Dos hombres fueron detenidos el domingo a la noche por su presunta participación en la balacera en la que resultó herido un chico de 12 años en Amenábar y Lavalle, en la zona sudoeste de Rosario.

Fueron aprehendidos en Rio de Janeiro al 3000 tras una llamada al 911 que alertó sobre la presencia de gente vinculada al tiroteo ocurrido minutos antes en Lavalle y Amenábar.
foto: La Capital / Archivo.
Un plan para matar que salió mal: juzgan por intento de homicidio a policía ligado al narcomenudeo.
Dos hombres fueron detenidos el domingo a la noche por su presunta participación en la balacera en la que resultó herido un chico de 12 años en Amenábar y Lavalle, en la zona sudoeste de Rosario.
Los sospechosos fueron detenidos tras una llamada a la central de emergencias 911 en la que se le advirtió a la policía que en la zona de Río de Janeiro al 3000 había un grupo de al menos cinco personas que estarían involucrados en el tiroteo que dejó como saldo a un chico herido en una pierna. Rio de Janeiro al 3000 se encuentra ubicado a unos doscientos metros del lugar donde hirieron al menor.
Efectivos del Comando Radioeléctrico acudieron al lugar, aprehendieron a dos hombres y secuestraron una moto Honda Wave. Según fuentes oficiales ese vehículo figuraba en los registros con pedido de secuestro por haber sido robado este domingo en Ameghino y San Nicolás.
Con relación al ataque en el que fue víctima en el menor, personal del Comando Radioeléctrico constató en el lugar dos impactos, mientras que efectivos de la Policía de Acción Táctica halló en Castellanos y pasaje Iberá una moto Rowser Baja, una remera y guantes de látex.
El incidente en el que resultó herido un chico de 12 años sucedió cerca de las 20 del domingo. Según las primeras información se trató de una balacera en Amenábar y Lavalle, al parecer desatada por dos hombres que se desplazaban en una moto. El menor fue trasladado al hospital Carrasco, donde lo atendieron por una herida de bala en su pierna izquierda y luego fue derivado al Hospital de Niños Víctor J. Vilela.




Por Tomás Barrandeguy