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Victoria Mori se animó a correr en un lago de aguas heladas en Mendoza

No dudó, apenas se enteró del Festival de Natación de Invierno, la nadadora de pileta y aguas abiertas se animó a inscribirse, pese a que nunca se había arrojado a aguas a tan baja temperatura (8 grados).

Martes 12 de Agosto de 2014

Victoria Mori no dudó ni un instante. Apenas se enteró del Festival de Natación de Invierno (Swimming Winter Festival), la nadadora de pileta y aguas abiertas se animó a inscribirse, pese a que nunca se había arrojado a aguas a tan baja temperatura. Fue a competir al dique Potrerillos de Mendoza, ganó la carrera y vivió una "experiencia rara" y a la vez "hermosa" que la incentiva a seguir participando en esta clase de pruebas.

Si bien intervino en carreras de aguas abiertas, como lo hizo con los mejores del mundo en el Maratón Acuático Internacional Ciudad de Rosario, el encuentro de Mendoza se trató de algo diferente. "El tucumano Matías Ola, que había sido segundo en el Mundial de agua fría en Finlandia, me comentó que pensaba organizar un festival. Yo quería hacer algo diferente en la natación. Y cuando salió esta competencia, ni lo pensé y me inscribí", dice la joven de 21 años.

"Mis entrenadores, Gustavo (D'Andrea) y Graciela (Hernández), se sorprendieron de que quisiera nadar en aguas heladas, pero me dijeron que le diera para adelante", cuenta Mori, que casi ni se preparó para la prueba (ver aparte).

Un día antes de la 2ª etapa del festival, que comenzó en Puerto Madero y cerró en El Calafate, la nadadora llegó a Mendoza y se instaló en Potrerillos. "Ese mismo día fui a probar el agua del lago. Estaba bastante fría, a unos ocho grados. Como en ese lugar no se podía nadar, apenas me mojé los pies. Fue nada más para sentir como era el agua", relata la nadadora, estudiante de odontología en la UNR.

La rosarina fue una de los 50 nadadores que se dieron cita en la laguna El Espejo del dique Potrerillos, representando a 16 países, entre otros a Finlandia, Polonia, Rusia, Suecia, Sudáfrica, Estados Unidos, Inglaterra y Latvia. Cada unos de ellos concurrió a este desafío, celebrado el miércoles pasado, soportando un repentino cambio de clima debido a que nevó en las altas cumbres "La sensación térmica era de 5 grados", recuerda la nadadora del club Echesortu.

La rosarina decidió intervenir en la carrera más extensa de las programadas, la de 1.000 metros. "Esa distancia se dividió en dos grupos. De caradura, me anoté en el de los que corrían más rápido. Eramos ocho nadadores, de los cuales dos mujeres, una inglesa y yo. El agua estaba en ocho grados y sólo dos usamos mallas de neoprene. Al tratarse de mi primera experiencia, me daba un poco de miedo no usarla", dice.

El circuito era un rectángulo, y para cumplir la distancia debieron dar dos giros. "Me tiré con la idea de ganar. Había hecho tanta distancia que no pensaba especular. Empecé a nadar con la cabeza afuera del agua. No quería meterla. Anteriormente probé y me había causado dolor de cabeza. Pero en un momento me cansé y la metí. Y no me pasó nada. Fue una mezcla de sensaciones, de sorpresa. La primera vuelta estuve en la cuarta posición y cuando empecé la segunda ya quedé primera", cuenta.

Así compartió una vivencia particular, junto a nadadores adolescentes y octogenarios, y que el organizador y nadador Matías Ola intenta promover para instalar a la Argentina en el calendario internacional y hasta para organizar un Mundial. "Fue una experiencia hermosa. Apenas terminé, me invitaron para una carrera en Chile. Voy a tratar de ir sin traje de neoprene. Me gustaría seguir con esto. En estos años me incliné por las aguas abiertas porque logro una sensación de libertad, de paz, sin presiones, un blanco total en la mente. Y esto de nadar en aguas heladas fue como hacerlo en el río, aunque un poco más fresco", dice con una sonrisa.

A los rusos les llamó la atención su gorro

"Al principio, los nadadores rusos me miraban sorprendidos. Les llamó la atención que usara un gorro con los colores de su país. Les conté que en uno de los maratones internacionales de Rosario lo había intercambiado con la rusa Olga Kozydub. Y fue a partir de ese momento que pasó a ser mi gorro de la suerte. Al final, los rusos se terminaron sacando fotos conmigo", cuenta.


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