El Museo “Yad Vashem” de Jerusalén, centro mundial de conmemoración y documentación del holocausto, organizó una muestra en homenaje a los deportistas de varios países europeos que arriesgaron sus vidas para salvar de la muerte a conciudadanos de origen judío perseguidos por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial.
La exhibición, denominada “El juego de sus vidas” y que está online, es la historia de diez personas no judías a quienes el museo nombró como “Justos entre las Naciones” por sus actos de humanidad y valentía porque “encarnaron el espíritu olímpico de responsabilidad social y respeto por los fundamentales principios éticos universales”.
El italiano Gino Bartali es uno de los casos que se destacan. Fue campeón de ciclismo y ganador tres veces del “Giro d 'Italia” y del “Tour de France”. Durante la ocupación alemana de Italia en septiembre de 1943 Bartali, un devoto católico, se convirtió en mensajero de la Resistencia y cumplió un rol importante en la protección de judíos italianos. Recorría en su bicicleta largas distancias con papeles falsificados para operaciones de rescate, como la organizada en la ciudad de Asís por pobladores vinculados a la Iglesia. Cuando Bartali era detenido en algún puesto militar, lograba que no tocaran su bicicleta deportiva, seguramente con algo oculto, porque decía que estaba cuidadosamente calibrada para obtener la máxima velocidad.
Después de la guerra, Bartali nunca quiso hablar sobre su trabajo durante la ocupación alemana y dijo que todo había sido motivado por su conciencia por lo que su actividad no debía ser documentada, pese a muchos testimonios que lo ubican como un engranaje importante de los partisanos italianos contra el nazifascismo.
Otra historia que documenta el museo en su muestra es la del jugador de fútbol checoslovaco Martin Uher, del club Slovan Bratislava e integrante del seleccionado nacional de su país. En el círculo de sus amigos estaba Elizabet Fleischer, a quien salvó de la deportación en la primavera de 1942 al ofrecerle refugio en la casa de unos parientes. Uher también protegió a los padres y un hermano de Elizabet –con quien se casó después de la guerra– como a otras familias judías que así pudieron salvar sus vidas. Un año después, en 1943, Uher ayudó a la madre de Elizabet a escapar a Hungría y evitó que fuese enviada a un campo de concentración. Luego intervino en el salvataje del resto de la familia e hizo retornar clandestinamente a todos sus integrantes a Bratislava tras la invasión alemana de Hungría en 1944.
En su cumpleaños número 85, en 1990, Martin Uher recibió el reconocimiento de “Yad Vashem” como “Justo entre las Naciones”. En una carta que dirigió al centro de documentación en Jerusalén dijo que ese presente “fue el mejor que puedo haber recibido jamás”.
La exhibición en homenaje de los deportistas, lanzada en coincidencia con las Olimpíadas de Tokio, también ilustra sobre la vida del holandés Jan Klein, un profesor de gimnasia y amigo de Bob Dennenboom, un atleta ganador de muchos premios y campeón nacional. Su especialidad era el lanzamiento al agua desde un trampolín a tres metros de altura. Durante la invasión de Holanda, Klein ayudó a esconderse a su amigo Bob Dennenboom, perseguido por su origen hebreo. Le dio refugio en su propia casa, donde ya albergaba en secreto a otra amiga de Letonia que vivía en Amsterdam.
Finalmente, Klein escondió en su propia casa, que tenía un sector oculto en el ático, a unas 17 personas. La madre de Klein también colaboró y muchos de los refugiados se ocultaron en su casa de La Haya. Pero en febrero de 1944 ambos domicilios fueron descubiertos y todos arrestados, incluidos Jan Klein y su madre. Solo Dennembom logró huir del arresto.
De las 19 personas detenidas cinco sobrevivieron a los campos de concentración donde habían sido enviadas. Jan Klein y su madre estaban en ese grupo. Tras la guerra, Klein volvió a dar clases de gimnasia.
Otro de los casos de la exhibición de “Yad Vashem” es la solidaria acción de Anthonie Pieter y Judith Wetemans, un matrimonio holandés de La Haya.
Anthonie trabajaba como instructor deportivo y era el dueño de un club en su ciudad. Su alumno judío Harry Wolf, hijo de un amigo, entrenaba en el lugar desde 1939 y continuó haciéndolo hasta 1943, cuando debido a las razias de los nazis, debió suspender. Anthonie y su esposa Judith le ofrecieron a Harry esconderse en el club. Allí estuvo durante 18 meses, encerrado tras una falsa pared donde sus anfitriones habían preparado un confortable lugar con una cama, sábanas, velas y material de lectura.
Con el tiempo, Harry no fue el único. Otros seis jóvenes judíos fueron igualmente acogidos en el club por el matrimonio Wetemans, que con su acción enfrentó la política criminal del invasor alemán.
Todos, los miles de personas de más de cincuenta países designadas “Justos entre las Naciones” por su valentía y conducta moral durante la guerra, arriesgaron sus vidas para salvar la de los perseguidos. Una acción valerosa y honorable de reconocimiento eterno.