Domingo 10 de Marzo de 2019

"No hay manía más funesta, ni capricho más peligroso, que la especulación o la conjetura sobre los caminos que no tomamos." Juan Gabriel Vásquez, "El ruido de las cosas al caer"

Ultimas noticias de lo que alguna vez fue parecido al Paraíso: el contexto social es devastador y a quien mire y sepa ver se le llenarán los ojos de dolor, rabia contenida y una impotencia culpable de haber contribuido a vivir con sueños abandonados y esperanzas desvanecidas. La incertidumbre es reina y así no hay futuro. Si hasta la Justicia es gris y más ciega que nunca. Deberá reconocerse que al elegir, las mayorías son capaces de equivocarse tanto como de tener intuiciones sensatas. En la República quedarán solamente cenizas como si hubiera acontecido una guerra. La tarea de recomposición será larga, titánica. Y la catástrofe quedará imborrable en la memoria como lección de decadencia. La creación de una convicción impone renovar las ideas y la emergencia de un nuevo diseño político en unidad que es mandato popular, sin dispersiones ni apatías ciudadanas. Los espejos de colores están rotos y entre tanta mentira absurda, farsantes y embusteros personajes tomaron como propias las palabras de un valiente estadista y no dudaron en tergiversarlas e imponerlas salvajemente, impiadosamente: sangre, sudor y lágrimas. Un gobierno mesiánico sin ideología pero enfermo de codicia y ansias de poder por el poder mismo, incapacitado de comprender el profundo sentido del bien común. Pero para sorpresa aún de los propios responsables del desastre que crece día a día como una bola de nieve, no hubo resistencia civil. Apenas demostraciones de disconformidad de las víctimas, que optaron maduramente por preservar la democracia. Sistema que, criticado, es perfectible. Aunque un irónico George Bernard Shaw, sentenciara que esa forma de gobierno "se asegura que no seamos gobernados mejor de lo que nos merecemos". La alternancia, como consecuencia del veredicto de la mayoría, deberá sustentarse en sanos intereses sin revanchismos ni egoísmos, pero con suficiente entereza para no volver a caer en el engaño de un sistema indiferente y corrupto que lejos de alentar la inclusión promueve la esclavitud. Hoy la cuenta regresiva parece haberse acelerado por inevitables acontecimientos y los plazos para la construcción política alternativa se acortan. No pocos observadores atentos perciben señales ineludibles de que se está viviendo el tiempo de la descomposición del régimen de manera abrupta. Basta mencionar lo que debió ser un discurso ante las cámaras legislativas y acabó siendo un patético cuadro de desesperación. Si hasta parecería que los ideólogos de tanta miseria buscan ser echados para así aparecer como víctimas. Pero en esta ocasión no habrá ni helicóptero ni cruceros a paraísos fiscales escondidos, aunque descaradamente se esfuerzan para permanecer o durar, algo que la razón consideraría una abominación. Los representantes políticos que se precien de cumplir su rol, ser la voz del pueblo, no pueden desconocer que se está ante una última oportunidad para la recuperación de un proyecto de reconstrucción inclusivo en esta nación arrasada. Bien podría significar éste un momento histórico, más no por eso dejará de ser triste, penoso.

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