El 16 de julio, el electorado de Santa Fe tomó el lápiz y trazó el borrador del nuevo mapa político de la provincia. Hoy le toca terminar de dibujarlo y pintarlo. Los votantes tendrán que definir si es monocromático o multicolor. Si nace una hegemonía o se establece un reparto más equilibrado del poder.
Maximiliano Pullaro llega a las generales con la perilla en modo “vamos por todo”. Las Paso de hace casi dos meses le dieron un impulso que, confían en Unidos para Cambiar Santa Fe, le alcanzará para traspasar primero y cómodo la línea de llegada. Y, al mismo tiempo, arrastrar a sus compañeros en las otras categorías.
En las primarias, el candidato que busca cortar con seis décadas de sequía radical cosechó 506 mil votos. Más que Marcelo Lewandowski y los otros tres candidatos peronistas juntos. Frente por frente, Unidos estuvo cerca de perforar la barrera psicológica del millón de votos —obtuvo 980 mil— y le sacó más de 500 mil votos de ventaja al PJ.
Desde entonces, Pullaro tuvo que administrar gestos, palabras y silencios más en papel de virtual gobernador electo que de candidato. Tanto en Unidos como en el peronismo coinciden en que el partido empezó a definirse en el verano, con la foto de familia del frente de frentes en el local rosarino del PDP. Chau tercios, hola bicoalicionismo. “Es jaque”, decían por entonces en la caseta de obra de la alianza.
Sin embargo, el alud de votos sorprendió hasta a los propios pullaristas. Hasta el día anterior a las Paso arengaban a la tropa a no relajarse y a pelear voto a voto. Creían que le ganaban a Carolina Losada por tres puntos. Se impusieron por más de diez.
Tras el batacazo, Pullaro y su equipo salieron a la ruta con el kit de soldador para evitar cualquier fuga de apoyos y tratar de ampliar el caudal de votos hacia las listas de diputados, senadores, intendentes y jefes comunales.
La victoria descomprimió la tensión en una maquinaria política que, por momentos, parecía que no pasaría la prueba de las Paso sin sufrir daños severos. Ahora Pullaro y sus aliados están en un marco win-win. El exministro de Seguridad quiere la mayoría en la Legislatura para colgarse en el cinturón una de las llaves de la gobernabilidad. Sus socios necesitan ganar en Diputados para garantizarse un asiento. Si no superan a sus rivales en la categoría entrarán en el bolillero donde se reparten las 22 bancas para las minorías. En ese caso, varios socios de la coalición no tendrán un valioso activo de poder y deberán seguir la pulseada legislativa por YouTube. “No hay nada que una más que los intereses comunes”, dice un pullarista.
Los santafesinos y santafesinas elegirán al jefe de la Casa Gris por los próximos cuatro años
A diferencia de la pelea por la Gobernación, la competencia por la mayoría en la Cámara baja es un triangular entre las listas de Clara García, Omar Perotti y la sorprendente Amalia Granata, cabeza de una compañía ecléctica que incluye colaboradores cercanos, figuras del mundo empresario y del automovilismo, libertarios, un exconcejal radical de Rosario y hasta el exmano derecha de Pedro González, el histórico caudillo peronista de Villa Gobernador Gálvez.
En la Cámara alta, Unidos confía en retener las siete bancas radicales y se entusiasma con sumar un número que al menos le garantice el quórum y la mayoría propia. Esa situación sólo se dio entre 1983 y 1987, en la primavera alfonsinista. Desde entonces, pasan los gobiernos y queda la mayoría peronista. Los cálculos más optimistas hablan de llevarse 15 bancas sobre 19.
Si Unidos gana la triple corona de Gobernación, Diputados y el Senado se dará una concentración de poder inédita para un gobierno no peronista. Una gran masa de capital político que le permitirá tramitar leyes sin tener que acordar con opositores. Y que según cuál sea el poroteo legislativo final podría dejar a la alianza a las puertas de la siempre postergada reforma constitucional.
En cambio, si no logran imponerse deberán negociar cada proyecto. El trámite, estiman, será más lento y engorroso con el actual gobernador que con la legisladora pañuelo celeste que busca representar en la escena santafesina un rol similar al que actúa Milei en el set nacional.
En Unidos creen que en esta categoría llegan con una pequeña luz de ventaja pero remarcan: “A los oficialismos los tenés que noquear”. El piso inoxidable del peronismo y el control del aparato gubernamental le otorgan un plus de competitividad al PJ pese al desgaste de la gestión.
La mayoría de la Legislatura, una de las principales batallas de las elecciones
La boleta única por categoría acentúa la dispersión del peronismo, donde cada tribu pelea por su propia supervivencia. Con un ojo en su propio andarivel y otro en la pista donde corre el otro, el gobernador saliente y el senador nacional protagonizan un duelo por el liderazgo del justicialismo en el nuevo ciclo político.
“Pase lo que pase este proceso electoral deja dos referencias del peronismo, Perotti y Lewandowski. Hay que ver con qué fortaleza sale cada uno”, señala un dirigente del PJ curtido en mil batallas electorales.
No será lo mismo si Lewandowski se ubica en la banda de entre los 550 mil y los 600 mil votos —en 2021 para senador nacional sacó 589 mil— que si está por debajo de esa zona. Y tampoco será el mismo escenario si Perotti se lleva la mayoría de 28 o ingresa primero en un contingente de unos diez diputados del que encima podrían desgranarse algunos bloques unipersonales.
La elección en el tercer distrito electoral del país tendrá repercusiones nacionales. Un triunfo de Pullaro lo elevará al lugar de figura nacional de un no peronismo en transición de liderazgos y le dará un envión anímico a un Juntos por el Cambio que batalla por meterse en la segunda vuelta.
Por su lado, el peronismo quiere evitar otra foto de una goleada en contra que agrande la sensación de fin de ciclo. La postal de este fin de semana de Sergio Massa en Tucumán con los gobernadores y referentes de todos los espacios de Unión por la Patria muestra a un justicialismo que quiere avivar la llama de la mística. Un peronismo que trata de contrarrestar con movilización, algunas medidas compensatorias de última hora y el salto al vacío que podría significar un gobierno de Milei la dureza de una realidad marcada por la disparada de los precios, la licuación de los salarios y la suba de la pobreza.
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En este marco, se libra en Rosario la batalla local más importante. Por su peso económico y porque buena parte del torneo de la gobernabilidad se juega en la ciudad. Pablo Javkin y Juan Monteverde animan un balotaje de hecho y buscan surfear las dos olas que golpean la escollera: de castigo al peronismo y de renovación.
En las últimas dos semanas Javkin se pegó a la figura de Pullaro y salió a pelearle a su rival el monopolio de la bandera del cambio. En la vereda de enfrente, Monteverde municipalizó la agenda, buscó sintonizar con el clima de época y renegó de etiquetas políticas clásicas como izquierda/derecha y peronismo/antiperonismo.
Un interrogante es hacia dónde irán quienes eligieron otras opciones en las Paso. También cuánto se incrementará la participación. Allí se juega una elección que se recalentó pese a las promesas de campaña limpia y que también tendrá rebote nacional.
Gane quien gane la Gobernación y la Intendencia de Rosario despegará el 10 de diciembre con el tanque de capital político lleno pero tendrá por delante cuatro años turbulentos. Enfrentará múltiples crisis en tiempos de mayorías volátiles. Con una ciudadanía que acumula frustraciones, que busca motivos para la esperanza y que hoy irá a los box de votación a dibujar un nuevo mapa de poder.