Opinión

Rompecabezas

El rompecabezas acompaña la niñez hace demasiado tiempo. Desde los mas sencillos hasta los mas complicados enseñan una sola cosa.

Sábado 11 de Agosto de 2018

El rompecabezas acompaña la niñez hace demasiado tiempo. Desde los mas sencillos hasta los mas complicados enseñan una sola cosa. Paciencia. Observación, atención y paciencia.

"Juego que consiste en componer una determinada figura combinando pedazos de madera, cartón u otros materiales, en cada uno de los cuales hay una parte de la figura"

Con el mismo sentido se emplea también la voz puzle, adaptación gráfica del inglés puzzle: Se admite el uso del anglicismo adaptado, aunque se recomienda usar con preferencia el equivalente español: rompecabezas"

No asumamos riesgos. Rompecabezas. Que sería ordena cabezas, acomoda cabezas, mejora cabezas. Desarrolla capacidades de la cabeza.

Borges, en un cuento donde habla de un personaje que tiene un dibujo de una tierra a tamaño natural y eso complica todo, presta una idea. Un país, si fuese un "rompecabezas", sería imposible armar a escala, la solución, digo, sería imposible resolverla a escala de uno en 10.000 como muchos pretenden. Ese es un dato a tener en cuenta. Muchos quieren resolver un país en escala "uno" (La Capital y un despacho) y 10.000 (el resto del país). Aprendieron lo peor del rompecabezas. Dios nos libre de su mandato.

El primero que tuve fue de maderitas de colores y práctico, servía para completar las partes. El relleno. Entonces no costaban caros y no se llamaban "juguetes didácticos". Eran rompecabezas infantiles y listo.

Después aparecieron los de bordes curvos y todos con seudopodios, como amebas a punto de partirse y, debajo, como base, el dibujo original, para ayudar el armado.

En rigor no hace falta ser un lince pero es necesario advertirlo, es un juego pasivo donde el cuerpo se subordina y la mente pide calma a los músculos. No se puede zapatear y armar un rompecabezas. Es de enfermo, de quieto, de pasivo o de todo eso junto en una lluviosa tarde invernal. También de adultos que, de ése modo, reformulan sus anhelos, sus deseos, su forma de ser.

Conozco el caso de un señor arquitecto que los arma, con largo tiempo de trabajo, los pone en una base que cierra con vidrio y los cuelga. Como si fuesen cabezas de rinocerontes cazados en la selva de la vida. Trofeos. La verdad, pese a lo que opinan los defensores de flora y fauna advierto que son trofeos legítimos, pero no colgaría ni cabezas de rinocerontes ni rompecabezas en las paredes. Las pintaría, a las paredes, con grafittis que cambiaría cada tanto, cuando gane mi equipo o pierda el rival político al que no quiero nada.

El rompecabezas, en lo personal, terminó en el Ta-Te-Ti. El mínimo juego infantil, también pasivo, de las tres cruces en fila. Nunca fui bueno para ningún deporte y no me enorgullezco de mi falta de sintonía fina muscular, pero siempre preferí eso a los rompecabezas. Cuestión de gustos pero, en tren de confesiones, lo que me disgusta de los rompecabezas es que la mayoría de los fanáticos los resuelven callados y por allí va la cosa. El rompecabezas es un juego pasivo y silencioso. Admitamos la pasividad porque la pasividad tiene lo suyo, según el mas elemental Kama Sutra, pero el silencio no. No es sencillo aceptar toda una tarde de lluvia dentro de la habitación y en silencio.

Les he descubierto una falla, que por evocación se que me sucedía cuando intentaba armar un rompecabezas. Silbaba. El silbido, en la soledad, es el alma ordenándose despacito. Eso no es malo. Y vayamos a la mas cruda confesión. Nunca pude terminar un rompecabezas para adulto. Me parezco a muchos políticos tratando de armar un país. Algunos ni siquiera saben silbar y por eso, justamente, no se les ordena el alma.

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