La ciudad

Unos 110 chicos de escuelas de barrios vulnerables se anotaron en la UNR

Medicina y enfermería fueron las carreras más elegidas. Así, la UNR puso en marcha su plan de becas para ampliar el ingreso.

Jueves 28 de Noviembre de 2019

Laureano tiene 19 años, el pelo largo que le cae sobre la cara y la mirada profunda. Terminó la secundaria en la Escuela Nº 569 Carlos Fuentealba, del barrio Santa Lucía, en la zona oeste. Le gusta la música, toca la guitarra en la banda "Sur urbano", con quienes hace covers de temas clásicos de rock y de blues. Y ayer, junto a otros seis compañeros, se anotó para empezar a estudiar en la Universidad Nacional de Rosario (UNR). No fue sólo un trámite. "Nuestros alumnos, los chicos de Santa Lucía, no llegan a las facultades", comentaba emocionada la directora del colegio, Valeria Ríos, mientras asistía a los chicos con el llenado de formularios.

Los pasillos de la dirección de Bienestar Estudiantil de la universidad estaban llenos de pibes como Laureano, todos convocados por el Programa Integral de Becas para el Acceso a la Universidad Pública, que tiene como objetivo democratizar el ingreso a la educación superior, facilitando la inserción y acompañando la trayectoria de los jóvenes que terminan el secundario en las escuelas de zonas vulnerables de la ciudad.

Con esta intención, entre octubre y noviembre, profesionales de las áreas de bienestar y orientación estudiantil recorrieron 14 escuelas secundarias y realizaron talleres con 230 chicos que estaban próximos a graduarse y aún no sabían qué iban a hacer el año próximo. Y cerca de la mitad, unos 110, decidieron preinscribirse a alguna de las carreras que se dictan en la UNR.

Llegar al barrio

"El programa tiene como objetivo llegar a esas escuelas que albergan poblaciones de escasos recursos que excepcionalmente acceden a la universidad. Por eso llevamos talleres para que conozcan la oferta académica y también los beneficios de los programas de becas", cuenta Patricia Giacomozzi, directora de Bienestar Estudiantil de la UNR y asegura que la propuesta entusiasma no sólo a los jóvenes, sino también a sus profesores.

En muchos casos, afirma, "los estudiantes con los que nos encontramos son la primera generación que en la familia termina la primaria, o la secundaria. Muchos ya son padres o madres, muchos trabajan, algunos han tenido problemas con la ley. Y decirles que pueden ir a la universidad es como abrirles los ojos".

Pensar en grande

Santa Lucía es el barrio de calles sin nombre que crece sobre el límite del distrito oeste, encerrado entre la avenida de Circunvalación, la ruta 9 y las vías del ferrocarril. Una sola línea de colectivos ingresa al barrio hasta cierta hora de la noche. Valeria Ríos lleva 16 años de trabajo en la escuela Fuentealba y dice que esta es la primera vez que sus alumnos se inscriben en la universidad.

"Para nosotros es una posibilidad muy movilizante; para estos chicos todo es muy dificultoso", señala. A su lado, Marianella sonríe, la joven terminó el secundario hace seis años y, ahora que sus hijos ya están más grandes, se animó a empezar la carrera de enfermería. "Intenté estudiar en el 2014, era muy buena en biología y quise comenzar enfermería. Hicimos el ingreso en el Hospital Carrasco y me encantó la profesión, pero la situación familiar no me dejó seguir", relata.

Oriana y Matías se graduarán este año en la escuela Nuestra Señora de la Merced, del barrio Saladillo. Ella lo vive con una sensación ambivalente. "Es el cierre de un ciclo, es triste, pero sé que se viene algo mejor", afirma. Para él, sencillamente terminar la escuela es sinónimo de "progresar". El va a escribirse en música, ella quiere ser arquitecta. Sus madres, los escuchan muy emocionadas.

Becas y tutorías

El sistema de becas tiene varias aristas. Los jóvenes reciben una tarjeta que les permite acceder a cinco comidas en los comedores universitarios en forma gratuita y una tarjeta de colectivo. Y una vez que comiencen a cursar, recibirán un monto económico para materiales de estudio, actualmente el beneficio es de unos 2.600 pesos mensuales.

Pero el programa no se acota a la asistencia económica. "También hay una orientación en la parte académica, a través de tutorías y un trabajo que hacemos con las familias para que puedan acompañar a los estudiantes", señala Luciano Duyos, subdirector de Orientación Estudiantil.

Como para Lautaro, Marianella, Oriana o Matías; el trabajo recién comienza.

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