe y a Córdoba a ver shows de la banda. El domingo a la tarde regresó a su casa y un par de horas mas tarde hizo lo propio Andrés. Siempre estuvieron en contacto por mensajes de WhatsApp. Entre esos mensajes, a las 21.15 Daniel le pidió a Isabel que le abra la puerta, lo cual lo ubica en la vivienda. A las 22, Isabel le escribió a una de las amigas con la que había viajado: "Se pudrió todo". La última vez que Isabel abrió su WhatsApp fue a las 3.08 del lunes.
Por eso para la Fiscalía Andrés mató a Isabel entre las 3.08 y las 7.18, hora en la que le envió un mensaje a la mujer que nunca pudo leer porque ya estaba muerta. Moreno expuso que entre las 7.18 y las 19.15 del día de los asesinatos el hombre envió a Isabel cuatro mensajes donde le daba cuenta qué cosas estaba haciendo. Eso fue interpretado como el montaje de una escena para no quedar como sospechoso.
A eso le sumó el informe del jefe de Criminalística que relevó la escena del crimen y calificó el lugar como "desorden programado", un desorden ordenado donde cosas de mucho valor estaban tiradas y no habían sido sustraídas. Además un vecino de la cuadra vio a Andrés entrando al pasillo por lo que el fiscal entiende que pudo haber vuelto a la escena más de una vez.
Un cuadro atroz
Dos amigas de Isabel se preocuparon el lunes porque la mujer no tenía actividad en su celular cuando era una persona muy atenta al aparato. Entonces una de ellas se comunicó con Andrés, quien no se mostró preocupado. Ya bien entrada la tarde, sabiendo que las mujeres iban hacia la casa de Isabel a ver qué pasaba, el hombre les contestó la llamada: "Ahora voy para allá".
Las amigas pudieron ingresar con una llave que les había dado Isabel. En la oscuridad entraron y al llegar a la habitación de Isabel en planta alta vieron las piernas de la mujer al costado de la cama. No dudaron y llamaron a la policía. Al rato llegó Andrés. Se mostró sorprendido y mortificado. El fiscal no le creyó y lo hizo detener.
A su turno el imputado aceptó hablar. Dio explicaciones básicas a las partes menos complicadas de la acusación. Aceptó estar ahogado por las deudas. Dijo que si bien su relación con Isabel era conflictiva nunca fue violenta y dijo ser inocente. Nunca explicó qué hizo la noche del crimen ni tampoco dónde durmió. Su defensor objetó la acusación del fiscal y pidió la libertad, subsidiariamente una prisión domiciliaria en la casa de los padres, en barrio Rucci.
A la hora de resolver, el juez Suárez no anduvo con vueltas. Entendió que el encuadre de la Fiscalía era correcto, aceptó la calificación y le dictó al acusado la prisión preventiva por el plazo de ley. La expectativa de pena por las acusaciones realizadas a Andrés R. es la de prisión perpetua.
