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Ponce, el delantero de Newell's que se crió en San Francisquito y jugará en Roma

El crack de la cantera leprosa, le contó a Ovación su atrapante historia de vida antes de viajar a Italia para acordar su vínculo con el equipo romano. Un pibe que siempre luchó

Domingo 11 de Enero de 2015

Llegó a la hora pactada. Tenía el celular en la mano y una sonrisa tímida que jamás se le borró. De bermudas, distendido y con una remera llamativa. Entró al bar, gambeteó varias mesas con sutileza hasta sentarse en la más alejada del ruido. Allí pidió un café con leche con dos medialunas porque era el momento de merendar. Con absoluta naturalidad entabló un íntimo mano a mano con Ovación. Todavía no cumplió 18 años, pero se expresó con soltura y la inocencia típica de cualquier adolescente de barrio. Hoy el nombre de Ezequiel Ponce será noticia mundial porque ya llegó a Roma para, de no mediar imprevistos, sellar su vínculo con el equipo de la capital italiana. El Tanque antes de abordar el avión relató su historia de vida con absoluta sencillez y emoción. Es un producto genuino de la inagotable cantera rojinegra.

   —¿Qué recuerdos tenés de tu infancia?

   —Me crié en el barrio San Francisquito. Jugaba todo el tiempo a la pelota en un potrero adelante de un galpón enfrente de mi casa, con mis amigos de la cuadra. Hacíamos torneos de barrio. Me la pasé jugando el fútbol y divirtiéndome con los pibes. Mi primer club fue Aguilas de Fe, detrás de la iglesia Santuario de Fe, de Provincias Unidas e Ituzaingó. Allí tenía menos de 6 años. Después pasé dos años al club Rosario Sur. Regresé a jugar un par de meses con mis amigos enfrente de mi casa. Hasta que mi papá (Daniel, de 46 años) después me llevó a probarme a Newell’s. Fue algo muy lindo.

   —¿Tu papá fue jugador?

   —Sí, en Newell’s llegó hasta la reserva. Entrenó con el plantel de primera en la época que estuvo Marcelo Bielsa. Y por cuestiones de cantidad de jugadores no se pudo quedar y probó suerte en otros lugares. Entre otros clubes, jugó en Sarmiento de Junín (tras jugar en Argentino 1991/1992) y Cipolletti de Río Negro. Jugaba de volante y me dicen que lo hacía muy bien (risas).

   —¿Cómo se encuentra integrada tu familia?

   —Tengo dos hermanas, Ileana (24) y Celeste (14). Mi mamá se llama Claudia. Mi papá se preocupaba para que desde chico yo mejore en la técnica individual y jugábamos siempre partidos entre nosotros en el patio de mi casa.

   —¿Cómo llegaste a Newell’s?

   —Me fui a probar a los 8 años a Malvinas. Estaba Juan Ardison, que era el coordinador. Mi papá le preguntó si me podía probar y me acuerdo que esa tarde hice tres goles. A la semana estaba fichado. Tengo recuerdos magníficos y muchos amigos de esa época. Después pasamos a cancha de once. Algunos compañeros no siguieron jugando por equis motivo. Newell’s me formó y me dio muchos amigos.

   —¿Siempre jugaste de 9?

   —Casi siempre. Sólo en una época jugué de 7, por afuera. Y en novena o décima me pasaron de 9 y no cambié más. En una época estuvieron las elecciones en el club y mi papá avisó que si la institución no cambiaba me iba a jugar a otro lado. Pero ganó la comisión que está ahora y me quedé. Mi papá siempre me cuidó y el manejo del club que había antes no le gustaba. Hubo cambios muy buenos respecto a la etapa anterior.

   —¿Cuándo subiste al plantel principal?

   —Estaba en la séptima división. Alfredo Berti asumió a mitad de 2013 y me convocó a un entrenamiento. Hicimos de sparring en el estadio. Me acuerdo que tuve que ir a disputar una pelota con Gabriel Heinze y sin querer le metí un codazo. La verdad que no sabía cómo mirarlo al Gringo por el gran respeto que le tengo. Por suerte no me la devolvió. Siempre se portó muy bien conmigo (risas). Fui a algunos entrenamientos más y me terminaron citando para un partido de primera ante Quilmes. En el vestuario estaba mi camiseta y fue emocionante. A los 87 minutos pude entrar. Mientras calentaba tenía unos nervios bárbaros. Fue pura alegría. Recordaba todo el esfuerzo que había hecho. Cuando entré viví un conjunto de emociones. Estaba muy acelerado.

   —¿Después te tocó jugar en el Coloso y hacer goles?

   —Sí, eso es muy fuerte. Cada vez que entro al estadio, la cancha se viene abajo. El primer gol se lo hice a Racing. Eugenio Isnaldo tiró el centro y me tiré como pude para conectar la pelota. Le hice el gol a Saja. Nunca grité un gol con tanta pasión. Primero lo saludé a Isnaldo y también le agradecí a Dios que me dio la posibilidad de convertir y de generar en mí uno de los sentimientos más fuertes que viví.

   —¿Sos muy creyente?

   —Sí. Mi familia desde que nací me inculcó principios evangélicos y los sigo. Si estoy acá es por la fe en Dios y el apoyo de mi familia.

   —¿Vas al colegio de Newell’s?

   —Sí. Entré en primer año. Me esfuerzo bastante para ir al colegio. Hay materias que me gustan y a las otras las curso con mucha voluntad. Tengo ganas de terminar el colegio. Mi materia preferida es historia. Y la más complicada es física. Este año voy a cursar quinto año. Lo bueno es que todos me hacen sentir uno más y los profesores también. La nota no me la regalan,

pero me ayudan cuando no puedo ir porque tengo que jugar un partido o entrenar. Eso te ayuda a terminar y no dejar colgado el estudio. Uno no sabe lo que puede pasar el día de mañana.

 Ya jugaste con muchos futbolistas experimentados. ¿Eso que te aportó?

—Lucas Bernardi me enseñó muchísimo. Tiene una forma muy clara de ver el fútbol. Dice las cosas como son y defiende el estilo de jugar por abajo. Heinze es un líder terrible dentro y fuera del vestuario. Nacho Scocco es un grandísimo jugador y gran persona. Trezeguet tiene unos movimientos extraordinarios y sorprende la manera que tiene de pegarle a la pelota. Siempre mantuvo la humildad con nosotros a pesar de todo lo que ganó. La verdad es que David fue un gran compañero.

Cuando se empezó a hablar de que había clubes importantes que te seguían sufriste una lesión (fractura por estrés en el pie) que te sacó varios meses de la cancha. ¿Cómo lo viviste?

—Soy sincero, cuando me hice la resonancia magnética y me enteré que la lesión me iba a demandar cuatro meses de recuperación se me vino el mundo abajo y me puse a llorar. El doctor Juan Ignacio Bóttoli y todos sus colaboradores me ayudaron mucho y me bancaron en la rehabilitación. Las primeras semanas estuve mal, vivía en la cama, no tenía ganas de hacer nada, hasta faltaba al colegio. Pensaba que los clubes que vinieron a verme no iban a volver. Tenía miedo de cómo me iba a sentir cuando volviera. Y la verdad es que la recuperación que hice con todos los kinesiólogos fue fantástica y por eso les agradezco mucho. Me recuperé antes de lo previsto. Cuando volví a jugar impacté con toda la fuerza la primera pelota y así me saqué el miedo desde el principio.

Cuando comenzaron a vincular tu nombre con clubes muy importantes de Europa, ¿que te pasó por la cabeza?

—Cuando me lesioné no podía creer que los clubes me sigan queriendo. Estoy muy contento y Dios quiera que se termine dando la chance de jugar. Mi papá es el que se encarga de todo el tema. Yo me enfoco en Newell's, que es donde pertenezco. Y quiero dar lo mejor en el torneo largo que se viene. A pesar de que me transfieran la idea es que siga un tiempo más en Newell's y ojalá se de.

¿Mirás fútbol europeo?

—Sí. Me gusta mirar los partidos de las principales ligas europeas. Cada torneo es diferente y trato de observar para aprender. Si me toca partir espero adaptarme lo antes posible. Es algo que busqué desde muy chico. Mi familia me respaldó muchísimo y se lo quiero retribuir. Estoy orgulloso de mí porque todo lo que luché por mucho tiempo está dando sus frutos.

¿Y el otro sueño que te queda es la selección?

—Seguro. Estuve en el Sub 15 y Sub 17, pero todo jugador quiere estar en la mayor. Con trabajo y humildad espero llegar, pero para eso hay que esforzarse mucho y dedicarse a full al fútbol.

Los actuales nueve de la selección son Higuaín, Agüero y Tevez, ¿que pensás de ellos?

—Son todos diferentes. Son grandísimos jugadores los tres y tienen un potencial impresionante. Trato de mirarlos para sacar lo mejor de cada uno. Llegar a ser algún día como ellos sería muy bueno en mi carrera.

¿Qué es Ñuls en tu vida?

—Es difícil describirlo, pero la verdad que es mi segunda casa. Me dio amigos, alegrías, tristezas, me formó como persona y ser hincha de este club es hermoso. Es un club lleno de buenas personas y pasé los mejores momentos de mi vida. Me ayudaron mucho mis amigos de inferiores y todos los técnicos que tuve, además de los utileros, médicos y toda la gente que está cerca de los jugadores a cada momento.

¿Pudiste hablar con el Tolo Gallego?

Sí. Hace pocos días que estamos entrenando. Sabemos cuál es su idea y estamos buscando la puesta a punto y mejorar los defectos para lo que se viene. Ojalá pueda estar junto a Nacho Scocco en el equipo. Con todos mis compañeros entrenamos para dar lo mejor para que el técnico tenga opciones.

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