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¿Cualquier cosa por amor?

En más de una ocasión se menciona al amor como mágico, y en algún punto es así. La magia no deja de tener una gran conexión con la ilusión.

Domingo 24 de Agosto de 2008

En más de una ocasión se menciona al amor como mágico, y en algún punto es así. La magia no deja de tener una gran conexión con la ilusión. Vemos una parte de la escena, y lo demás, lo que no se ve, se construye con nuestra propia realidad. Es ahí donde se produce la ilusión: lo que vemos, creemos, sentimos, deseamos.

El sufrimiento por amor puede ser el mayor de todos los dolores. "Ojalá te enamores", le dicen los árabes como una maldición a quienes quieren ofender. ¿A qué se debe? Cuando uno ama está el narcisismo de por medio, ese amor de uno mismo que se termina depositando en el otro, y que se siente como propio, como una posesión, como la extensión de uno, llegando a ser en ocasiones patológico.

Cuando la persona en quien uno depositó lo más profundo de su ser ya no está más, o ese amor no es correspondido, es aquí donde la ilusión de la que hablamos, desaparece. Ante la sensación de esta falta, de este vacío, el sentimiento no es otro que el de angustia, dolor, sufrimiento, y hasta puede llegar al punto de la desesperación. Así, entonces, amar y ser amado puede ser tan maravilloso, como dramático.

Sentir y dar

Estar enamorado y amar no es lo mismo. El enamoramiento es una circunstancia muy común pero no deja de ser un afecto que no es maduro. El enamoramiento es una revolución, es una explosión de esa emoción con una sensación de plenitud o completud que en algún momento o nos muestra al partenaire como el eje de nuestro mundo, hasta dejarnos de lado a nosotros mismo.

Como decía Freud, en el enamoramiento, el objeto se ha puesto en el lugar del ideal del yo. Luego de este período, se puede ver qué queda en definitiva. Ahí sí puede ser amor, o no. En el consultorio los psicólogos nos encontramos en ocasiones con pacientes que padecen el amor, sintiendo que nada tiene sentido en su vida, nada tiene valor, creyéndose víctimas de una mala elección, y a la vez viéndose imposibilitados de encontrar una salida.

A medida que se comienza a indagar vemos que esa que tanto duele no es la primera experiencia, esa forma de relacionarse en el amor ya apareció antes, venía ocurriendo desde sus más tempranos momentos. Acá estamos frente a la repetición, entrampados en un mismo retorno que vuelve cada vez. "Hay personas —dice Freud— que durante su vida repiten sin enmienda siempre las mismas reacciones en su perjuicio, o que parecen perseguidas por un destino implacable, cuando una indagación más atenta enseña que en verdad son ellas mismas quienes sin saberlo se deparan ese destino". Sitúa que hay algo inherente a todos los seres humanos, que empuja a una satisfacción que no está en sintonía con el placer.

Lacán postula al daño como la otra cara del amor. Esto es el retorno de la demanda de amor infinito que se dirige al otro. Así podemos ver que ese estrago lleva a ser devastadora, una especie de saqueo que se extiende a todo, que no termina y no conoce límites. Cuando se siente como lo mejor es un deslumbramiento, cuando se vive como lo peor, la devastación.

El psicoanálisis se presenta como una alternativa en la cual poder dar un paso más para no quedar pegados en sentirnos víctimas. Esto no es desconocer el sufrimiento, sino tener presente como brújula este conflicto que lo lleva a repetir indefinidamente lo autodestructivo.

Lo que sucede dentro nuestro va mucho más allá de lo que podamos controlar. Lo inconsciente nos puede llegar a jugar una mala pasada, y tal vez nos demos cuenta, luego de vivenciar los estragos.

De médico en médico

Paradójicamente quien está afectado por algún sufrimiento por amor normalmente se sostiene en la consulta médica, pide, requiere tratamientos sintomáticos durante largos períodos y desarrolla intensas relaciones con aquellos médicos que los acogen con calor e interés. Es poco frecuente que estos pacientes consulten por sí solos al psicólogo, generalmente llegan por una derivación del profesional o de algún familiar.

Este accionar de los enfermos no es casual. El paciente psicosomático se muestra generalmente un poco angustiado, y es la angustia lo que lo lleva a consultar a un psicólogo.

Lo que sucede poco tiene que ver con él. La enfermedad del cuerpo le es ajena, extraña.

Soledad Cimadoni

Psicóloga

soledadcimadoni@hotmail.com

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