Opinión

Lucecita

Hay diferencias entre los pasillos de ayer y los de hoy en los hospitales.

Martes 20 de Marzo de 2018

Hay diferencias entre los pasillos de ayer y los de hoy en los hospitales. Si hiciesen falta hay luces, muchas luces, hoy aparecerían, pero los hospitales y los sanatorios, a determinada hora de la noche, bien noche, las apagan y dejan una lucecita que allá, a lo lejos, impide los tropezones, ilumina el caminito de las enfermeras (las de noche, las nocheras, las que tienen un alma diferente) y deja el sueño cerca, para quien pueda soñar, que dormir es otra cosa.
Esa lucecita ni es poco ni es mucho. Es la lucecita de la calle final de cada población, donde llegamos (entrada la noche y lejano el amanecer) como a veces nos sucede como viajeros, y en otras como obligados viajeros que nos fuimos de un sitio donde nada era bueno. La lucecita indica: de aquí y hacia delante la civilización. Al menos esa esperanza guía al que debió partir inesperadamente y luego de un largo camino imagina la civilización, un baño, una comida, una cama, un afecto.
La noche es mas segura, si cabe, por esa lucecita A veces, en los caminos, uno sigue porque allá, lejana, una luz indica la civilización, otra persona, una voz.
Los hospitales fueron construidos hace años. El Hospital Centenario fue construido para el 1910 como aporte de la gente de la Región Rosario. Muchas cosas tienen esos orígenes. La luz en mitad de los viejos pasillos, contra el jardín central, da todavía ésa idea: queda una luz encendida.
La sociedad rosarina aportó. En el teatro lírico y la zarzuela, que es parecido pero no es lo mismo, las dos grandes corrientes migratorias hicieron lo suyo. De aquel desarraigo, aquella aventura y aquella nostalgia, surgieron las esperanzas que hicieron que las dos grandes colectividades armasen su salón de fiestas para las canzonetas y los pasodobles, las castañuelas y los balcones de los tantos Romeos y las incontables Julietas.
Que esa es otra historia. El teatro da testimonio de lo posible y lo soñado. Noviazgos y casamientos con niñas / niños de 14 y 15 años eran parte de una sociedad que lo aceptaba. Dice un escritor famoso, cuyo nombre no recuerdo, que la obra "Lolita" de Vladimir Nabokov con el romance de un cincuentón y una adolescente es francamente delictual de la peor manera, pero que en la literatura no hay moral y las leyes son otras. En las novelas la mentira y la redención tiene leyes especiales.
Lo recordé. Milan Kundera es quien lo dice. Al parecer le asiste razón. Lo bueno y lo malo cambia con los años. La novia pactada que llegaba en el barco de noviembre, desde Italia, ya no es fácil de conseguir. Corrección: es imposible de aceptar que suceda sin horrorizar a la sociedad, las leyes y lo bueno y lo malo. Hoy es muy malo.
Las obras sólidas, un hospital lo es, tienen otra conciencia de lo moral, lo inmoral y lo amoral. Que no son lo mismo. La lucecita no tiene mas sentido que el bien. A nadie se le ocurría apagar la luz del pasillo de un hospital. Como a nadie se le ocurriría, en aquellos años, esconder dineros de las donaciones, quitar bolsas de cemento portland. Mentir en los costos de la obra pública.
Releyendo el párrafo anterior advierto que..." Las obras sólidas, un hospital lo es, tienen otra conciencia de lo moral..." la solidez puede hasta sostener pequeños y mínimos sitios, con poca fortaleza. Una lucecita. Y que sin embargo allí está.
Todo castillo es su puente levadizo y su salida secreta. Toda gran fortaleza es el ladrillo mas débil. Es por eso que las enfermeras de noche y los que patrullan el hospital no dejan que se apague esa lucecita que, cada noche, deja que la oscuridad se acerque pero que no domine la escena. Las enfermeras, la lucecita, ellas dan la fuerza para llegar hasta la mañana siguiente. Es de ellas que depende el caastillo de la esperanza.
No es cuestión de capricho o casualidad. Si lo fue ya no sucede. Las luces prendidas son una señal y un mandato. A poco que miremos aquella enseñanza del pasado (las luces del ejemplo que damos: Hospital Centenario) ha sobrevivido a todas las desgracias, las pestes y las angustias personales y es eso: una señal. Tal vez por la salud quebrantada uno se distrae pero es eso lo que indican. La salud de una sociedad quebrantada nunca estará totalmente a oscuras. En ése amargado y apesadumbrado pasillo de la madrugada mas negra la lucecita indica cómo no tropezar y advierte: hasta que salga el sol aquí estoy, aquí estamos. En fin, si la lucecita no es una señal ¿que es?... Nada. Pero no. Es una señal y chau.

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