Comenzó la cuenta regresiva. Exactamente dentro de un mes Falabella cerrará definitivamente sus puertas en Rosario. La compañía chilena definió este martes que su ultimo día de funcionamiento en la ciudad será el próximo 12 de junio. El fantasma de que a partir de esa fecha el emblemático edificio de La Favorita, de Sarmiento y Córdoba, quede vacío es la pesadilla que atormenta al centro de Rosario y la ciudad toda. Sería una herida al orgullo de los rosarinos, un ataque a la autoestima de una ciudad que siempre valoró sus orígenes. Por eso, de no aparecer algún gran jugador nacional o internacional dispuesto a ocupar ese edificio, y por estos días hay algunos sondeos, pero ninguna oferta concreta, irá tomando más volumen y fuerza la propuesta de un grupo de comerciantes rosarinos para desembarcar en el lugar bajo el formato de shopping y rescatando el histórico nombre de La Favorita. “Ese edificio no puede quedar cerrado, sería la muerte del centro, y sería un fracaso de la política, los comerciantes y de toda la ciudad. Rosario necesita que esto funcione”, dicen. Una placa de bronce en la peatonal Córdoba para cada uno de esos empresarios locales que en medio de una crisis económica producto de la pandemia y de años de recesión están dispuestos a desarrollar un megaemprendimiento en uno de los edificios más emblemáticos de Rosario: si eso sucede entrarían en las páginas de la historia de la ciudad.
Como entraron los ahora propietarios del bar El Cairo, que en su momento asumieron el desafío de rescatar uno de los lugares más míticos de la ciudad. El 31 de diciembre de 2002, el bar que Roberto Fontanarrosa inmortalizó en su libro “La mesa de los galanes” cerró sus puertas en medio de la crisis económica tras permanecer en funcionamiento desde 1943. Ese día la esquina se vació, quedó abandonada y empezó adquirir una imagen decadente. Dos años después un grupo de rosarinos arriesgó, invirtió capital, lo remodeló por completo y reabrió. Y los rosarinos y turistas respondieron llenando sus mesas.
Como también entró en la historia de Rosario la empresa Bioceres, de la zona sur. La exitosa firma de biotecnología agropecuaria comenzó el 27 de abril pasado a cotizar en el índice tecnológico Nasdaq, de Wall Street. Que ese día Federico Trucco, CEO de la compañía, haya tocado de manera virtual la campana de inicio de la rueda de Nasdaq fue un tremendo golazo de esa empresa, pero que lo festejó toda la ciudad.
Se podrían nombrar centenares de empresas rosarinas de distintos rubros que ya son parte de la identidad de la ciudad. Cada uno que haga su lista. Todas se destacan y juegan un rol clave en el desarrollo de la región y el país. Y si bien hoy en medio de la crisis hay quienes propagan la cultura de la derrota e intentan desalentar buscando un lucro político, la historia de la ciudad habla de otra cosa.
Hay un mito fundacional de Rosario, que no tiene pasado colonial y no es capital de la provincia con todo lo que ello implica desde el punto de vista del empuje económico. Un mito que relata que la ciudad fue y es “hija de su propio esfuerzo”. Que fue construida por la pujanza e iniciativa de comerciantes y empresarios que buscaban el progreso individual, pero también con una mirada colectiva. Una burguesía que tenía el sentido de la trascendencia, que no sólo estaba preocupada por su propia baldosa. Esa representación se instaló con eficacia en el imaginario rosarino, marcó a la ciudad y le dio una fuerte identidad.
De allí que es saludable que apenas anunciado el cierre de Falabella un grupo de empresarios locales, liderados por Nelson Graells (Sport 78) y Juan Benzi (Juguetería Gulliver), haya mostrado rápidos reflejos. Es que expresaron la intención de buscar una salida no sólo para ese histórico edificio, sino para todo el centro rosarino, que se vería muy golpeado si quedara vacío.
“Hay que felicitarlos. La alegría de mi vida sería que ese proyecto se pueda dar. Sería un honor a esa vieja Rosario donde todos los empresarios se unían por el bien de la ciudad. Rememora los tiempos en que todos los empresarios le ponían el hombro a la ciudad sin saber si iban a ganar o perder. Y sería una manera de demostrar que Rosario puede”, subraya Elías Soso, el patriarca de los dirigentes empresarios locales. Y prosigue: “Rosario tiene que recuperar un núcleo de empresarios fuertes que defiendan los intereses de la ciudad. Hay que pensar en grande para que la ciudad crezca social y económicamente. Un grupo de empresarios que se ponga la camiseta de la ciudad”.
Así, por estos días nadie quiere hablar públicamente del futuro del edificio de La Favorita porque las negociaciones son reservadas y entre privados (sólo alguien disociado de la realidad puede creer que una opción podría ser la expropiación). Y esas negociaciones son complejas: se habla de dinero, números, plazos, opciones. Y todo esto en el contexto de una economía argentina que no está en el mejor momento. De todos modos, y si no aparece una gran tienda internacional o nacional que esté dispuesta a desembarcar en el edificio, trasciende que está descartada la idea inicial de crear un fideicomiso entre un grupo de comerciantes rosarinos para gestionar el lugar. Lo que está tomando fuerza es la de que una empresa local alquile La Favorita y se haga cargo del proyecto de crear allí un shopping que reúna a unos 50 comerciantes y marcas rosarinas. Ya hay dos empresarios locales dispuestos a liderar esta iniciativa alquilando el inmueble y gerenciando el shopping, aunque por ahora sus nombres no trascienden públicamente para no entorpecer las negociaciones.
Hoy la propiedad de La Favorita pertenece en diferentes proporciones a unas 59 personas (la gran mayoría residentes en el país, pero algunos en el exterior), que son segunda y tercera generación de los fundadores de esa tienda histórica, los hermanos Ramón y Ángel García. Entre todos constituyeron en 2002 el Fideicomiso Edificio La Favorita de Rosario, cuyo único patrimonio es el inmueble de Sarmiento y Córdoba. Los familiares y herederos (fiduciantes) son los beneficiarios del importe de los alquileres de esa propiedad y la sociedad Compañía Asturias SA es la administradora del fideicomiso, es decir el fiduciario.
El alquiler mensual que hoy paga Falabella por ese edificio ronda los 60 mil dólares al cambio oficial, según revelan distintas fuentes. Es decir, unos 6 millones de pesos. Esa es la cifra que hoy está sobre la mesa en todas las mesas de negociaciones que mantienen los dueños con los interesados.
Ahora, así como hay empresarios dispuestos a emprender el desafío de crear allí un shopping bien rosarino, “de acá”, como rezaba una propaganda municipal de la gestión de Héctor Cavallero, también es verdad que el reloj de arena corre para los propietarios del edificio. Es que si el inmueble comienza a estar desocupado no sólo no percibirán el alquiler, sino que tendrán que afrontar los gastos fijos del megalocal (impuestos, tasas, mantenimiento y seguridad), y cuya suma no es menor.
En 1994, cuando Falabella desembarcó en Rosario lo celebró toda la ciudad. Es que siempre son bienvenidas las inversiones, nacionales y extranjeras, cuando respetan las leyes locales, compiten sin privilegios, no ejercen prácticas de dumping en los precios, crean puestos de trabajo y apuestan al desarrollo del país. Hoy Falabella no se va del país porque sus operaciones estén dando pérdidas, y mucho menos en la sucursal de Rosario, una de las que mejores beneficios le venía reportando en Argentina. El problema es que no da la ganancia que pretenden, pero principalmente porque no pueden continuar con su modelo de negocios. Este se basa en la mercadería importada, que la compañía negocia a nivel global y después reparte entre sus diferentes filiales de Chile, Colombia, Brasil y Argentina. Y esto, hoy por hoy, es inviable en el país: ante la escasez de divisas el gobierno nacional endureció el acceso al dólar al tipo de cambio oficial a las empresas que importan bienes no esenciales.
La decisión de Falabella de cerrar en Rosario la tomaron los directivos de la compañía en Santiago de Chile, a 1.234 kilómetros de la ciudad. Es más, sin siquiera pisar Rosario. Si una empresa da pérdidas de manera sostenida es difícil que pueda seguir operando, pero ya está dicho que ese no es el caso de Falabella, cuya decisión de cierre dejó en la calle a 110 trabajadores de Rosario. ¿Dónde está la llamada “responsabilidad social empresaria”? ¿Los dueños de la compañía hubieran actuado de la misma manera en la ciudad donde residen? De ese total de empleados que quedan desocupados, el 50% ya dejó de trabajar en las últimas dos semanas en la tienda porque ya firmaron acuerdos individuales de retiro, y durante los próximos días lo hará el resto. Falabella está funcionando en la actualidad con casi todos empleados eventuales (contratados) y llegará al 12 de junio sin personal efectivo adentro de la sucursal, salvo jerárquicos.
Allá por 1994 la primera medida que tomaron los directivos de Falabella al desembarcar en el edificio de Sarmiento y Córdoba fue retirar el histórico cartel de La Favorita en un intento por desterrar su nombre, tan arraigado en la historia de la ciudad. Qué paradoja, La Favorita aún vive en la memoria de Rosario, pero Falabella, mucho más temprano que tarde, pasará al olvido.