Una fiesta con todas las letras. La esencia misma del fútbol en un clásico genuino, noble, sin histerias ni dramatismo, un verdadero canto a la pasión y al fútbol en estado puro, libre de toda la contaminación del súper profesionalismo, de las frívolas megaestrellas y muy lejos de los intereses mezquinos que mueven los grandes mercados. El derbi del ascenso que protagonizaron en el Gabino Sosa, el charrúa y el albo fue emocionante desde la previa hasta el final. Festejó Argentino con un 2 a 0 inapelable tras un partidazo y toda la alegría fue del pueblo salaíto que celebró a lo grande, desatando un carnaval interminable en la cabecera visitante. Y del otro lado la multitud del matador bancó la parada a puro aliento y masticó bronca pero con hidalguía. Por ello el gran vencedor de la tarde histórica de Tablada fue el fútbol rosarino al natural, el público que vivió un verdadero volcán de adrenalina y, también, todos los jugadores, que sin dudas dejaron hasta la última gota de sudor por eso no muchas veces visto: el amor a la camiseta. Gracias a todos los protagonistas por armar un espectáculo fantástico, libre de “humo”, lleno de corazón y sentimiento. Aplauso de pie para el magnífico e inigualable clásico del ascenso.
Desde muy temprano en la tarde cuando las nubes comenzaron a encapotar el cielo y se respiraba perfume de tormenta empezó a armarse la gran fiesta. Era la cuenta regresiva al micro clásico más pasional, más genuino, más descontaminado del mundo y en la ciudad más futbolera del planeta: Rosario. Tablón, pizza, alambre de púa, batucada, banderas desteñidas, hinchas felices de ambas parcialidades que llegaron a la cancha a compartir un espectáculo popular, una fiesta pagana que hacía casi 20 años que no se actualizaba, y que lo hicieron con enorme alegría de uno y otro lado, sin esa urgencia de ganar o ganar que impera y le quita el disfrute a la primera división.
Las calles del barrio Tablada eran un tobogán que conducía todas sus venas de gente al mítico Gabino Sosa. Más de cuatro cuadras de cola para sacar las entradas a más de una hora del inicio del derbi sintetizaban la enorme expectativa. No era para menos en una ciudad que respira fútbol por todos sus poros y donde Central Córdoba y Argentino son dos sentimientos desde siempre. Si hasta es el clásico que jugó el Trinche Carlovich y el Loco Bielsa. Se trata de una pasión que atraviesa a la ciudad desde la zona sur de Tablada y hasta el norte en barrio Sarmiento.
Los hinchas visitantes llegaron en caravana de colectivos, autos y motos, con banderas al viento y a puro grito. Y a la hora señalada (17) el cielo también jugó su partido y cayó un aguacero que se extendió durante casi todo el primer tiempo. Por momentos se hizo casi de noche y eso le entregó más épica al choque. Una primera etapa donde Central Córdoba hizo todo para ganar, generó una docena de situaciones netas de gol, pero se encontró con la figura gigante del arquero Gastón Fernández, de estupendo trabajo. Y el albo tuvo una y le sacó petróleo con un golazo al ángulo de Diego Aguirre desde afuera del área. Con esa genialidad, y varios goles más errados del local, terminó la etapa inicial.
Y en el complemento fue Argentino el que generó peligro en reiteradas oportunidades, desde el gran manejo de Juan Cruz Vega, y le puso la chapa final al derbi con la definición de Nelson Avalos. Un 2 a 0 inobjetable por la precisión de uno y la falta de puntería del otro, con una etapa para cada uno desde lo futbolístico. Para aplaudir la propuesta de ambos DT, Diego Pavoni y Daniel Fagiani, que con sus armas salieron a jugar, no especularon y fueron al frente en busca del triunfo.
Un partidazo con todas las letras por los goles, las gambetas, la intensidad, la enjundia para ir a las divididas y por encima de todo: la lealtad de ambos planteles. Llegó el final y festejó Argentino con un grito de guerra en las tribunas.
El Gabino tuvo visitas de lujo como el intendente Pablo Javkin, varios legisladores, el presidente de Rosario Central, Gonzalo Belloso y la vice, Carolina Cristinziano, glorias charrúas, el exNewell’s Condorito Ramos, y también al futbolista canalla Juan Cruz Komar, entre otros destacados en la tarde intensa de Tablada.
Más allá de todo, lo más lindo para los presentes fue haber sido parte de esta película que pareció extraída de un filme del director italiano Federico Fellini, por la sensibilidad y la pasión que se respiró en partes iguales dentro y fuera de la cancha. Todos armaron una gran fiesta en una tarde que entró en la historia del fútbol de ascenso.
Y la función fue en el emblemático estadio Gabino Sosa, un templo sagrado del fútbol de barrio. Un potrero con tribunas. Lo ganó y lo celebró a lo grande Argentino. Que se regaló una sonrisa inmensa. Y cuando ya caída la tarde, ya con el resultado puesto a favor del albo, todo era custodiado desde pocos metros de distancia por la estatua impactante del Che Guevara mirando al horizonte, como legado de lucha y revolución. Felicitaciones salaítos. Y gracias a la vida por otra versión del clásico más pintoresco del mundo, el del ascenso rosarino.