En diciembre de 1870, María Steimann y Samuel Amsler, una pareja de inmigrantes suizos llenos de sueños y proyectos, abrieron las puertas de la pulpería de Amsler, en terrenos que ahora pertenecen a la ciudad de Roldán. Con el tiempo, y gracias a la laboriosidad de su esposa y sus hijos, se transformó en el almacén de ramos generales más importante de la zona, narra el historiador Miguel Angel De Marco, en una reseña de La Bolsa de Comercio de Rosario.
“El negocio fue un centro de comunicación, sociabilización e integración del poblado. Una cotidiana romería en la que resonaban afanes, logros y frustraciones. Las inmensas mangas de langosta, las sequías, los forajidos, el enrolamiento y la deserción en la Guardia Nacional, el malestar por la política fiscal del gobierno, las carreras de caballo, las faenas del campo, eran temas recurrentes en aquel comercio en el que no podía faltar la libreta como documento comercial. «Anotábamos prolijamente los kilos de pan, los metros de seda, los litros de vino. Había de todo en La Casa o En lo de Anfle» como decían los primeros italianos labradores”, recordó un descendiente.
Este tipo de almacenes cumplieron en su época un valioso rol para el desarrollo de las actividades rurales, cuando el productor debía proveerse de alimentos, indumentarias e insumos en una distancia próxima, donde gozaba además del crédito que le otorgaba hasta la próxima cosecha.
Samuel murió el 2 de diciembre de 1893, a los 54 años de edad, cuando había cancelado muchos años antes las cuotas por las compras de sus tierras a la Compañía de Tierras del Central Argentino. Su esposa María Magdalena, de 44 años, junto a su hijo Roberto, de tan sólo 17, llevaron adelante el almacén, sumándose a la tarea sus hermanos menores.
A comienzos del siglo XX, la economía argentina ingresó en la etapa final de la superación de la gran crisis financiera que había estallado 10 años antes, en 1890, y la región de Rosario vivió un boom de producción cerealera único y sin antecedentes.
En ese contexto la familia Amsler, que había consolidado y posicionado al almacén de ramos generales como uno de los más grandes del sur de Santa Fe y Córdoba, se dedicó al acopio de cereales, en los galpones, con desvío ferroviario propio, que construyó en Pellegrini y Fray Luis Beltrán, en pleno centro de la actual ciudad de Roldán.
En las décadas siguientes la familia Amsler empleó a 40 personas efectivas y 100 eventuales, incorporó maquinarias con tecnología de vanguardia para la época, como la secadora de granos, y expandió su área comercial de flujo diario. La ubicación de la Casa Amsler en el corredor ferroviario era privilegiada.
En 1931, falleció María Magdalena, la fundadora de la empresa junto con Samuel. La casa dejó de llamarse viuda de Amsler e hijos, para convertirse en 1936 en Roberto Amsler S.R.L., integrada por Roberto, María, Gustavo y Federico.
La gran crisis económica del 29 no afectó el crecimiento de la empresa, y la creciente explotación de los tambos de la zona les abrió el camino para la construcción de instalaciones capaces de albergar a los remates ferias.
Aún en las etapas más críticas de la economía argentina, el negocio de ramos generales seguía siendo el único en Roldán, donde se podía conseguir todo lo necesario para el hogar, el campo, la construcción o la industria.
El centenario
En 1968 se formó una nueva sociedad: Roberto Amsler S.A.C. y el 12 de diciembre de 1970 la empresa celebró su centenario. La Casa Amsler no sólo significaba un lugar de trabajo para mucha gente, sino que además pasó a formar parte de sus vidas.
En los años 70, con el cultivo de soja, se incrementó el acopio de granos, lo que implicó que se produjeran importantes ampliaciones en la planta de silos en pleno centro de la ciudad. Sin embargo, el crecimiento de la empresa la obligó a ir dejando paulatinamente dichas instalaciones.
En 1988 comenzó la construcción de la nueva planta en un predio situado en la calle Gálvez y la ruta AO-12, donde actualmente también se desarrollan las funciones administrativas.
Cuatro generaciones
“Hoy no sólo el acopio es importante para nosotros, ya que nuestra actividad comercial incluye además de corretaje de granos, venta de semillas, agroquímicos, lubricantes, asesoramiento agronómico, fumigaciones, transporte y todos los demás insumos necesarios para la producción agropecuaria. Recordamos a nuestros fundadores con incomparable orgullo e inmenso aprecio, teniendo siempre presente los valores que se han transmitido a través de cuatro generaciones”, declaró uno de sus titulares.
“Valoramos inmensamente la confianza de nuestros clientes, la cual nos da solidez para seguir creciendo. Y agradecemos el incondicional compromiso y dedicación de todo el personal, que durante todos estos años formó y forma parte de esta familia. Sin su aporte, nada hubiese sido posible”, concluyó.