La ciudad

"Los viajes del Papa son agotadores, y en 2017 quiso venir a Rosario"

Inés San Martín es rosarina, tiene 33 años y desde hace seis vive en Roma y trabaja para Crux.

Domingo 12 de Enero de 2020

Inés San Martín | Bío | Periodista rosarina que desde hace seis años trabaja en Roma, como corresponsal en el Vaticano para un diario de Estados Unidos. Es la única argentina que hizo todos los viajes papales

Inés San Martín es rosarina, tiene 33 años y desde hace seis vive en Roma. Trabaja para Crux, un medio de Estados Unidos. Es la única argentina que sube al avión con el Papa Francisco, junto a casi 70 periodistas, en cada uno de sus viajes apostólicos. Hizo más de 30 traslados con el pontífice que, reconoce, son “agotadores”. Lo admira y aprecia. Está sorprendida por las críticas de los argentinos hacia el hombre que asumió el pontificado. En una charla distendida con La Capital contó cómo es Jorge Bergoglio, vestido de blanco.

   “A mí el periodismo me hace enojar”, dijo con una franqueza que asombra. En bermudas y con un vaso de limonada, atendió a este diario en la casa de sus padres, que viven en Rosario. Hace mucho que no puede pasar unas vacaciones con su familia porque el Papa suele viajar en enero, y para ella eso significa que tendrá más trabajo y sobre todo que deberá estar en un país lejano a la Argentina.

   Sin tapujos desarma uno por uno los mitos con los que se encontró al llegar al país en torno a la figura del Papa argentino. Hace seis años le ofrecieron la oportunidad de trabajar para el Boston Globe desde Roma, y así arrancó una carrera que la llevó a pasar mucho tiempo cerca del número uno de la Iglesia Católica.

   Hoy es la única argentina que viaja en los vuelos papales y forma parte de la comitiva de periodistas de habla inglesa.

   Es crítica respecto a sus colegas. Sostiene que pocos transmiten lo que dice el Papa, la mayoría lo interpreta según la situación de su país. “Los norteamericanos entienden que el Papa siempre se está refiriendo a Trump”, dijo y cree que los medios argentinos hacen lo mismo. “El Papa sacó un tuit el 1º de mayo por el Día del Trabajador y acá dijeron que Bergoglio estaba a favor de una marcha de la CGT y citaron ese tuit. Eso pasa en todo el mundo. Para mí eso es tergiversar”, expresó.

   —¿El Papa es peronista?

  — Se dicen muchas cosas del Papa. En Argentina que es peronista y en Estados Unidos, que es comunista. Creo que si es peronista, lo es de la primera hora, o sea de aquel peronismo teórico que se basa en la Doctrina Social de la Iglesia, pero no es del posterior, ni del kirchnerismo. Bergoglio es un Papa del pueblo, pero no un populista. La semana anterior a las elecciones en Argentina, Bergoglio hizo declaraciones muy fuertes contra el populismo en una entrevista que dio al diario La Stampa, y lo comparó con el nazismo, eso nadie lo publicó...

   Critica con fuerza el modelo económico global, porque mata. Por ejemplo, en Estados Unidos es tan caro mantener a los viejos y a los enfermos que se pide la eutanasia, eso muestra que el sistema es letal. También habla de la deuda que el mundo tiene con Africa, del problema de la migración, de la pobreza y del hambre. ¿Eso es ser peronista?

  —¿Manifestó algo el Papa respecto del nuevo gobierno argentino?

  — No dijo nada. Recibió a la mujer de Alberto Fernández porque hubo una reunión de la organización Scholas Occurrentes y estaban las mujeres de varios países de América latina. Si Macri hubiera sido el presidente, hubiera recibido a Awada.

  — Fue muy controvertido el gesto de mandarle un rosario a Milagro Sala...

  — Milagro Sala le mandó una carta al Papa y él le respondió con absoluto mutismo y le envió ese rosario. En esa oportunidad le pregunté al vocero por el significado de ese gesto y me dijo textual: “El rosario es una herramienta de conversión”, con lo cual creo que es un mensaje elocuente.

  — Otros le reprochan que no sea más claro respecto al aborto en Argentina.

  — Durante el año del debate del aborto en Argentina, el Papa habló en cinco oportunidades del tema y de manera muy contundente, pero los periodistas no lo reflejaron. Comparó el aborto con un sicario. Juan Pablo II lo llamó crimen, pero Bergoglio fue todavía más duro.

   Además, en ese momento dijo una frase que no trascendió. A un grupo de jóvenes que debatían sobre el hambre y la pobreza les dijo: estos debates son más importantes que los que se están realizando en mi país.

  — Muchos critican que no denuncie la situación de Venezuela...

  — Y sin embrago el Papa fue muy claro. Dijo que apoyaba a los obispos de Venezuela. En ese momento yo le pregunté al cardenal emérito de Caracas, Jorge Urosa, y lo mínimo que me dijo fue que Maduro era un dictador. El Papa está de acuerdo con eso, pero no lo puede decir porque sabe que el gobierno puede tomar represalias contra los venezolanos, y entre otras cosas cerrar el único corredor humanitario por el que entra la ayuda a Venezuela, que llega de Cáritas Internacional con comida y remedios. Hay muchas cosas que no se saben de la Iglesia. Una de ellas es cómo está ayudando a Venezuela.

  — Francisco, ¿habla de Argentina?

  — Más allá de los “argentinismos” que dice cuando habla, no se expresa sobre la situación del país. Hay que pensar que él ahora representa a los católicos de todo el mundo y tiene la situación internacional en la cabeza. Aunque no nos guste, Argentina es un país más del mundo.

  —¿Quiso venir a Rosario?

  — Sí, tengo fuentes que me confirmaron ese dato en su momento. Estaba todo planeado en 2017, iba a hacer Chile y Argentina y recorrería tres ciudades: Buenos Aires, Rosario y se rumoreaba que Santiago del Estero, pero el gobierno de Bachelet, solicitó que se suspendiera el viaje porque era año electoral, y lo pospuso por ocho meses. Cuando quiso venir estalló una situación complicada con el clero peruano, y tuvo que ir a ese país.

  —¿Cómo lo ven al Papa en el resto del mundo?

  — Salvo contadas excepciones al Papa lo reciben con los brazos abiertos. Es un líder mundial, político y religioso. Se lo reconoce por su proclama sobre el Cambio Climático, la defensa de los pobres y sus pedidos de paz. En noviembre estuvimos en Hiroshima y Nagasaki, y ahí dijo con mucha fuerza que es inmoral tener, y no sólo usar, armas químicas, porque los países gastan miles de millones de dólares para mantenerlas y esos fondos se podrían utilizar en otras cuestiones urgentes.

   Es sorprendente cómo lo valoran. Por ejemplo en Japón, donde sólo hay 100.000 católicos, todo estuvo llenísimo. Se nota que la gente lo quiere y es muy empático. Sólo en Argentina se lo critica mucho.

   A mí me sorprendió mucho lo que me decían los brasileños: el primer milagro de un Papa argentino es hacer que un brasilero lo quiera.

  — Nadie es profeta en su tierra...

  — Exactamente. Me parece que acá la gente se siente con el derecho de decirle al Papa lo que tiene que hacer, porque es argentino. Afuera es un líder súper reconocido, y en su país es un argentino que se fue y no quiere volver... Acá está muy politizado, pero se olvidan que es un ser humano de 83 años, que no volvió al país donde vive su hermana, y que seguramente, si no fuera Papa, se hubiera vuelto al país y estaría feliz pasando sus vacaciones en la Villa 21 de Buenos Aires.

   —¿Está Francisco haciendo todo lo posible para terminar con los abusos en la Iglesia?

  — Yo creo que le costó darse cuenta de la magnitud del problema, que humanamente es lo más grave que está viviendo la Iglesia. En Argentina, Bergoglio sólo había conocido casos puntuales, y por eso le costó ver que el problema era global. En realidad esto es un drama mundial, no sólo en la Iglesia. De hecho, una de cada 4 chicas en EEUU es abusada sexualmente antes de los 18 años, en la India una de cada dos, en Inglaterra una de cada seis y el 80 por ciento de estos casos suceden se dan en las familias. Ni las Naciones Unidas, ni Unicef han logrado detener este flagelo. Igualmente esto no justifica que haya ni un caso en la Iglesia. Opino que Francisco está haciendo todo lo que puede, aunque es mucho lo que falta. Recién después de haberse encontrado con el primer grupo de víctimas de abuso sexual eclesiástico pudo dimensionar el problema. Entonces creó la Comisión Pontificia para la Protección de Menores y Adultos Vulnerables. Está siguiendo el camino trazado por el Papa Benedicto XVI, que fue el primero que denunció el tema. En una oportunidad nos dijo a los periodistas que es importante nuestro rol para denunciar los casos, prevenirlos y reparar.

  —¿Hiciste notas a las víctimas de abusos?

  — Sí, muchas. Son historias muy duras. Creo que el Papa hace todo lo que puede, pero hay mucho por hacer todavía. También a nivel espiritual, hay una crisis grande de fe en la Iglesia. Los católicos han perdido la fe y la cuestionan. Además, hay que ser claros: hay católicos que abusan de sus empleados porque les pagan en negro, o católicos corruptos que van a comulgar.

   En una oportunidad pude acercarle al Papa una carta de una víctima de abusos. Estábamos en un vuelo, hablando de un tema y cuando le di la carta, fue terrible porque se le desfiguró la cara de dolor, se nota que sufre. Quien escribió esa carta pudo ver el video donde le entrego el sobre al Papa y se emocionó tanto que considera que el Papa ya le respondió.

  —¿Se puede decir que Francisco es un Papa ecologista?

  — Bergoglio enfoca el tema de la ecología desde la creación de Dios, que hizo este mundo para que lo cuidemos. Pero no está de acuerdo con que se salven animales y se defienda el aborto. También está en contra del consumo por el consumo, o de la intoxicación del agua que sufren pueblos que viven en la selva amazónica, o del trabajo de los niños en las minas para conseguir el material con el que se fabrican las baterías de los celulares. El Papa es uno de los pocos líderes mundiales que se expresa en contra de todo esto.

  — Hay sectores que dicen que el Papa es light...

  — El que dice eso es porque no lee lo que Francisco escribe. Es cierto que no es un teólogo. El habla de manera sencilla, pero no por eso es menos profundo.

   Francisco es un Papa de gestos, si lo querés entender lo tenés que ver. Para él la santidad es almorzar con los pobres el día de su cumpleaños, no es hablar de pobreza y refugiados, sino mandar un avión para que lleve a los inmigrantes de Grecia a vivir a Roma y darles casa, acceso a educación y trabajo. Es el Papa que hace construir duchas y baños públicos para la gente que vive en la calle, y el mismo que pone un hospital de campaña enfrente de la plaza de San Pedro para la gente que no tiene acceso a la salud en Italia. Es el hombre que donó un palacio, con frescos en los techos, a la comunidad de San Egidio para que, con voluntarios, abran un hostal para gente sin techo donde hoy viven 30 personas.

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