Central arrancó de lleno el proceso de independencia de los promedios. La primera sesión en el José Fierro de Tucumán arrojó un saldo positivo desde el punto de vista numérico. Acopió un triunfo y la madre ante Atlético, mientras busca la autonomía nacional. El equipo canalla encontró la luz ganadora en medio de un debate que por momentos se tornó oscuro. Comenzó a desandar anoche la Superliga con el pie bien derecho pese a que desde lo futbolístico no convenció.
Necesitaba darse un bálsamo de tranquilidad momentánea. El representativo de Arroyito pasó la primera prueba con éxito frente a las narices de un Atlético que está buscando su norte a medida que juega.
Para Central será una temporada frenética. Donde deberá ir sorteando distintos estadíos. El tema de jugar para salvarse el pellejo no le permite relajarse. Anoche no lució ni jugó un gran partido, pero tampoco se mancó cuando Atlético intentó arrinconarlo con centros a la olla. Ese es un punto para resaltar en esta primera presentación que mostró el equipo de Diego Cocca.
Es cierto que al equipo le falta un golpe de horno. Todavía no está a punto caramelo. Seguramente con el devenir de los encuentros irá encontrando su verdadero rendimiento. Porque hasta ahora corre más de lo que realmente propone. Carece de un hilo que indique a qué juega, pero también le cuesta decodificar en realidad cuál es la identidad futbolística.
Mientras busca una ruptura formal de los vínculos de dependencia numérica, Central anoche avanzó a paso redoblado la campaña 2019/2020. Y no es para nada un dato menor pese a que anoche la sacó barata ante un Decano que aún no se muestra tan aceitado. También es para destacar que el equipo supo salir ileso de un campo históricamente hostil. Eso también es para resaltar. Porque para Central ganar en Tucumán no es cosa de todos los días.
Lo del conjunto canalla tampoco fue magia. Tuvo algunos puntos altos y claves que edificaron sin pausa ni prisa la necesaria victoria ante las almas hechas trizas de los tucumanos. El 2 a 1 no fue invisible a los ojos. Fue esencial para encarar lo que vendrá en un torneo en el que el equipo está obligado a sumar y sumar para escaparle a la tabla de los promedios. A corto plazo básicamente, mientras el equipo se termina de conformar antes de que cierre el libro de pases. La inminente llegada de Lucas Gamba y la posibilidad de que Nicolás Colazzo se adapte en buenas condiciones a un plantel que no le sobran nombres rutilantes.
A partir de ahora, Central tendrá siempre una cita con su destino. Eso está más que claro puertas hacia adentro. Ni hablar para el pasional mundo exterior, que también comulga el día a día con la dura mochila de la realidad de los promedios. No obstante, haber pasado la primera exigencia con altura le inyecta una dosis de optimismo a un equipo que deberá seguir mostrando que está preparado para afrontar lo que viene.
Será cuestión de aprovechar esta odisea triunfal por estos pagos para trabajar de cara a lo que vendrá el próximo fin de semana con otro semblante y sabiendo que todavía se puede seguir mejorando. Sea por fuerza mayor o por necesidad. Porque para Central esta temporada no será una más. Anoche empezó a jugarse el cuero de verdad. Pudo hacer pie en un Monumental que generalmente lo trata mal. Pero en esta oportunidad la historia fue otra. Encontró la luz al final del partido y ahora seguirá luchando con sudor para conseguir la tan ansiada libertad en la tabla de los promedios.