Apenas ingresa al Centro Cultural Atlas, un aplauso unánime sorprende a Jorge Alemán. Es martes por la tarde pero afuera ya es de noche y un sala llena en el primer piso espera a al psicoanalista, escritor y poeta, quien esta semana presentó en Rosario su reciente libro Capitalismo: crimen perfecto o emancipación (Ned Ediciones).
Distinguido el año pasado con el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y profesor honorario de la UBA y de la Universidad Nacional de General San Martín, Alemán se exilió en España en 1976. Además es autor de numerosos libros donde une al psicoanálisis lacaniano, la filosofía, la política y la poesía.
En diálogo con La Capital minutos antes de la presentación del libro, Alemán reflexiona sobre las marcas del neoliberalismo en la sociedad, sobre la noción de meritocracia y sobre qué tipo de docentes se necesita para pensar una salida emancipatoria. Y afirma que, a diferencia de los 90, lo que ocurre hoy en la Argentina “es más sádico y perverso” porque “la idea es que cada uno es “culpable” de todo lo que le ocurre. O en todo caso, como sugirió el entonces ministro de Educación Esteban Bullrich, propone “a vivir en la incertidumbre y disfrutarla”.
—¿Qué huellas nota que está dejando el neoliberalismo en las nuevas generaciones?
—La Argentina tiene en el este aspecto características particulares porque ha tenido una relación histórica con la militancia. Con respecto a la juventud, en estos últimos años algunos sectores al menos han seguido con esta tradición. Pero luego también pasa lo que ocurre en los demás lugares del mundo, donde el neoliberalismo trata de desconectar a los sujetos de la historia, que no quieran revisar más sus propios legados ni explicarse para uno mismo sus propias herencias simbólicas, para no reconocerse en la historia de su nación, no conocer cuáles son verdaderamente las circunstancias que más la determinan o incluso la oprimen. Y en este aspecto la Argentina no me parece ajena a ese proceso de despolitización y de desafección hacia la política. E incluso de odio hacia todos los políticos que quieran cambiar las cosas.
—El menemismo dejó sus marcas en los adolescentes de los 90. El kirchnerismo inauguró otra etapa y hubo una vuelta de la militancia ¿El macrismo está dejando sus huellas?
—Sí, pero es distinto al menemismo. El menemismo plateaba que la globalización iba a ser una gran oportunidad para todos. Esto es más sádico y perverso, esto es que vos mismo sos culpable de todo lo que te ocurra. Y lo que te ocurra lo tenés que aprovechar como una gran oportunidad, como dijo ese ministro (por Esteban Bullrich), que fue capaz de sostener que uno tenía que disfrutar de la contingencia, porque si no sabés disfrutar de la contingencia vos mismo tenés que asumir bajo tu cargo y responsabilidad lo que podría ser la violencia del sistema.
—¿Y la idea de meritocracia que se intenta instalar?
—Es para tapar la idea de desigualdad. No se puede hablar legítimamente de meritocracia si previamente no se afronta el problema de la igualdad social.
—¿Entonces es una marca de estos tiempos la meritocracia?
—Totalmente. No podría hablar de meritocracia cuando no hay igualdad de oportunidades para todos.
"El neoliberalismo trata de desconectar a los sujetos de la historia, que no quieran revisar sus propios legados ni herencias simbólicas"
—En su idea de emancipación, ¿qué rol le caben a las instituciones educativas?
—Para mí son clave. No olvidemos que Althusser pensó que uno de los aparatos ideológicos del Estado fundamental era la escuela, el lugar del niño. Y pienso que lo subversivo es cuando un colegio público funciona, donde se enseña, se aprende, donde hay disciplina, donde se reconoce a la autoridad no el poder del saber. Dejarle a las elites y a las oligarquías la transmisión del saber puede ser una tragedia.
—Para una salida emancipatoria, ¿qué tipo de escuelas escuelas o docentes se necesitan?
—Necesitamos docentes que por un lado sigan enseñando lo que se debe enseñar en matemática, historia o física; y a la vez que sepan proteger la singularidad de cada alumno. Es decir, que no entren en los procesos actuales de homogeneización, donde todo el mundo es equivalente e intercambiable.
—El año pasado en Rosario, el pensador portugués Boaventura de Sousa Santos propuso unir las luchas contra el capitalismo, el colonialismo y el patriarcado ¿Coincide con esa mirada?
—Sí, pero me siento muy distanciado en muchos aspectos con ese pensador portugués. Lo que comparto es la articulación, porque creo que no hay ninguna práctica emancipatoria ni intrínsecamente sea emancipatoria en sí misma. Así que coincido en la articulación. Ahora, no me parece lo mismo el capitalismo, la cuestión colonial ni la del patriarcado. Me parece que deben ser articuladas en sus heterogeneidades. Si hacemos esa salvedad entonces sí, podemos seguir en la conversación, porque son cosas muy distintas.