Cuando el puerto aún permanecía en el centro de la ciudad y el Monumento a la Bandera era sólo un proyecto, los adoquines ya cubrían las primeras cuadras de calle San Martín. Habían llegado a Rosario a fines del siglo XIX, como lastre en los barcos que arribaban a cargar cereal, y casi un siglo y medio después todavía forman parte del paisaje urbano. Ahora, mientras en la zona avanzan obras de pavimentación, un grupo de vecinos empezó a movilizarse para conservarlos en la calzada de San Martín al 300, que persisten en excelente estado. Según aseguran, hay motivos económicos, de movilidad, patrimoniales, de paisaje, de sustentabilidad y de eficiencia térmica e hidráulica, que juegan a favor de los adoquinados.
Los trabajos del plan de reconstrucción de calles puesto en marcha este año por el municipio comenzaron esta semana en San Martín entre Urquiza y Tucumán. Allí están previstas obras de bacheo, reconstrucción de los cordones cunetas y la ejecución de nuevas carpetas asfálticas.
El corte de la calle y la presencia de las máquinas convocó la atención de los vecinos de la cuadra. "Ahora nos enteramos de la idea de nuestras autoridades municipales de construir dos cordones cunetas de hormigón armado y una posterior capa asfáltica sobre la calzada de la cuadra de calle San Martín al 300, cubriendo y ocultando definitivamente los actuales adoquines en excelente estado de conservación", asegura Emilio Maisonnave, arquitecto, profesor de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y uno de los voceros del grupo de vecinos que empezó a movilizarse para salvar el adoquinado de la cuadra.
Según destaca, en los cien metros de calle San Martín que van desde Tucumán hasta Catamarca, el empedrado se mantiene impecable, "con muy buena pendiente para las aguas de lluvias, sin pozos, oquedades, hundimientos o reparaciones previas, como sí sucede en la cuadra anterior".
Para el profesional es necesario rever lo que significa el avance del asfalto por sobre el empedrado de las calzadas. Según advierte, no se trata de "conservar por conservar", sino que existen numerosas razones de planificación urbana que justifican su mantenimiento, tal como se sucede en otras ciudades, como Buenos Aires o Córdoba, donde los adoquines no sólo se mantienen sino que también se reparan.
Muchas razones
El arquitecto enumera las razones que justifican el mantenimiento de los centenarios empedrados. "No sólo son cuestiones patrimoniales o paisajísticas, hay factores económicos, de movilidad urbana y de eficiencia que deben considerarse", apunta.
Entre las cuestiones económicas, destacó, el adoquinado tiene un menor costo de mantenimiento y una larga vida útil que compensan los costos de inversión en pequeñas reparaciones luego de obras subterráneas bajo calzadas.
Pero además, los empedrados favorecen las políticas de "zona calma" en las áreas centrales. "El adoquinado reduce la velocidad del tráfico vehicular y favorece la seguridad vial", afirma el arquitecto y destaca que el asfaltado de esas calles representa una contradicción con la reciente inversión en la colocación de cámaras de seguridad para detectar infracciones por alta velocidad en vehículos o la colocación de lomos de burro sobre el asfalto.
Además, las antiguas piedras que tapizan las calles resultan materiales más sustentables que el asfalto. Duran más, apunta Maisonnave, ya que tienen una elevada resistencia a la compresión, flexión y abrasión de la piedra, especialmente el granito, y se colocan tal como salen de la naturaleza, sin cambios químicos de estructura o composición, implican menor consumo energético en su elaboración, posibilidad de reutilización y fácil eliminación por ser un residuo inerte.
Para él. es esencial considerar el ciclo de vida del asfalto en relación al adoquín de granito y verificar la huella de carbono del asfalto en relación al adoquinado.
El empedrado tiene también mayor eficiencia térmica _ya que absorbe menos calor que el asfalto y se refrigera con más velocidad, disminuyendo el efecto “isla de calor urbano” durante el verano_ y una mayor eficiencia hidráulica y absorción de aguas porque mitigan el impacto de las lluvias, gracias a que ralentizan el escurrimiento y retienen agua que se infiltra por las juntas.
Además, apunta, la evaporación es mayor que en carpetas asfálticas que sellan superficies: "Debemos tender a sistemas urbanos de drenaje sostenible (Suds), facilitados por adoquinados permeables que, al mismo tiempo que son aptos para el tráfico rodado, permiten al agua la filtración vertical a abriendo la posibilidad a que ésta se infiltre en el terreno para recargar los acuíferos".
Parte del patrimonio
"Rosario posee catalogados casi seis mil edificios con algún grado de protección patrimonial, y de ellos más de 3.300 tienen prohibida su demolición. Entonces, si a los edificios privados se les protege su valor patrimonial, ¿por qué no hacerlo con el patrimonio urbano público de algunas de sus calles y calzadas?", se pregunta el arquitecto al destacar que el empedrado de calle San Martín se mantiene en armonía con construcciones de la cuadra, como el Hotel Britannia o el edificio de la esquina con avenida Belgrano.
La zona forma parte del uno de los únicos sectores del área central donde el empedrado aún goza de buena salud, guardando relación con el empedrado de la bajada Sargento Cabral (ex bajada Grande) y los últimos adoquinados hoy remanentes del área fundacional del casco céntrico entre avenida Belgrano, calle Córdoba al sur del Monumento, las bajadas de Santa Fe, Buenos Aires, Laprida, Urquiza y San Martín.
Esos entornos, afirma, tienen poderosos atractivos ciudadanos y turísticos, como la intervención desarrollada en calzadas y veredas de la esquina de el teatro El Círculo.
"La calle, que es una red urbana por la que circulamos todos, está hecha como los espacios. La obra debe estar en relación con el entorno", subraya y recuerda que hace varios años se logró mantener el acceso adoquinado del Centro Universitario Rosario (UNR), conocido como La Siberia, o del pasaje Santa Cruz, en barrio Martin.
Como en esas calles, Maisonnave está convencido de que en el casco céntrico todavía se puede mantener ese encanto (con la diversidad de tonos de los adoquines) con una gama que va del gris-plateado al marrón-rojizo del adoquín de granito, más el atractivo dibujo de colocación (en tres bolillos curvos o abanico) y con su textura tradicional, "claramente mas valiosos paisajísticamente que el plano homogéneo y liso del asfalto".