La ciudad

La casa de Alberdi donde el recuerdo de Olga y Leticia Cossettini sigue vivo

La casa está en Chiclana 345 y está en venta. Quieren preservar el legado de las docentes.

Domingo 03 de Diciembre de 2017

La casa de calle Chiclana 345 permanece gran parte del día de puertas abiertas. Algunas veces son los niños de los jardines del barrio los que llegan a compartir una merienda, otras son alumnos de institutos docentes que quieren conocer el refugio doméstico donde se pensó una de las experiencias pedagógicas más innovadoras del siglo XX: la que desarrollaron Olga y Leticia Cossettini en la escuela Gabriel Carrasco entre 1935 y 1950. Para todos, la puerta está abierta.

   La foto del chalé de barrio Alberdi con un jardín en el frente se replicó en los medios de comunicación esta semana. El centro de jubilados Amigos del Paraná, que actualmente alquila la casa para desarrollar actividades sociales y culturales, advirtió que antes de que termine el verano tendrían que dejar la propiedad. El dueño no les renovaría el contrato porque tiene decidido vender la casa.

   El jueves pasado, el diputado provincial Antonio Bonfatti y sus pares del socialismo presentaron un proyecto de ley de expropiación, que habilita al gobierno santafesino a comprar la vivienda. Y en el Concejo Municipal, María Eugenia Schmuk pidió que se la declare patrimonio histórico y de interés cultural de la ciudad.

   Por eso, a la casa llegaron por estos días muchas personas. Entre ellas, un hombre corpulento y ya mayor que propuso reunir a sus ex compañeros para recrear frente a la vivienda el "coro de pájaros", tal como lo hacían cuando eran niños con sus maestras, Olga y Leticia.

Encendidas

"Tratamos de mantener la llama viva", dice Lidia Caldini, la presidenta de los Amigos del Paraná. Es docente y trabajó en la escuela Carrasco cuando el proyecto de las hermanas Cossettini aún estaba en pie.

   La mayoría de las mujeres que conducen el centro de jubilados han sido vecinas, compañeras de trabajo y amigas de las docentes.

   María Elena Fuster, la secretaria, se cruzaba desde su casa todos los días, a las cinco de la tarde, a tomar el té con Leticia. En esas charlas compartían recuerdos de su infancia, que Fuster recreó después en un libro para niños. "Leti, la andariega", es la protagonista de muchas de las historias.

   El centro de jubilados, explica Caldini, "intenta cumplir el deseo de Olga, que era mantener su vivienda como un centro cultural, educativo y un lugar de convivencia". Un sitio de reunión para quienes viven en el barrio, pero también de divulgación de la obra de sus vecinas más queridas.

Picaflores

La casa fue construida por Hilarión Hernández Larguía, autor de numerosas obras en la ciudad, entre ellas el Museo Castagnino. Olga y Leticia la habitaron desde que se instalaron en Rosario. Leticia vivió allí hasta su muerte, el 11 de diciembre de 2004.

   Es una vivienda racionalista, modesta, con un jardín en el frente y otro más grande en la parte de atrás.

Pero por sobre todo lo visible, el salón luminoso, los pocos muebles, las fotos y recortes que cuelgan de las paredes, las plantas que dan sombra y color al fondo; "la casa tiene alma, magia", aseguran Ana Toledo y Alicia Zanelli, vicepresidenta y secretaria del centro de jubilados.

   Hasta remarcan que "la casa lloró" cuando, tras la muerte de Leticia, quedó vacía. "Era un día gris y ver los camiones en la puerta lo hacían aún más triste".

   La biblioteca de las hermanas, cartas y diarios del aula integran el Archivo Pedagógico Cossettini, del Instituto Rosario de Investigaciones en Ciencias de la Educación (Irice).

   La casa se abrió al público recién hace dos años, cuando los Amigos del Paraná pudieron alquilarla para desarrollar una veintena de talleres culturales, de cuidado de la salud y relacionados con la naturaleza. Desde ese día, dicen, se llenó de picaflores y mariposas. Hoy, su futuro es incierto.

Las visitas de Borges, Sábato y Gabriela Mistral
La sombra de un laurel de flor lleva calma al sol del mediodía. Las cuatro mujeres están sentadas a ese amparo. "Este jardín lo hicieron ellas, los tacos de reina, las azaleas. El jardín de adelante lo cuidaba sólo Leticia. Los estudiantes de la escuela de jardinería venían a recorrerlo", recuerdan.
   El amor por la naturaleza y la belleza, la solidaridad y la libertad, fueron algunos de los pilares de la experiencia que desarrollaron las hermanas Cossettini. La misma que llamó la atención de intelectuales de la época, ligados a las vanguardias artísticas y culturales.
   En las paredes de la sala y el comedor hay muchas de las fotos de esos "ilustres" con quienes Olga intercambiaba cartas a partir del interés que había despertado la exposición de las obras de sus alumnos en el Museo Castagnino, y la publicación del libro que retrata la experiencia educativa de la Escuela Carrasco.
   A partir de entonces, intelectuales y artistas se acercaron a compartir charlas y jornadas de trabajo con esas docentes y esos niños. Javier Villafañe, Gabriela Mistral, Margarita Xirgú y Ernesto Sábato, fueron algunos de los nombres ilustres cautivados por esa particular forma de aprender.
   La presidenta del Centro de Jubilados Amigos del Paraná, Lidia Caldini, dice que Leticia recordaba particularmente dos de esas visitas: la de Jorge Luis Borges, que sucumbió a los aromas y sabores que se preparaban en la cocina de la casa de calle Chiclana, y la de Juan Ramón Jiménez.
   Al autor de Platero y yo, lo esperaron con una sorpresa. Los chicos interpretaron en su teatro de títeres la historia del burro, pequeño, peludo y suave.
   "No se puede dejar caer toda esa historia, ni permitir que se olvide a dos personas, dos intelectuales que hicieron tanto por la educación", advierte Caldini. Y cuenta que hace poco se acercó hasta allí un hombre corpulento y ya mayor que les propuso juntar a los ex alumnos de la Escuela Carrasco para recrear el coro de pájaros.
   Después de esa anécdota, vuelve a considerar la importancia del legado de las dos mujeres. "Creo que lo mejor que hicieron fue educar a hombres de bien. Todos sus alumnos, hoy son hombres de bien".

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