Rusia 2018

El efecto contagio, intangible valor para ganarle a Francia

Los jugadores y Sampaoli saben que no habrá un presente feliz sin un equipo involucrado como el que se vio ante Nigeria.

Viernes 29 de Junio de 2018

Si bien el fútbol es un juego imprevisible, los mundiales, especialmente en las etapas en la que un equipo sigue y el otro se va, mantienen cierta lógica. Alguno estará pensando, y con razón, que la prematura eliminación de Alemania rompió esa tendencia, pero también es verdad que no es la primera vez que un campeón del mundo dice adiós antes de los octavos de final. Los pronósticos siempre quedan desautorizados detrás de una genialidad, de una pelota que devuelve el palo o de una atajada, como fue la tapada de Armani ante el nigeriano Ighalo cuando el partido estaba 1-1. El choque que se viene entre Argentina y Francia, por los octavos de final en Kazán, realmente auscultará si el equipo de Jorge Sampaoli puede sentirse orgulloso luego del grito de liberación que significó el triunfo contra Nigeria.

Pero de algo puede estar seguro Sampaoli, Francia no será un rival de perfil tan elemental como Nigeria. Las valencias futbolísticas que hasta el momento mostró el conjunto dirigido por Didier Deschamps podrían conducir de nuevo a Argentina a ese destino de tumba en el que estaba inmerso antes de la clasificación. El Zurdo sabe perfectamente del daño que es capaz de provocarle el adversario de mañana. Por estas horas sólo se recuerda como un gran acierto del DT casildense que en la charla que mantuvo el año pasado con los alumnos de primer año de la escuela de periodismo DeporTEA no nombró a Alemania como uno de los principales candidatos del título en Rusia. Pero también en aquel ida y vuelta con los futuros periodistas, ponderó a rabiar el estilo de juego reconocible de Francia. Incluso puso a la altura de los mejores del mundo a Griezmann y Mbappé, dos talentos con cartel francés que mañana tendrá que buscarle la manera de domarlos.

Francia tiene en su funcionamiento colectivo lo que más desea Sampaoli conseguir con Argentina. Argentina también cuenta con alguien que a toda Francia le gustaría tener: Lionel Messi.

Cuando se afirma habitualmente que a partir de octavos arranca otra competencia no sólo no se está mintiendo, sino que en el caso de selección argentina se busca que el equipo prolongue el efecto contagio que consiguió contra Nigeria. Provocar ese enganche entre todos, más si juega la legión de históricos como se especula, será vital para desactivar cualquier momento de partido en el que Francia habitualmente te lo hace pagar de la peor manera. Cada vez que a la selección argentina el trámite se le fue de las manos, lo que vino después estuvo acompañado por detalles traumáticos. A Islandia la dominó pero nunca se sintió dueña de todo. Y frente a Croacia pisó todo el tiempo el palito porque jugó a remolque de su rival. Es contrafáctico decir que hubiera pasado si Wilfredo Caballero no se mandaba tremenda macana en el gol de Rebic.

Lo que debe evitar Argentina es caer en estos bandazos del pasado reciente. Francia viene precedida de un proyecto de dos años con Deschamps y con individualidades como Griezmann, Pogba, Dembelé, Mbappé, Giroud o Varane. Aunque ni por asomo le atan los cordones a la generación de Zidane, Henry, Deschamps (actual DT), Ribery, Desailly, Thuram y Trezeguet, por citar los ejemplos más emblemáticos, que logró la Copa del Mundo en 1998 y también obtuvo la Eurocopa en 2000 con aquel recordado gol de David Trezeguet, de fugaz paso por Newell's.

Estos jugadores vendrían a cubrir el hueco que dejó aquella selección del estrepitoso fracaso en Sudáfrica 2010, cuando un grupo comandado por Nicolás Anelka y Patrice Evra provocó una rebelión contra el técnico Raymond Domenech hasta voltearlo. El resultado fue impiadoso. Francia, que venía de perder la final por penales contra Italia en Alemania 2006, se iba del Mundial en la primera rueda.
   La inmediatez lo ocupa todo para Sampaoli. Sabe que la clasificación era inaplazable para él, pero la identidad del equipo quedó retrasada. Los jugadores también son conscientes de que no habrá futuro feliz sin un equipo involucrado como se vio ante Nigeria. Entienden que la funcionalidad en la cancha todavía es una cuenta pendiente, más allá de que Messi necesita volver a ser el 10 de las Noches Blancas en San Petersburgo y no el de Nizhny Nóvgorod frente a Croacia.

Para atravesar una barrera de la altura de Francia, sólo la búsqueda del bien común puede alumbrar una conquista. El todo debe ser más trascendente que las partes. Y los únicos que están capacitados para edificar eso en los tiempos limitados que te otorga un Mundial son los históricos.
Ahí está el argumento en el que se apoya Sampaoli para apostar de nuevo por ellos. El entramado táctico para atropellar a Francia tendrá a Mascherano como eje de la salida limpia y a Banega como el encargado de sembrar desorden con su pase quirúrgico en una defensa rápida para ir a cortar, pero también propensa para otorgar espacios. Raphael Varane está acostumbrado a jugar en Real Madrid con la misma predisposición para ir a cortar en la mitad de la cancha con que lo hace en la selección francesa. Samuel Umtiti, compañero de Messi en Barcelona, también suele encoger el equipo.
Un lugar para el 10

Por esa hendija deberá entrar Argentina. Mucho campo abierto para que Messi haga estragos si está en modo Nigeria. Además, los laterales Pavard por la derecha y Lucas Hernández (estaba con una molestia) por la izquierda miran para delante y se olvidan de que para que una defensa no quede sometida a descompensaciones siempre hay que estar atentos al espejo retrovisor.
   No sería una mala elección la que está pensando Sampaoli de poner de arranque a Pavón y tirarlo a Messi más al medio. Igual, la carta de Di María por la izquierda es tentadora para contener las subidas de Pavard y Hernánez y también para hacerles pagar con sus trepadas cada vez que pasan al ataque.

El corazón del juego francés está en el mediocampo. Mucho control del partido a través de la posesión de la pelota, elaboración y poder de fuego adelante.
Nombres para ese concepto sobran, y de los buenos. Matuidi, Kanté, Pogba, Mbappé, Dembelé y Griezmann, uno de los mejores delanteros del mundo.
Se sospecha, ojalá que no, que a Armani esta vez no le alcanzará con una sola atajada para convertirse en figura. Argentina tiene a favor que no es una selección que intimide por el peso de su historia.
Los franceses suelen entregarse a una expresión de equipo desconcertante y con una tendencia depresiva cuando enfrentan a un rival que los hacen sentir inferiores. Si Argentina se anima, tendrá una buena parte de la batalla ganada.

Una obsesión

A Jorge Sampaoli lo obsesiona construir complicidades para afirmar un equipo que sepa a qué juega y que resuelva con naturalidad todos los imponderables que pueda presentarle un partido y un rival complicado como Francia.

Virtudes y defectos galos

Francia es un equipo que ataca muy bien y tiene una virtud que lo distingue: la constancia para buscar el arco rival. Cuenta además con grandísimas individualidades, sobre todo en posiciones ofensivas. Pero también tiene defectos. El principal es que defiende dejando muchos espacios. Aun así, es bueno tener en cuenta que de ninguna manera se trata de un equipo vulnerable. El que piense eso se equivocará seriamente.

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