El Monumento a la Bandera avanza con una nueva etapa de obras de restauración y puesta en valor, que incluye mejoras edilicias, de seguridad y accesibilidad. A partir del lunes, la Sala de Honor de las Banderas de América permanecerá cerrada al público por al menos cuatro meses, mientras continúan los trabajos en la Torre y los miradores.
Las intervenciones forman parte de un plan integral de conservación patrimonial del principal ícono de Rosario y buscan mejorar tanto las condiciones de preservación del edificio como la experiencia de quienes lo visitan.
Las obras
Una de las tareas centrales será la renovación completa de la Sala de Honor de las Banderas de América. Allí se instalará un sistema de climatización frío calor para garantizar condiciones ambientales adecuadas durante todo el año. Además, se reemplazarán los vidrios de las vitrinas por cristales de seguridad, se restaurarán sus marcos originales y se renovará integralmente el sistema de iluminación, con el objetivo de optimizar la conservación de las banderas y mejorar la visualización del espacio.
Las obras también alcanzan a la Torre del Monumento, donde se lleva adelante un proceso de modernización del ascensor. A esto se suma el reemplazo de las rejas de seguridad de los miradores y la restauración de las aberturas, con el fin de reforzar las condiciones de seguridad y funcionalidad de uno de los sectores más visitados del complejo.
Cuándo estará listo el Monumento
Desde la administración del Monumento explicaron que, al tratarse de tareas de restauración patrimonial, los plazos de ejecución pueden variar según la complejidad de cada intervención y el cuidado que requiere el tratamiento de los materiales originales.
En este contexto, la Sala de Honor permanecerá cerrada desde el 5 de enero por un plazo estimado de 120 días. En tanto, el acceso a la Torre, que ya se encuentra restringido por trabajos en el basamento, continuará inhabilitado hasta fines de febrero, aproximadamente.
Las autoridades remarcaron que las obras permitirán preservar el valor histórico y simbólico del Monumento Nacional a la Bandera, al tiempo que mejoran la seguridad, la accesibilidad y el confort para rosarinos y turistas que recorren uno de los espacios más emblemáticos del país.
Un monumento atravesado por la historia y las demoras
El Monumento Nacional a la Bandera es, desde su origen, una obra marcada por los tiempos largos, los vaivenes políticos y las dificultades presupuestarias. Inaugurado recién en 1957, catorce años después de iniciada su construcción, el principal símbolo de Rosario volvió a quedar atrapado, décadas más tarde, en una extensa secuencia de anuncios, licitaciones inconclusas y proyectos que no lograron completarse.
La historia de la restauración actual comenzó formalmente en 2016, cuando durante el gobierno de Mauricio Macri se firmó un convenio de cooperación con la Municipalidad para avanzar en una puesta en valor integral del edificio. Desde entonces, pasaron distintas gestiones nacionales y provinciales, la pandemia y cambios de prioridades presupuestarias que fueron demorando las obras. Recién ahora, aseguran desde los organismos intervinientes, se estaría ingresando en el tramo final de un proceso que no concluiría antes de mediados de 2026.
No es la primera vez que el Monumento enfrenta este tipo de postergaciones. Su construcción original se inició en 1943, tras décadas de proyectos fallidos y concursos frustrados. La idea de erigir un homenaje a la bandera se remonta a 1872, cuando el vecino Nicolás Grondona propuso levantar monolitos en Rosario y en la isla El Espinillo, en recuerdo de las baterías de Manuel Belgrano. Aquella iniciativa no prosperó y hubo que esperar más de 25 años para que el proyecto volviera a tomar impulso.
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Recién en 1939 se lanzó el concurso definitivo, que tuvo como ganador al arquitecto e ingeniero Ángel Guido. Aun así, la obra avanzó con interrupciones constantes por problemas económicos, falta de materiales y sobrecostos derivados de la inflación. Durante esos 14 años, los actos del 20 de Junio se realizaron en distintos puntos de la ciudad, hasta que finalmente el Monumento fue inaugurado el 20 de junio de 1957, con la presencia del entonces presidente Pedro Eugenio Aramburu.
Desde entonces, el espacio se consolidó como escenario central de la vida pública rosarina: celebraciones patrias, actos políticos, reclamos sociales y concentraciones masivas encontraron allí su punto de referencia. Esa centralidad simbólica explica también la sensibilidad que generan las demoras en su restauración.
En los últimos diez años, distintos gobiernos nacionales anunciaron planes para “poner al Monumento a nuevo”. En 2015, Cristina Fernández de Kirchner prometió financiar una restauración integral que nunca se concretó. Con Macri se avanzó parcialmente, pero los trabajos quedaron inconclusos. Durante la gestión de Alberto Fernández hubo nuevos compromisos que tampoco se materializaron. Recién en 2024, el gobernador Maximiliano Pullaro firmó un acuerdo con el jefe de Gabinete Guillermo Francos para definir qué obras financiaría la Nación y cuáles quedarían a cargo de la Provincia.