La desgarradora historia de Norma Quiroga, una mujer proveniente de la comunidad Qom de Chaco que murió estrangulada tras padecer violencia física, psicológica y económica a manos de su pareja, comenzó a develarse en un juicio oral que arrancó ayer contra Lucio Rubén González. El fiscal Gastón Avila solicitó la pena de prisión perpetua para este hombre que, de acuerdo con su acusación, martirizó a su pareja y a su hija al mantenerlas privadas de la libertad al menos durante un mes en una casa del barrio Toba de la zona sudoeste. Además de amenazarlas de muerte, según planteó, tapió las ventanas y puertas para impedir que salieran de la casa, no les proporcionó comida suficiente ni atención médica.
El encierro y la privación de alimentos le provocaron graves problemas de salud a la hija de la víctima. Esta mujer mayor de 30 años es la principal testigo en la causa y pese a su edad, por indicación de los profesionales que la atendieron, debió declarar en una entrevista en Cámara Gesell. Los jueces Rodolfo Zvala, Ismael Manfrín y Nicolás Vico Gimena son los encargados de juzgar al acusado de mantener a madre e hija privadas de la libertad hasta estrangular a su pareja el 28 de agosto de 2019.
Norma Quiroga tenía 53 años, había llegado a Rosario con su marido y su hija Laura en la última etapa del éxodo de la comunidad toba hacia la provincia de Santa Fe, entre 1990 y 1995. Se asentaron en la zona sudoeste rosarina y en 1998 consiguieron un crédito para construir la casa del pasaje 1821 al 6200. Según el alegato del fiscal Avila, desde los inicios de la relación que Quiroga mantuvo con González existió violencia de género en forma física, psicológica, sexual y económica pero la situación se acentuó en los últimos años. El desenlace fatal se produjo cuando el acusado “abusó sexualmente de Norma introduciéndole vía vaginal un objeto contundente que le causó una grave lesión, le dio un paliza y la estranguló”, planteó la acusación.
Por estos hechos el fiscal solicitó que González sea condenado a prisión perpetua como autor de privación ilegitima de la libertad agravada por ser cometida mediante amenazas y violencias y por haber causado un grave daño a la salud, abandono de persona agravado por el vínculo, abuso sexual con acceso carnal agravado por resultar un grave daño a la salud de la víctima y homicidio calificado por el vínculo de pareja y por haber sido cometido por un hombre contra una mujer mediando contexto de violencia de género.
La defensora pública Susana Brindisi, por su parte, dijo ante el tribunal que el acusado no estaba en su casa en el momento del asesinato e indicó que podrá probarlo mediante testigos que declararán en el juicio. Solicitó la absolución.
El femicidio expuso el horror al que vivieron expuestas la víctima y su hija, quien debió ser asistida por desnutrición en el Hospital Carrasco. La mujer contó entonces a los investigadores que su padre golpeaba a su madre en el cuerpo y en la planta de los pies y además la estrangulaba para "quitarle el diablo del cuerpo". Dijo que también las dejaba encerradas y sin comida bajo amenaza de muerte y no dejaba que Norma recibiera asistencia médica.
La única hija de la pareja contó que sus padres se separaron en 2013 cuando Rubén se fue a vivir a Bahía Blanca. Cinco años más tarde el hombre regresó y su madre lo aceptó. Dijo que desde 2018 padecieron malos tratos, violencia y amenazas de muerte además de que su madre fue víctima de constantes violaciones.
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Laura dijo que cada vez que intentaba increpar a su padre él le respondía que Norma "era su mujer y él el marido". También relató: "No nos daba plata para comer. Tampoco teníamos llaves de la casa para poder salir. El se iba y nos dejaba encerradas. Nos decía que si salíamos nos iba a matar".
"A mi mamá le decía que no usara ropa ajustada, que no se pintara, que tenía mal olor, que se bañara. La llamaba «perra» o «hija de puta». Eso era todos los días", dijo Laura a la asistente social. "Muchas veces le pisaba los pies y se los dejaba morados. Mi mamá estaba muy débil porque no comía. No se podía levantar de la cama. Entonces el venía y oraba. Le pedía al demonio que se alejara de su cuerpo".
Ninguno de los tres integrantes del grupo familiar estaba referenciado en un centro de salud. La hija de la víctima contó que su padre “le apretaba desde la cabeza a los pies, la empujaba de las axilas, le apretaba el cuello, la espalda. Decía que era para sacarle el demonio. Ella le pedía un poco de agua, él no le daba y ella lloraba”. El caso quedó al descubierto cuando Laura aprovechó una distracción de Rubén, huyó de la casa y le pidió refugio a una vecina. Llamaron a la policía y cuando un móvil del Comando Radioléctrico llegó al lugar se topó con Rubén impidiendo el ingreso de los vecinos.∏