Un pintor fue condenado a 11 años de prisión por matar de un disparo en el pecho
a su ex suegro y herir de bala al hijo de éste durante una pelea familiar que ocurrió en abril de
2007 en una casa de la villa conocida como Vía Honda. Numerosas personas que celebraban una fiesta
en esa vivienda dijeron que la víctima, Cornelio Núñez, de 48 años, recibió el disparo cuando se
abalanzó sobre el acusado para evitar que hiriera a su hijo y siguiera tirando en un lugar repleto
de gente.
La condena alcanzó a Crescencio González Villalba, un
hombre de 40 años y nacionalidad paraguaya que fue detenido el mismo día del crimen cuando regresó
al lugar del hecho a buscar una moto que había dejado olvidada allí. La Sala IV de la Cámara Penal
confirmó la sentencia que le habían impuesto en el juzgado de Sentencia Nº 5 como autor del crimen
y de las lesiones provocadas al hijo de la víctima con una pistola 9 milímetros que portaba sin
autorización legal.
La defensa del acusado había planteado que existían dudas
sobre su participación en el homicidio y también sugirió que se trataba de un caso de legítima
defensa. Sin embargo, los jueces Ramón Ríos, Rubén Jukic y Antonio Paoliceli consideraron que
varias personas lo señalaron como el único autor de los disparos.
Irracional y agresivo. El hecho ocurrió el 15 de abril de 2007 en una casa de
Pascual Rosas y Virasoro, cerca de las vías del ferrocarril. Esa noche González Villalba volvía de
bailar cuando en el camino se cruzó con los hermanos y primos de su ex pareja, quienes habían
participado de una fiesta en la casa de ella. Cerca de las 4.30 el pintor llegó hasta esa vivienda,
donde aún sonaba la música y había algunas personas, y quiso hablar con su ex mujer, Sandra, con
quien tenían un hijo. Los testigos del homicidio contaron que la chica ya estaba durmiendo y se
negó a atenderlo, por lo que el pintor comenzó a insistir "con una conducta irraccional y
agresiva".
Los gritos despertaron al papá de la mujer, Cornelio Núñez,
quien salió de su dormitorio a pedir que se callaran y bajaran el volumen de la música. En ese
momento, según los testigos, Crescencio comenzó a gritar y a romper las botellas de cerveza que
había sobre las mesas. Entonces, la gente que estaba en el lugar lo intentó calmar y como no
pudieron se armó una pelea tras la cual lo echaron de la casa.
Pero de acuerdo con los relatos incorporados al fallo al
poco tiempo Crescencio regresó a los pocos minutos acompañado de su hermano Vidalio y volvió a
increpar a las personas que aún participaban de la fiesta. Según contaron, iba armado y "empezó a
disparar indiscriminadamente". Fue entonces cuando Cornelio se abalanzó sobre él para evitar que
hiriera a su hijo Luis, que estaba parado muy cerca del agresor, y para evitar que siguiera
tirando.
Un disparo le dio a muy corta distancia en el hombro
izquierdo y cayó herido al piso. Enseguida, otro balazo hirió su hijo Luis Omar Núñez y los
hermanos Crescencio se fueron del lugar. "Estaba fuera de sí pero los vecinos no reaccionaron
porque se dieron cuenta de que estaba borracho", reseñó entonces a este diario uno de los
investigadores.
Al rato Crescencio regresó. Esta vez no llevaba el arma
sino una botella rota y una llave inglesa con las que reclamó que le devolieran su moto. Entonces
recibió una paliza de los familiares de las víctimas y enseguida fue detenido por la policía, que
secuestró numerosas vainas disparadas por una misma arma semiautomática. Las víctimas fueron
trasladadas al hospital Carrasco, donde media hora después murió Cornelio. Luis quedó internado y
fue dado de alta la mañana siguiente porque la bala sólo le provocó lesiones musculares. El hermano
del hombre condenado se encuentra prófugo.