Las instituciones cerradas, como los geriátricos y los hogares donde asisten a personas con discapacidad, son dos de los ámbitos más expuestos al Sars Cov 2 y su rápida propagación. En Santa Fe, en febrero, se logró vacunar contra el Covid a quienes viven en geriátricos y al personal de estas instituciones. El martes se comenzó a inocular a residentes con discapacidad, de todas las edades. El operativo se inició en Rosario y se colocaron 600 dosis (quedan otras 100 que se completarían este jueves). El objetivo es llegar a los 1.760 personas que viven en estos hogares y a quienes cumplen tareas en esos espacios. El Ministerio de Salud santafesino evalúa, en tanto, que cuando llegue un nuevo cargamento de Sinopharm (la vacuna producida en China que se aplica en menores de 60 años) un porcentaje se destine a personas de entre 18 y 59 años con comorbilidades que no están alojados en instituciones. Se fijarían las prioridades de acuerdo a la vulnerabilidad de cada grupo de esta franja poblacional especialmente expuesta a padecer casos graves de Covid.
Según pudo saber La Capital, el procedimiento que comenzó el martes en personas con discapacidad que habitan en comunidades cerradas se realiza con integrantes de los equipos de salud que se dirigen a las instituciones.
En las localidades del interior, donde hay muchos hogares con estas características, cada entidad retira las vacunas en su comuna o municipio y se ocupan ellos mismos de colocarlas ya que cuentan con personal idóneo para este fin. Así sucedió en Capitán Bermúdez en el Hogar San Roque o en General Lagos en Don Orione.
Pedidos incesantes
Que se haya dado comienzo a la vacunación de personas con discapacidad fue leído como una buena noticia para los grupos más vulnerables de menos de 60 años que no están institucionalizados.
Si bien los adultos mayores constituyen, por lejos, la prioridad a la hora de ser vacunados, ya que entre los mayores de 70 años se registró el porcentaje más elevado de muertes por Covid en lo que va de la pandemia, los menores de 60 con enfermedades crónicas respiratorias, cardiovasculares, renales, diabetes, obesidad también tienen un riesgo alto frente al coronavirus.
De hecho, muchas de estas personas tienen certificado de discapacidad por la gravedad de su patología, que les impide llevar una vida "normal".
En las últimas semanas, en Rosario, se multiplicaron los pedidos de padres de chicos con parálisis cerebral y otras condiciones de salud complejas ya que en muchos casos, por la necesidad de tener que aislarlos, han perdido contacto con sus terapeutas habituales y cambió totalmente su ritmo de vida, lo que les ha generado retrocesos importantes en su salud física y mental.
La misma preocupación existe en aquellos jóvenes o personas de mediana edad con patologías crónicas de jerarquía, muchos de los cuales viven hace más de un año sin salir o lo hacen con mucho temor al contagio, al igual que sus familiares. De allí que el Ministerio de Salud haya tomado nota de estas situaciones y esté analizando incluirlos apenas tengan dosis disponibles, aunque por el momento no hay fecha.