Mucho antes de que todos los rosarinos reconocieran la marca Distinción, la panificación de esta familia iba del boca a boca y le decían “el pan de Doña Carolina” o “el pan de los Ninotti”. Fue hace cien años cuando los abuelos italianos del actual líder de Distinción, Néstor Ninotti, -él dirá “los nonos”-montaron en su casa un horno de ladrillos y empezaron a hacer su propio pan. Poco tiempo después comenzarían a venderlo en su primer local y no sólo eso, sino que cuenta la historia que Doña Carolina tenía marcado su brazo derecho por llevar una canasta cargada de pan caminando desde la zona oeste de Alberdi, donde tenían su casa y negocio, hasta el Parque Independencia para venderle a quienes estaban allí. Ese es el gen de Distinción, una empresa familiar con mucho trabajo en la espalda, que han sabido forjar una marca y hacerla crecer generación tras generación. Hoy ya empezó a trabajar la cuarta, en manos de Bruno Ninotti, con una gran responsabilidad por delante: 22 sucursales de las cuales once son propias y el resto franquicias.
La vida de un panadero es peculiar. Quienes a eso se dedican lo saben, el trabajo en la “cuadra”, así le llaman en el ambiente al área de fabricación, empieza a las cuatro de la mañana porque de lo contrario es imposible tener una buena parte horneada para las seis, hora en que se abre la atención al público. Néstor recuerda que su infancia fue en la planta, junto a su papá y su mamá, jugando con autitos alrededor de quienes trabajaban. A los 12 años ya su presencia era más formal, de hecho, ayudaba al amanecer en la última fase de la fabricación antes de que a las 7:20 pasara a buscarlo el transporte que lo llevaba al colegio Sagrado Corazón.
Hoy Néstor dirige la empresa desde el local original de la esquina de Génova y Silva, donde también trabajó su papá Hugo y su tío Hilario. Cuando suplemento Negocios de La Capital llegó a hacer la nota, Néstor estaba literalmente con las manos en la masa, porque lo que le gusta es seguir de cerca la producción. “Cuando iba a la escuela trabajaba los fines de semana todo el día, me encantaba y hoy disfruto todo, tocar la masa, ver que un producto sale bien, mejorarlo. Porque para sostener lo que nos caracteriza, que es la calidad, hay que estar. Y me gusta mucho lo que hago, por ejemplo, yo me voy de vacaciones y hago medialunas, hago pizzas”, dice Néstor ante la confirmación de su hijo Bruno. Hoy tienen en la empresa 110 empleados que fabrican todo lo que luego se distribuye en los locales de la ciudad, incluidas las bocas del supermercado Dar.
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Las medialunas son una de las especialidades de la casa, producen más de cinco mil al día.
Para tener una idea de la producción, se utilizan unas 30 bolsas de harina diarias de 25 kilos cada una con las cuales se hacen cada día 5460 medialunas, unos 2310 bizcochos más toda la producción de masas finas, facturas, chipas, entre otros cientos de productos. Si bien todo el año cocinan pan dulce, ahora en la planta se puede ver como crece el volumen de producción de este producto, llegando hasta 400 diarios, listo para ser comercializados en diciembre.
Un mercado que ha cambiado mucho
En este negocio, tener una marca y una trayectoria es importante, porque los cambios en el consumo se han modificado. Las harinas suelen tener mala prensa y hoy algunos consumidores evitan los panificados. Por eso, cuando un cliente compra suele elegir marcas que le garanticen calidad y ahí juega Distinción. Néstor recuerda en esta entrevista que hubo años en que los domingos tenían una fila de cien metros para llevarse las facturas. Hoy el mercado es más chico y muy competitivo y ellos analizan distintas estrategias de negocio para que el crecimiento no se detenga, aún no pueden anunciarlas porque están en plena negociación, pero lo que se viene aseguran es animarse a un salto más. La planta está lista para aumentar producción, Néstor calcula que la capacidad instalada que tienen les puede permitir fabricar hasta diez veces más.
La nueva generación
Bruno hace un año que empezó a trabajar firme en Distinción. Viene de una experiencia deportiva en Buenos Aires, donde jugó futsal profesional en Boca. Lo cierto es que decidió cambiar de rumbo y meterse de lleno en el negocio familiar. Su impronta es la de sumar un nuevo camino a la marca siguiendo las nuevas tendencias del sector. “Estoy aprendiendo mucho de mi papá, me gusta trabajar con él. Lo que quiero es darle una renovación a la marca porque este segmento ha cambiado mucho con la incorporación de los cafés de especialidad. Si bien tengo claro que nosotros hacemos otra cosa, hay productos con los cuales podemos innovar y salir a competir, me gustaría dar ese golpe”, explica Bruno y agrega “además estamos haciendo un trabajo de comunicación en redes, cartelería y medios porque si bien la marca está muy instalada siempre es bueno aumentar la presencia”.
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Se vienen las fiestas y en la panadería están fabricando casi 400 pan dulces diarios.
Lo que le resta aprender a Bruno es la pasión de su padre: amasar. “Le cuesta un poco enseñarme porque acá siempre estamos con muchas cosas, pero cuando nos vamos de viaje ahí tiene el tiempo para explicar”, dice mientras que Néstor acota que él aprendió el oficio mirando lo que hacían los históricos panaderos de Distinción, porque en aquellas épocas tampoco había tiempo para capacitaciones. Allí aprendió de todo, hasta a fabricar hornos, porque al cierre de esta entrevista recuerda cuando se animaron a importar acero y hacer su propia maquinaria que hoy continúa horneando los panes de los Ninotti, similares a los que hacía su nono Remiggio.