Policiales

Confirman perpetua para el acusado de matar a una nena

La Cámara de Apelación ratificó la pena para Juan José Pérez, quien en 2015 raptó y asesinó a Milagros Sánchez en una pequeña casilla de Nuevo Alberdi

Jueves 14 de Diciembre de 2017

La Cámara Penal de Rosario convalidó la pena de prisión perpetua impuesta a Juan José Pérez, condenado por matar en 2015 a Milagros Sánchez a una nena de 14 años que apareció envuelta en un plástico en una zanja del barrio Nuevo Alberdi. Si bien durante el juicio no se hallaron evidencias para confirmar que haya intentado abusar sexualmente de ella (el cuerpo fue hallado en estado de descomposición) sí se concluyó que fue raptada y asesinada para dejar impune el delito anterior. El Tribunal que revisó el fallo analizó que pudo existir un consentimiento de la víctima para ingresar a la casilla donde supuestamente fue ultrajada, pero que ello mutó en una situación de "violencia extrema" que "no elimina todo análisis de tipicidad penal de la conducta de Pérez".

El 31 de mayo pasado en un juicio oral y público con fallo unánime Pérez, un hornero de 28 años, fue condenado a prisión perpetua como autor de rapto y homicidio calificado críminis causa en concurso real.

El Tribunal integrado por Hebe Marcogliese, Raquel Cosgaya y Alejandra Rodenas dio por probada entonces la teoría acusatoria que planteó el fiscal Miguel Moreno. El funcionario había reclamado la pena máxima para el acusado como autor de tentativa de abuso sexual con acceso carnal y homicidio críminis causa (crimen cometido para ocultar el delito anterior) de Milagros.

En su alegato de cierre el fiscal hizo una aclaración. Como consideró que el ultraje sexual no podría estar probado, ya que no se pudo extraer ADN del cuerpo, subsidiariamente pidió que el homicidio se considere conectado con el delito previo de estupro o rapto, que supone "retener a un menor de 16 años con ánimo de menoscabar su integridad sexual".

Entonces los jueces condenaron a Pérez como autor de rapto y homicidio críminis causa y le revocaron la libertad condicional de la que gozaba por una condena anterior a 4 años y 6 meses de prisión de 2012 por un intento de violación. Y la pena se unificó en prisión perpetua.

Réplica y apelación

La defensa de Pérez, ejercida por el abogado del Servicio Publico de la Defensa Penal (SPDP) Juan Pablo Nardín apeló el veredicto. Cuestionó la pena por inconstitucional, atacó el relato de testigos que dijeron ver a Milagros ingresar a la casilla donde vivía Pérez y fustigó la interpretación del tribunal sobre la data y causa de muerte indicada en la autopsia.

El letrado remarcó que, ya concluido el debate, el fiscal imputó la figura de rapto sin hacerle conocer al acusado las nuevas circunstancias, lo que viola el derecho de defensa y el principio de congruencia procesal. Y obviamente, pidió la absolución de su defendido. Pero el fiscal Moreno rebatió esos cuestionamientos y solicitó la confirmación del fallo.

El caso fue analizado por los jueces de la Cámara de Apelaciones en lo Penal integrada por Guillermo Llaudet Maza, Georgina Depetris y Carlos Carbone. Luego de dar por acreditada la autoría de Pérez en referencia al homicidio, el primero de los magistrados analizó como "un segundo nivel" el referido al hecho de que Pérez procuró ocultar el hecho y la conexión subjetiva entre ambos.

"Advierto que la sentencia pretende endilgarle a Pérez el fraude típico del delito de rapto por el que finalmente resultó acusado, con fundamento en la confianza que le merecía el conocimiento previo" entre víctima y victimario al compartir momentos en una iglesia evangélica.

Dice el magistrado que "pretender, por mas vinculación religiosa que se tenga, que alguien que ingresa en pleno verano al mediodía a una casilla donde lo único distinguible es una cama, lo hace inducida a error o confundida sobre los fines o mediante engaño, lesiona el más mínimo sentido común".

Con una interpretación particular sobre esa situación, el juez agrega que "al momento de ese ingreso, no puede darse sino por sentada la conformidad y la finalidad vinculada a la naturaleza sexual, o al menos amorosa del evento". "El fallo (dice Llaudet Maza sobre el juicio) expone sus dudas sobre cómo se logra el ingreso de la niña a la casilla, pese a que luego afirma otra cosa: la finalidad de menoscabar la integridad sexual de la menor estuvo en la mira del acusado cuando logró que ingresara a la habitación".

Contradicciones

Para el camarista eso expresa una contradicción: "La conformidad a la que aludo elimina la tipicidad del rapto. No obstante, ello no elimina el análisis de la tipicidad penal de la conducta desplegada por Pérez. Si bien la ausencia de acreditación del acceso carnal impide proyectar el análisis, la prueba habilita convalidar que ese consentimiento inicial en algún momento mutó", aclara.

Refiere entonces que la valoración de "trascendentes elementos de cargo (gritos, reticencia de Pérez a dejar entrar a su casilla a un vecino, golpes y forcejeos oídos por testigos) "terminan siendo el reflejo de una situación en la que esa aventura de connotación sexual inicialmente consentida, mutó en un hecho de violencia extrema, en la cual el imputado procuró forzar el consentimiento inicial" y luego mató "en procura de impunidad".

"Ese contexto de violencia desplegado por el condenado sólo se explica en la necesidad de llevar la voluntad sexual de la víctima más allá de su real interés o consentimiento", concluye el magistrado.

Mientras que Depetris adhirió al voto de Llaudet Maza, Carbone mostró matices sobre la interpretación de la figura de rapto y la voluntad de la víctima, aunque adhirió a la confirmación de la pena. "El homicidio fue cometido para ocultar el rapto porque la intención de Pérez de retener a Milagros fue con fines deshonestos" distinguió.

reclamo. Nélida, la abuela que crío a Milagros Sánchez hasta su muerte.

La última vez que la vieron

Milagros fue vista con vida por última vez el miércoles 18 de febrero de 2015. Estaba charlando con Pérez frente al lugar donde vivía el acusado, sobre calle Grandoli, cerca del canal Ibarlucea, en el barrio Nuevo Alberdi. El joven había llegado a la zona hacía tres meses para trabajar en un horno de ladrillos con un tío que le cedió una piecita. La niña vivía a pocos metros de allí con su madre, Gisela González. El día que desapareció, Milagros había ido a buscar un control remoto de TV a la casa de su abuelos, Nélida y Mateo, que viven a pocos metros. De regreso paró en la casa de Pérez y nunca más se la vio.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario