Inmigrantes alemanes, los Werner construyeron su imperio en Rosario. En 1889, Emilio fundó la emblemática empresa agroindustrial Molinos Fénix, que tuvo sus oficinas administrativas en el imponente edificio de la peatonal Córdoba al 1400. La familia levantó también majestuosas mansiones que alojaron a sus descendientes, como la de la esquina de 9 de Julio y Ayacucho, en el barrio Martin, o la de San Luis entre Oroño y Alvear, en barrio Lourdes. Ese edificio, declarado de interés como patrimonio, tendrá desde el año próximo una nueva vida: albergará a la escuela secundaria de la Universidad del Gran Rosario, la primera dependiente de una universidad privada en la ciudad.
La casona de San Luis al 2200 fue proyectada en 1928, a pedido de Valesca de Werner. Un apellido conocido en la ciudad por su desarrollo comercial: Molinos Fénix, una empresa familiar dedicada a la molienda del trigo para obtener harinas y sus derivados. El primer molino adquirido estaba ubicado en la localidad de Casilda y en pocos años fundaron una red de establecimientos ubicados estratégicamente en todo el interior del país.
Lugar histórico en barrio Lourdes
La construcción de barrio Lourdes refleja la parte más íntima de toda esa historia. La vivienda de planta baja y dos pisos cuenta con enormes salones sociales, cuatro habitaciones y siete baños y fue construido en 1928.
El edificio perteneció después a la familia Cura, hasta que en los noventa la adquirió la familia Jaef. Y si bien el inmueble tuvo algunas remodelaciones, "siempre se respetaron los elementos originales", según destacan los últimos propietarios.
El inmueble integra el catálogo de edificios patrimoniales de Rosario, con un grado de protección 2 A, que alcanza a aquellos edificios o conjuntos de edificios que deben preservar sus fachadas, envolventes, espacios y elementos considerados de valor donde sólo pueden realizarse intervenciones con criterios de restauración considerados científicos.
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Según pasan los años
Una pesada reja de hierro, pintada de color negro, esconde el edificio de fachada simétrica, con enormes ventanales y completamente rodeado de verde. Adentro, se mantienen intactos los pisos de madera originales, las aberturas con vitraux, las amplias escaleras y el patio con un jacarandá en el centro.
En barrio Lourdes, a la mansión se la conoce por los nombres de sus propietarios, los Werner, los Cura o los Jaef, de acuerdo a la edad de los vecinos que la mencionen. En las ultimas semanas sobre las rejas de hierro que ocultan la vivienda se colocó un cartel que indica que en el lugar funcionará la nueva escuela preuniversitaria de la Universidad del Gran Rosario.
El establecimiento educativo será el primero en Rosario en depender de una universidad privada. "Es un gran desafío para nosotros", señala Mercedes Gasparri, directora del espacio de Ciencias Sociales y educación de la UGR.
La escuela secundaria tendrá una orientación en informática, inteligencia artificial y tecnologías emergentes, con el objetivo de acompañar las exigencias de la economía del conocimiento. "La institución se basa en un sistema de enseñanza basado en proyectos, el acompañamiento de la trayectoria educativa de los alumnos y las demandas del territorio en el que se aloja el proyecto educativo", explica Gasparri.
Para eso, continúa, los alumnos tendrán un mentor que los acompañará en toda su trayectoria, favoreciendo el diálogo con los directivos, docentes y familias y acompañándolos en el desarrollo de sus proyectos.
Escuela de cinco años
Será una secundaria de cinco años de duración, mixta, con un grupo de alumnos por curso de no más de 30 personas y un formato de créditos universitarios, que contemplarán no sólo las horas de clases sino el tiempo que el estudiante dedique a su formación.
La arquitectura—destaca la docente— será también protagonista de ese proyecto educativo. "Pensamos en una arquitectura de espacios flexibles, en función de la necesidad de la tarea que se esté desarrollando. Una arquitectura diferente a la de la escuela tradicional, de aulas con bancos y pizarrón, y más parecida a los espacios de coworking, donde se pueda compartir y producir conocimiento".
Para eso, afirma, la mansión de San Luis al 2200 resulta "perfecta para este proyecto". Se trata, "de una casa con dimensiones muy amplias y está muy bien cuidada; con un patio y una pérgola amplia que nos permitirá tener incluso espacios al aire libre".
Las clases de primer año comenzarán en marzo próximo y la casi centenaria casona de San Luis al 2200 empezará a escribir una nueva historia.