Newell's

Sentido de pertenencia

"Di vueltas por el mundo 15 años para tener esta nueva oportunidad y voy a tratar de aprovecharla", dice Juan Manuel Llop, resistido por parte del público de Newell's y la comisión directiva por los magros resultados.

Jueves 15 de Febrero de 2018

Un sector del público silba y putea. Contra la comisión directiva fundamentalmente, pero contra el entrenador también. Hasta allí nada diferente a ningún cuadro de crisis futbolística de la A a la D. La mayoría de los que insultan, o sus mayores, disfrutaron la entrega y la pertenencia de quien ahora ofenden. Hay muchas historias parecidas. Son los desagradecimientos paridos por los resultados. Para construir un ídolo se necesitan muchos años de esfuerzos y entrega permanente sostenidos por el éxito individual o grupal. Si es grupal, mejor. El fútbol es un juego de conjunto. Para destruirlo, con dos o tres resultados malos alcanza.

   Es el caso de Juan Manuel Llop, el Chocho, un volante central de aquellos, el que está en la mayoría de las fotos gloriosas de Newell's. Pero es el pasado, el presente golpea al soldado de 100 batallas hasta ponerlo a la altura de cualquier otro. No hay héroe que soporte una crisis futbolística sin exponerse.

   "Lo que hice en la historia de Newell's, ya está hecho, no se puede borrar. Ahora lo que estoy haciendo es tratar de construir otra historia, di vueltas por el mundo 15 años para tener esta nueva oportunidad y voy a tratar de aprovecharla", dijo Llop después de la derrota ante Colón y antes de visitar el Nuevo Gasómetro.

   Cuesta muchísimo imaginar a un Newell's ganador en el Bajo Flores, pero el fútbol, por suerte, suele ridiculizar a la lógica. Al fin y al cabo este equipo le ganó a River en el Monumental. Todo es posible.

   El presente les duele a los dirigentes, al cuerpo técnico, a los jugadores, a los socios, a los hinchas. Es de suponer que a quienes estuvieron en la cima, los golpea mucho más porque conocen a la perfección el esfuerzo que se requiere para llegar hasta allí.

   Ninguno de los dos ciclos de Llop al frente del plantel rojinegro nadó en la abundancia. Ni aquel de 2001 en la gestión de Eduardo López ni este.

   Son tiempos duros en los que no es sencillo ponerle el cuerpo a la camiseta. No todos lo hacen. De hecho, la gran mayoría no lo hace.

   Hay ídolos que jamás se permitieron entrenar para no exponer esa idolatría que tanto les costó construir y es tan sencillo de derrumbar. No todos vuelven en tiempos de dificultades.

   En ese sentido, el Tata Martino fue el abanderado de un grupo no muy amplio de glorias leprosas que priorizaron al club antes que a sus intereses personales. Porque de eso se trata: nada ni nadie está por delante de la institución. Después pasa, es cierto, que las veleidades de las estrellas generan chisporroteos cual disputa de cartel para una obra de la porteña calle Corrientes.

   Están los que se exponen (Martino, Llop, Maxi, Heinze, Bernardi, Scocco) y también los que aportan desde la no exposición mediática como condición no negociable. Pero es tema para otro momento.

   "Lo que sentí cuando me gritaron el otro día es que fue un hecho aislado. No descarto ninguna hipótesis, porque la persona que me gritó no debía estar en ese lugar", cuenta Llop sobre el desagradable incidente que se produjo antes del inicio de la conferencia de prensa tras la derrota frente a Colón.

   No es justificable en ningún caso la descalificación, pero menos aún cuando a quien se agravia es probablemente uno de los responsables de que el agresor ame, a su manera, la camiseta que lleva puesta.

   En este pobre Newell's, todo es posible. Hasta que alguien ¿se filtre? en sectores en los que no se puede estar si no se libera el acceso y le pida a Llop que se vaya ya mismo del club.

   Es probable que las espaldas del Chocho ya no estén tan anchas como para proteger a quienes lo contrataron y entonces sucede, casi siempre pasa, que el clima empieza a enviciarse como por arte de magia. Pero no es magia.

   "Desde que llegaste la gente nunca quiso que fueras el técnico. Nunca, pero nunca jugamos a nada. No ganamos un partido gustando o jugando al fútbol, no sabés plantar un equipo. Fuiste un león como jugador pero un gato como técnico. Tenés que dar un paso al costado e irte solo, no que te echen, porque sos una gloria del club. Sabemos que esta comisión directiva no trajo a nadie, y se tiene que ir... Vos sabés que primero está la institución. Newell's es grande. Andate ya. Gracias", se publica entre los comentarios, uno de los pocos publicables, bajo el nombre de Marcelo Herrera en la edición on line de este diario como complemento de la conferencia de prensa del entrenador pos derrota con Colón.

   Al menos Herrera, si es que se apellida así, tiene la deferencia de reconocerle al técnico su trayectoria como futbolista y se lo agradece.

   La verdad es que ni los comentarios debajo de las notas ni las redes sociales son tendencia de nada, sobre todo por la imposibilidad de darle entidad al reclamo, pero es casi masivo el rechazo a la continuidad de Llop en ese ámbito. Esa exigencia de blogueros y afines puede ser genuina, inventada, de cualquier tipo por lo que resulta imposible calificarla como una demanda auténtica. Sí es una muestra.

   "Tenemos un proceso. Vamos a tratar de sostenerlo y terminarlo. Es cierto que los resultados mandan y que la gente se pone incómoda. Vamos a ver cómo se ponen los dirigentes", se defiende Llop, que sabe que los tiempos van acompañados de resultados. Pero también "mensajea" a los dirigentes: "Vamos a ver cómo se ponen los dirigentes", dice el Chocho, que sabe que la mayoría ya le soltó al menos una de las dos manos.

   "Hay dirigentes que están convencidos y otros que no. No voy a descubrir nada nuevo, pasa en todos los clubes cuando los resultados no se dan", amplia el entrenador que aclara que no necesita que nadie le diga nada y que él va a ser el primero en tomar una decisión cuando compruebe que el ciclo no da para más.

   Hace al menos una década que se puso de moda el sentido de pertenencia. El mundo Newell's se ufana de ello y tiene con qué, pero el sentido de pertenencia no sólo es propiedad de los ganadores.

   Es probable que la más amplia demostración de sentido de pertenencia se alcance en los tiempos en los que lo más cómodo es mirar para un costado.

   Por eso Martino es lo que es para Newell's. La única diferencia con Llop está en los resultados. Ni más ni menos.

   ¿Acaso alguien cree que el Tata estaría al tope de las idolatrías si no lo hubieran acompañado los resultados? Contrafáctico, pero en realidad en el fútbol los hechos no hacen falta para imaginar finales distintos con historias diferentes.

   Cruzando la vereda, porque en todas partes cuecen habas, el Patón Bauza podría tener el mismo nivel de devoción que el Tata, pero cometió un pecado mortal: no sólo no salió campeón, lo cual es bastante complejo en cualquier club, sino que no pudo ganar ningún clásico como DT.

   Bauza es el máximo goleador canalla en clásicos a pesar de ser defensor, es el segundo goleador histórico de la institución detrás de Mario Kempes y fue campeón dos veces con la camiseta auriazul.

   Su impresionante foja de servicios se puso en juego cuando se sentó del otro lado de la línea de cal. Después de tanto esfuerzo, en un santiamén se convirtió en calabaza.

   Así es en general. Los resultados no discriminan ídolos.

   El sentido de pertenencia no sólo les corresponde a los exitosos, quizás su demostración debiera valorarse más en los que lo intentan y lo vuelven a intentar.

   "Lo que hice en la historia de Newell's, ya está hecho, no se puede borrar. Ahora lo que estoy haciendo es tratar de construir otra historia, di vueltas por el mundo 15 años para tener esta nueva oportunidad y voy a tratar de aprovecharla", dice Juan Manuel Llop.

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