Claudia Fernández habla con candor de su relación con Manuel Novillo y por
momentos parece olvidar la pesadilla que está viviendo. En su relato se mezclan el pasado y el
presente. Brotan sonrisas cuando habla de su pasión por el baile y de repente se agita cuando
menciona lo que le ocurrió, precisamente, la última vez que fue a bailar. Fue el domingo pasado a
la madrugada. Volviendo de un boliche su marido se murió en sus brazos, a instantes de recibir un
balazo disparado por un conductor a raíz de un incidente de tránsito en Rioja al 500.
Claudia tiene que ir mañana a Tribunales a contar como testigo tan descomunal
experiencia. Luego deberá reconocer si el detenido e imputado por el asesinato, Cristian
Altamirano, de 32 años, es la persona a la que vio mantener la discusión con su cuñado, que
manejaba el Peugeot 405 donde ellos iban, y que efectuó los tres disparos que dieron en la
carrocería. Uno de ellos le atravesó la cabeza a su esposo, que se dedicaba a instalar los puestos
de venta callejera en la plaza Sarmiento, y lo mató en instantes.
Tiene 47 años y cinco hijos, los tres primeros de su primer matrimonio. Uno de
ellos, de 23, padece cáncer. Su vida estuvo marcada por dos separaciones. Creyó que no "volvería a
enamorarme", pero conoció a Manu, "un ángel", e inició un nuevo matrimonio. Con él tuvo dos hijos,
Nahuel, de 13 años, y Daiana, de 10. La relación con Manuel se quebró ocho años atrás, aunque
continuaron en el mismo departamento del Fonavi de Parque Oeste por razones económicas. "El dormía
arriba y yo abajo porque no tenía dónde ir a vivir", dijo.
Claudia habla con energía. A veces, como ajena al motivo que la instaló en la
prensa estos días, evoca sus pasos de baile al compás de la música de los 70. "Me paraba frente al
televisor e imitaba a los chicos de Alta Tensión", dice con ingenuidad. Pero sin ayuda se encarrila
y recuerda los fogonazos de la trágica madrugada del domingo.
Las "chispas", como ella las define, son los tres balazos disparados contra el
Peugeot 405 en el que iba con su marido, el hermano de éste y su esposa. Altamirano guiaba un
Peugeot 206 y, se presume, había tenido una discusión con Carlos y Patricia por un
encandilamiento.
En el boliche. Cerca de la medianoche del sábado, Claudia fue a bailar a Latino,
un boliche situado en Alem al 1100. Manu entró cerca de las 4 del domingo con su hermano, Carlos
Alberto, y su cuñada Patricia. Apenas llegó, él bailó con otra mujer. "Me morí de celos", dice
Claudia.
Pero hubo reencuentro y al final de la noche, tras varios tragos, decidieron
irse juntos. Los Novillo y una amiga se subieron al Peugeot 504 y enfilaron por 1º de Mayo. Cuando
llegaron a Rioja, doblaron. Allí, se desató la tragedia. Como el hecho mismo, el relato de la mujer
es tembloroso. Ella se sentía indispuesta, pero asegura que, de pronto, distinguió al Peugeot 206
delante del 405 y un hombre, con aspecto de "patovica y con aritos en la orejas", parado frente a
la puerta del conductor.
Claudia dice que este individuo discutió con Carlos Alberto, que salió de su
auto enojado. "En eso una rubia desde adentro del 206 le entregó un arma al tipo. Mi cuñada
entonces bajó para defender a su marido. «Concheta, cómo vas a hacer eso», le dijo. Ahí nomás el
tipo dijo: «Si no se van los cueteo». Y Patricia lo enfrentó: «Si sos tan macho hacelo».
Al parecer, el esfuerzo de Carlos por tranquilizar al conductor del 206 fue
vano. "Tenía el auto en marcha y le dijo: «Calmate, ya me voy porque mi mujer está embarazada y mi
cuñada se siente mal»", cuenta Claudia. Fue entonces que el conductor del 206, dice, amartilló la
pistola, apuntó a su objetivo y abrió fuego a mansalva.
La mujer hace un pausa y vacila, como incrédula. "Estaba durmiendo al lado mío y
de repente lo vi lleno de sangre".