Doce personas fueron imputadas ayer de distintos delitos relacionados con la fuga de dos presos de la cárcel de Piñero detectada la tarde del lunes. Nueve agentes penitenciarios fueron imputados de favorecimiento doloso de evasión e incumplimiento de sus deberes. La misma imputación recibió la pareja de uno de los evadidos, acusada de haber ingresado unos carros de supermercados en los cuales se presume que los reclusos salieron escondidos del penal en medio de las visitas.
Otra mujer fue imputada de encubrimiento ya que en su casa fue recapturado uno de los fugados, Carlos Andrés D'Angelo. Todos los imputados quedaron con prision preventiva por 45 días excepto el director del penal, a quien lo imputaron de encubrir la fuga pero no de facilitarla.
Curiosamente, el único que no recibió imputación alguna fue precisamente el preso recapturado ya que, explicaron los fiscales, haberse fugado sin emplear la violencia no es un delito. No obstante, D'Angelo asistió igualmente a la audiencia imputativa desde su lugar de detención, donde denunció haber sido víctima de apremios ilegales.
Uno de los aspectos más resonantes de la fuga de Hugo Peralta, de 39 años, y D'Angelo, de 35, es que fueron dos de nueve presos que el 8 de mayo de 2019 protagonizaron una espectacular evasión cuandro eran trasladados en un minibús del Servicio Penitenciario que los llevaba a la cárcel de Coronda.
Esta nueva evasión se detectó a las 18 del lunes cuando, una vez que se retiraron las visitas, se hizo el recuento de presos en el pabellón 13 para presos de alto perfil. Los penitenciarios fueron a revisar unas 12 cámaras que tomaban el recorrido de los visitantes y así detectaron que quienes habían ido a ver a los evadidos habían ingresado cajas con elementos de limpieza y víveres en unas carretillas o carritos como los empleados en supermercados mayoristas: son abiertos, sin rejas y con capacidad para unos 150 kilos.
A las 16.26 dos mujeres rubias salieron por el último de los cuatro controles sin que nadie las revisara. Según los investigadores en cada uno de esos carritos iban Peralta y D'Angelo escondidos entre cajas de bananas y ropa. La última imagen de los carritos los sitúa junto a una Ford EcoSport en la que abandonaron el penal con sus visitantes.
La primera medida fue allanar las casas de las parejas de los evadidos. La mujer de Peralta no fue ubicada _luego se supo que una mujer ingresó al penal invocando un nombre falso_ y la de D'Angelo, Joana C., fue detenida en su departamento del Parque del Mercado con un carrito similar a los usados en la fuga. D'Angelo cayo dos días después en una casa de Roca al 600 de Villa Gobernador Gálvez donde también detuvieron a su moradora, Yanina L. Al cierre de esta edicion Peralta seguía prófugo.
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Imputaciones
Al exponer las imputaciones los fiscales Gerogina Pairola, Franco Carbone y Rodrigo Santana le atribuyeron a Joana C. haber llevado el carrito a la visita y sacar a los reclusos escondidos entre cajas de cartón para luego llevarlos hasta la EcoSport. Como evidencia remarcaron el hallazgo en su casa de un carro sobre el cual se hizo una prueba para constatar que una persona con un físico similar al de D’Angelo pudo haber sido trasladado ahí. Por ello la imputaron de facilitamiento de evasión.
A Yanina L. la acusaron de haber escondido a D’Angelo en su casa a sabiendas de que había huido de la cárcel donde cumplía una condena a 23 años por el homicidio del comerciante Edgardo Giménez ocurrido en 2014 en Granadero Baigorria. La recaptura ocurrió tras un llamado al 911 de un vecino _invocado como testigo de identidad reservada_ a quien le habían dicho que allí estaban los evadidos. Por ello la imputaron de encubrimiento, además de tenencia de arma de uso civil por el hallazgo de una escopeta calibre 12 milímetros.
En cuanto a los agentes, fueron imputados de favorecimiento doloso de evasión, encubrimiento agravado por la condición de funcionarios públicos e incumplimiento de sus deberes. Para todos pidieron prisión preventiva efectiva esgrimiendo, entre otros motivos, que todos cuentan con entre 4 y 15 sanciones que no detallaron.
Los primeros imputados fueron el celador del pabellón 13 Ezequiel Alberto F. y su auxiliar Roberto Carlos R., a cargo de los ingresos y egresos de las visitas al predio donde se encontraban con los reclusos. Les achacaron haber permitido que D’Angelo y Peralta se metieran en los carritos en cuestión. Al respecto esbozaron dos posibilidades que no descartaron: o bien dejaron que entraran los carritos al pabellón, lo cual está prohibido, o permitieron que los reclusos salieran de ese sector y se metieran en los carros.
El resto de los agentes estaban de turno en diferentes puntos de control sobre el tramo de 200 metros por el cual pasaron las mujeres con los carritos. El jefe de vigilancia del módulo D, Hernán Rubén C., y su auxiliar Osvaldo Ramón M. Luego el conserje del mismo módulo, Federico David S., y el encargado del cuarto de vigilancia Walter Andrés G. La misma imputación fue para el encargado del portón 2 Nicolás Miguel L. y su ayudante Micaela Judith R., así como para el jefe de Requisas, Juan José L., a quien una cámara captó cuando una de las sospechosas “le dio un papelito”.
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Una imputación especial recibió el director del penal, Hernán Marcelo Ocampo, a quien se le achacó haber avisado tarde a la Fiscalía de Flagrancia, oficialmente notificada a las 23 de un hecho detectado a media tarde.
“No se denunció a tiempo ni se individualizó a los evadidos, lo que habría permitido iniciar antes la búsqueda”, cuestionaron los fiscales, y objetaron que a los penitenciarios involucrados les permitieran retirarse cuando terminaron su turno a las 18. Ocampo fue imputado de haber incumplido con todo los procedimientos que debería haber seguido, así como de encubrir no sólo la evasión sino también su favorecimiento por parte del personal. Pero como no le imputaron facilitar la fuga los fiscales no pidieron para el prision preventiva sino una libertad restringida por reglas de conducta _por ejemplo, no puede acercarse a ninguna cárcel santafesina_ durante 90 días en su domicilio de Laguna Paiva.
Consideraciones
A su turno las defensas cuestionaron la teoría de los fiscales. Afirmaron que en ninguna de las imágenes captadas por las 17 cámaras y exhibidas en la audiencia se ve a los evadidos. Y pusieron en duda que los presos pudieran ser escondidos en cajas sin que nadie lo advirtiera o sin que se rompieran. También coincidieron en que no hay motivos para que nueve agentes se confabularan en un plan como ese. Así, alegaron que no correspondía que quedaran en prisión.
Sin embargo la jueza María Trinidad Chiabrera consideró probable que los reclusos se hayan evadido de la manera descripta y mencionó elementos presentados por la fiscalía que abonaron a esa teoría. Entre ellos citó a los dichos del subalcaide de Piñero, entrevistado por los fiscales, que aportó información sobre el desempeño de los penitenciarios imputados.
En ese marco la jueza de garantías resumió su parecer sobre el hecho con un dato irrefutable: “Se pasó por distintos puestos de control y el ingreso al penal y nadie advirtió absolutamente nada. Y no es menor que no era un pabellón común sino uno con presos de alto perfil”.
Un ejemplo
El secretario de Asuntos Penitenciarios de la provincia, Walter Gálvez, aseguró a LaCapitals que la acusación a los directivos y agentes que no cumplieron con los controles estipulados y permitieron que tanto D'Angelo como el prófugo Hugo Peralta se evadieran de la cárcel del Piñero, “es un ejemplo para todos los integrantes del Servicio Penitenciario santafesino”.
El funcionario remarcó que “para aquellos que hacen bien su trabajo es la confirmación de que deben seguir por la buena senda como se lo exigimos día a día; para los otros, un claro mensaje de que no cejaremos en los controles internos y llevaremos ante la Justicia a todo aquel que no cumpla con sus deberes, se haga el distraído o hasta reciba dinero para mirar hacia otro lado y permitan que ocurran cosas tan graves como la que pasó el lunes en Piñero y que dejan mal parada a la institución”.