Opinión

Intoxicación informativa

Agenda pública. Noviembre, por razones de exceso, ha saturado al lector, al oyente, al televidente, al habitante de las redes.

Martes 28 de Noviembre de 2017

El periodismo, en muchos casos, prioriza según empresa, amores y necesidades pero hay una regla general: que por favor aparezca una "noticia de tapa". Aquella que, por su importancia, resuelva las prioridades. Después, sólo después aparecerá la pregunta, la duda de si se la trata a favor, en contra o despectivamente, pero la noticia, el suceso allí está.
Noviembre, por razones de exceso, ha intoxicado al lector, al oyente, al televidente, al habitante de las redes.
El caso del submarino y su tragedia, que conmueve al país, deriva en un ministro (Oscar Aguad) que no permite muchas indulgencias, un presupuesto para Defensa y las Fuerzas Militares que tampoco resiste análisis si se piensa en la utilidad que podrían prestar y llevan, finalmente, a la herida abierta. De 1966 a 1973 y de 1976 a 1983 el partido militar y sus aliados civiles con muertes, torturas, asesinatos y desmanes provocaron un desbarajuste conceptual que hace hoy, hoy mismo, que muchos crean que los ejércitos no sirven y peor, que el orden (aceptar una orden superior) es pecado de lesa humanidad.
Claramente hay una tragedia y más visible aparece que, desde 1983, no se ha logrado reencauzar a este costado del gobierno porque es necesario advertir: las Fuerzas Armadas son parte del gobierno democrático y su jefe es el presidente. Chapucería y maldad. Y el miedo a lo que es necesario resolver de una buena vez, aunque parezca políticamente incorrecto.
En el 1991, con insultos del machismo exagerado y el mutismo del machismo hipócrita la "ley de cupo" alteró la vida de los partidos políticos a nivel nacional. Aclaro: en la provincia de Santa Fe sería impracticable en la totalidad de su Poder Legislativo sin reformar la Constitución, precisamente, en la formación de los cuerpos, básicamente Senado provincial.
En esta semana, con mayoría especial porque no estaba en el orden del día, Diputados de la Nación aprobó una marcación sobre el padrón electoral que alterará, para siempre, pero muy para siempre, algunas cuestiones arcaicas, malditas y muy injustas. Un legislador por cada género en las listas. Los partidos políticos obligatoriamente compartiendo su armado interno y confeccionando las listas "mitad y mitad". Los gremios con igual obligación. Ni qué pensar en la Corte Suprema de Justicia. Y seamos extremadamente honestos, se terminará aquello de "ponela a mi mujer que hace caso". Se podrá una vez, pero la democracia avasalla a la sumisión y la vence.
En la provincia de Santa Fe, en la ciudad de Rosario, en los Tribunales nuevos (nuevo edificio) con una legislación moderna, resuelta en el siglo XXI, se está juzgando a una banda de delincuentes (de esto tengo la íntima convicción) por todos los delitos que unen homicidio y robos menores, chantajes, etcétera. Asociaciones ilícitas. El "Juicio a los Monos" es la sociedad defendiéndose. Todavía hay colegas trasnochados o demasiado interesados que no advierten que no es un juicio por distribuir y comercializar drogas en la mitad de la ciudad. La Justicia Federal mira desde la tribuna algo que debió ser suyo. No es para distraídos el asunto. Rosario Central y Newell's y sus barras están a la vuelta de la esquina de este tema. Y en la ciudad se sigue comercializando droga y la violencia no abandona la región. La inacción federal se advierte. El problema del siglo: inseguridad urbana, código narco y corrupción estructural es el que está en el banquillo. Policías corruptos y liviandad de la Justicia. Eso se juzga. En la Justicia provincial. Nada semejante en el país.
El gobierno nacional tiene lecturas del mundo del trabajo, de las empresas, del dinero y de su resultante (siempre están en conflicto) según parámetros mundiales y de los próximos 30 años. Eso discute el presidente de la Nación con la sociedad. A los tropezones porque tienen información, pero no soluciones. Mucho menos diplomacia. Las leyes laborales, de dónde salen los dineros para las jubilaciones, cómo se resuelve el asistencialismo en el siglo XXI y qué tenemos para venderle al mundo (el mercado interno ya no soluciona el drama).
Hay demasiados "paper" encima del escritorio presidencial y debe resolverlos si quiere pasar a la historia no como el que le ganó un ballotage a Scioli y CFK, sino como el que hizo algo positivo para meternos en el siglo XXI. Es en este año, para que las leyes se promulguen entre hoy y el 10 de diciembre de 2018, que quieren producir los cambios estructurales que suponen necesarios. Suponen. Trasnoche y vejez de la oposición lo favorecen. Discutir el tema pidiendo que volvamos al 1946, como al 1970, no ayuda a resolver el porvenir. En esta semana todo esto apareció en la mesa.
Que el fútbol es una de las pasiones del milenio ha sido dicho. Que sirve para ennegrecer (blanquear) dinero de los jerarcas rusos como de los jeques petroleros, como de cualquier otro capitalista con exceso de efectivo y muy disminuido en escrúpulos se sabía. Lo que nadie puede ignorar hoy, en estos días, que esa corrupción estaba puesta en AFA y todo aquel que haya sido bautizado por el organismo de calle Viamonte es parte indisoluble del lío. Los yanquis son muy rigurosos con los dineros que se escapan de su control y, también, con la información a la prensa. Por eso se metieron en este tema. Si en los tribunales yanquis dicen que "pirulo es coimero" nadie podrá decir "me sacaron de contexto". Todo el fútbol se encuentra en virtual estado de sospecha. Todo. Desde Pierre Escartín a Messi.
Espiar a un ministro. Dejar libres a los que chocan con el auto y matan. Las concesiones truchas, las promesas de campaña, todas incumplidas, hospitales prometidos en el 2009 que se terminarán (con suerte) en el 2020 y la bicefalía, que acentúa dos destinos provinciales claramente diferenciados, no entrarían en una tapa en la que haya que incluir las noticias enumeradas. Solo por caprichosos principios, si de mi dependiese, agregaría la venta de menores a clubes del fútbol de Europa. Un jefe de redacción serio tendría la respuesta adecuada. Pará loco, es demasiado. Los vamos a intoxicar de informaciones. Tendría razón.


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