Prudencia vs. oportunismo
Reflexiones, por José Ariel Ugalde. Durante su campaña contra Persia decidió
Alejandro destruir la ciudad enemiga de Lámpsaco, en una de las orillas del Helesponto, cuando para
evitar la catástrofe se aventuró a presentarse ante él Anaxímenes, ilustre hijo de la ciudad, autor
del primer Manual de Retórica conocido (fines del siglo IV a.d.Cr).
27 de enero 2009 · 01:00hs
Durante su campaña contra Persia decidió Alejandro destruir la ciudad enemiga de
Lámpsaco, en una de las orillas del Helesponto, cuando para evitar la catástrofe se aventuró a
presentarse ante él Anaxímenes, ilustre hijo de la ciudad, autor del primer Manual de Retórica
conocido (fines del siglo IV a.d.Cr). Al verlo Alejandro acercarse con la intención de pedir perdón
para su ciudad, le gritó ya a varios metros de distancia: "Te juro que no te voy a conceder lo que
me vas a suplicar". "Yo te suplico —dijo Anaxímenes— que destruyas mi ciudad". Y así se
libró Lámpsaco de ser arrasada (Valerio Máximo, VII, 3).
Las recientes y escuetas declaraciones del senador Reutemann han suscitado una
reestructuración en el escenario político en el cual los actores comienzan a definir su
posicionamiento en una agenda modificada y, a la vez, han evidenciado cómo la austeridad y economía
en el lenguaje pueden jerarquizar una palabra que la habitual ampulosidad y exacerbación en el
discurso político han venido a devaluar.
Asimismo, se han reeditado algunas versiones del diccionario político argentino,
proclives a mutaciones y tergiversaciones del lenguaje no siempre asépticas. En este sentido, hemos
visto homologar la prudencia, virtud moral e intelectual destacada por los griegos, con la
dificultad para tomar decisiones.
Cuando en ocasión del ofrecimiento que en 2002 realizara Duhalde, el senador
Reutemann rechaza su candidatura a presidente, no hace otra cosa que apelar a la prudencia que
demostrara en reiteradas oportunidades y que supone un responsable discernimiento de la realidad
analizándola en toda su complejidad.
Están quienes fuerzan y distorsionan las circunstancias históricas en pos de sus
aspiraciones personales y quienes analizan la complejidad de cada coyuntura y deciden intervenir o
no, en razón del aporte que puedan generar al bien común en ese escenario en particular. Parece
conveniente entonces aclarar que abstenerse de intervenir es una decisión, sólo que es infrecuente
en la vida política argentina que conoce de liderazgos fabricados y fundados en el oportunismo.
Como nos enseñara Max Weber, "no hay más que dos pecados mortales en el terreno de la política: la
ausencia de finalidades objetivas y la falta de responsabilidad, que frecuentemente, aunque no
siempre, coincide con aquélla. La vanidad, la necesidad de aparecer siempre que sea posible en
primer plano, es lo que más lleva al político a cometer uno de estos pecados o los dos a la
vez".
Al mismo tiempo, la prudencia política mantiene alejados dos vicios comunes.
Entorpecer el desempeño de un gobierno electo democráticamente y, en el otro extremo, aceptar sin
objeciones sus decisiones acusando una actitud doctrinaria. Esto último explicaría por qué el
senador Reutemann decide no acompañar al gobierno en su política de retenciones, asumiendo con
idoneidad la defensa de los intereses de la provincia que representa y jerarquizando el rol que el
Congreso debe desempeñar en las democracias modernas. Y no obstante abstenerse de las altisonantes
y edulcoradas declaraciones públicas amplificadas por los medios de comunicación cuya
espectacularidad sugiere más intenciones demagógicas que convicciones fundadas en la reflexión
crítica e informada.
Tal vez, las actuales circunstancias signadas por la profunda crisis
internacional y sus evidentes consecuencias en economías emergentes como la nuestra, nos obliguen a
revisar y estar atentos a las intencionadas tergiversaciones de nuestro diccionario político
capaces de transformar en vicios las virtudes necesarias de un dirigente. Apoyar liderazgos en los
cuales confluyan decisión y reflexión, conducción y construcción de consensos, autoridad sin
autoritarismo, honestidad en la gestión y competencia. Todas ellas condiciones derivadas de la
prudencia imprescindible para hacer de esta crisis una oportunidad y no dar lugar al
oportunismo.
(*) Diputado provincial M.C. (1999-2003). Ex presidente del bloque Justicialista de la
Cámara de Diputados.