Pandemia

El legado de Maiztegui

Plasma de convalecientes. El médico argentino desarrolló este método para tratar la fiebre hemorrágica argentina. Hoy se usa contra el coronavirus en algunos hospitales.

Miércoles 22 de Abril de 2020

Ante la falta de tratamientos específicos para Covid-19 que cuenten con las aprobaciones correspondientes, se están utilizando terapias que aún se encuentran en fase de investigación, sin un nivel adecuado de evidencia científica. En esta carrera contrarreloj en aras de obtener nuevos tratamientos se inscriben drogas antivirales, inmunomoduladoras y recientemente se suma a la lista "el plasma de convaleciente".

El "plasma o suero de convaleciente", que fue desarrollado hace muchos años por el doctor Julio Maiztegui para el tratamiento de la fiebre hemorrágica argentina (FHA), ya comenzó a utilizarse en hospitales de Estados Unidos, con el objetivo de tratar a pacientes graves con Covid-19. El éxito terapéutico del plasma de convaleciente radica en que una vez que una persona se recuperó de la infección posee anticuerpos almacenados en su plasma, durante semanas o incluso años. Estos anticuerpos, al ser administrados al paciente enfermo en forma oportuna, mitigan la infección y mejoran el pronóstico de la enfermedad.

Esta terapia ha sido utilizada previamente con éxito en otras infecciones virales como el Sars-CoV, H5N1 (gripe aviar) y la gripe H1N1. ¿Por qué quedó aletargada hasta ahora a pesar de resultados aparentemente prometedores con estas infecciones? Tal vez, debido a que durante la pandemia de gripe A se obtuvo rápidamente una vacuna y el Sars se autolimitó, no llegando a afectar extensas zonas del planeta como el actual coronavirus.

Prestigiosos hospitales/universidades de Estados Unidos como Johns Hopkins, Mount Sinai y la Clínica Mayo se encuentran investigando si el plasma de convaleciente de Covid-19 es "seguro y efectivo" y desde el 28 de marzo se incluyen pacientes en ensayos clínicos. Bancos de sangre y hospitales están abocados a recolectar plasma de personas que se han recuperado de Covid-19. La Cruz Roja creó un formulario de solicitud de donantes para las personas que desean contribuir con plasma.

Estados Unidos avizora un horizonte prometedor con esta terapia, ya que posee actualmente la mayor cantidad de casos confirmados de la enfermedad y con ellos la oportunidad de una gran cantidad de convalecientes en buen estado de salud, considerados cruciales para proveer plasma de convaleciente en cantidad suficiente.

El plasma donado, que como requisito debe encontrarse libre de virus y poseer una determinada cantidad de anticuerpos, se suministra lo más precozmente posible para evitar que el virus ingrese a la célula huésped y de esta manera pueda detener la infección. La proteína de la cápside viral S, espiga o spike, que el Sars-CoV-2 usa para unirse a las células humanas parecería ser "el target de los anticuerpos del plasma de convaleciente".

¿Por qué la administración precoz es tan importante en el éxito terapéutico? Al principio de la enfermedad, el virus está infectando y secuestrando la maquinaria celular para hacer muchas copias de sí mismo. A medida que la enfermedad progresa, el daño tisular es más difícil de revertir, porque pasa a ser mediado por la propia reacción inmune del organismo. La respuesta inflamatoria se transforma en la intercesora del daño y ya no depende del virus.

Las raíces de este método rememoran sin atajos a "nuestra pampa" y a un honorable hijo médico de estas tierras: Julio Isidro Maiztegui.

Maiztegui fue pionero en la lucha contra la fiebre hemorrágica argentina y desarrolló la metodología científica para demostrar que el plasma de convaleciente era útil contra esta enfermedad. Dicha terapéutica, instaurada desde la década del 70, logró disminuir la mortalidad de la FHA de un 30 por ciento a un 3 por ciento cuando los enfermos eran tratados antes del octavo día de la enfermedad, notable éxito dado los estragos que ocasionaba esa afección en aquella época.

La FHA o "mal de los rastrojos" es una enfermedad viral aguda, producida por el virus Junín, aislado por primera vez en el país en 1958, y transmitida por contacto directo con roedores o la inhalación de sus excretas. Afectaba a trabajadores rurales de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y La Pampa.

Maiztegui había nacido en Bahía Blanca un 25 de agosto de 1931. Su padre era un médico rural que ejercía en un pueblo cercano a esta ciudad, Orense. Se gradúo en la Universidad Nacional de Buenos Aires en 1957. Realizó su especialización en clínica médica y en enfermedades infecciosas en el Boston City Hospital, Estados Unidos, obteniendo luego un máster en salud pública (1965) en la Universidad de Harvard.

Llegó al país en 1965 y luego de trabajar algún tiempo en Buenos Aires, con la ayuda de una fundación y la compañía de otros investigadores, se estableció en Pergamino para realizar estudios sobre FHA. Tras desarrollar el plasma de convaleciente, se abocó al descubrimiento de la primera vacuna contra la FHA llamada Candid 1, que demostró ser altamente efectiva y redujo notablemente la incidencia de la enfermedad. En 1993, a la temprana edad de 62 años, Maiztegui llegó al final de su vida después de sobrellevar una larga enfermedad. Ese año fue postulado para el premio Nobel de medicina.

Quienes lo conocieron de cerca lo recuerdan como un hombre sobrio, generoso, particularmente con sus discípulos y sus pacientes más necesitados, los que se enfermaban en los rastrojos de los maizales durante sus tareas rurales. Se ha dicho de Maiztegui que era apasionado, incorruptible, de valores éticos muy firmes y de voluntad férrea, de espíritu colaborativo y siempre dispuesto a trabajar en equipo: "Un constructor de vida donde faltaban esperanzas". Como otros prohombres de ciencia argentinos, algunas veces fue olvidado por los gobiernos de turno.

Los legados de Maiztegui son: el Instituto Nacional de Enfermedades Virales Humanas (Inevh), hoy uno de los más prestigiosos del mundo; el plasma de convaleciente, con el cual no solo venció a la FHA sino sentó un precedente de futuras investigaciones; la vacuna contra FHA, con la cual se debería aspirar a la erradicación definitiva de este mal, y obviamente sus discípulos. De notable espíritu docente formó a profesionales que hoy son referentes en virosis hemorrágicas.

En días de desasosiego por la pandemia, el recuerdo de Maiztegui reaparece y debería ser "inspirador", tal vez "iluminador", y permitir albergar esperanzas concretas. No sólo por la vanguardia que cosechó su plasma de convaleciente hace 50 años, sino también porque a través de su liderazgo, tesón y sabiduría hizo posible desde un centro de orígen muy humilde, en la llanura pampeana, derrotar por primera vez y a nivel mundial una virosis hemorrágica. Su epopeya ojalá estimule a jóvenes investigadores locales a seguir trabajando en el desarrollo de métodos de diagnóstico y terapéuticas contra Covid-19 y comprometa al Estado Argentino a seguir brindando un fuerte apoyo en ese terreno, para beneficio de la comunidad. El legado de Maiztegui da esperanzas frente al coronavirus, deberíamos aprovecharlo.

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