La ciudad

El drama de pilotos que no vuelan y se turnan tras un mostrador

Los empleados de la empresa Sol, pilotos, azafatas y mecánicos, aguardan con incertidumbre que se solucione el conflicto de la aerolínea, que aún no tiene comprador.

Miércoles 24 de Febrero de 2016

Pilotos y azafatas que trabajan en tierra y mecánicos que sólo se limitan a mantener el orden de sus talleres son las tareas que desarrollan hoy los empleados de Sol, a la espera de una resolución que favorezca el futuro de la aerolínea y de sus puestos de trabajo.

Al ingresar al hall del Aeropuerto Internacional de Rosario se pueden divisar los mostradores de las empresas; el de Sol es el que más resalta. Los carteles que están detrás de la cinta transportadora claman por la devolución del trabajo y a ellos se suman algunos dibujos, hechos por los hijos de los empleados, para darles fuerzas a los padres y sus compañeros: uno, con ternura infantil, pide "Que el Sol no se apague".

"En este momento estamos cumpliendo horarios rotativos. No queremos dejar esto vacío porque podemos llegar a volver y que no haya nada", dice Carolina Cobelli, coordinadora del plan de respuesta a emergencia y delegada gremial de Sol. Están organizados: hay una tabla que demarca los horarios que le corresponden a cada uno para cubrir el puesto en el mostrador. Sobre esto, Cobelli cuenta: "Por lo general, las azafatas vienen a la tarde y los pilotos a la noche. Los chicos del taller sólo hacen mantenimiento del lugar e inventario de las cosas que hay en los galpones".

 

En tierra. Virginia Gómez es azafata de Sol desde hace cuatro años. Hace más de un mes sólo logra mantenerse en contacto con lo que estudió gracias a las clases que dicta en la escuela de vuelo del aeropuerto. "Es algo que me mantiene activa y en contacto con el rubro, aunque no es lo mismo. La verdad que es durísimo, muy difícil", cuenta. Hace hincapié en la profesión: el hecho de trabajar arriba de un avión, se ha elegido "como un estilo de vida, y todos queremos seguirlo".

A pesar de que el ánimo no acompaña, aceptó dar clases: "Hay que mantenerse firmes y dar una imagen positiva, porque también todo esto le sirve a los alumnos. Por otro lado, dar clases te enriquece como persona y te alegra ver tanta gente interesada por esto".

Juan de Gregorio era piloto de un avión fumigador, hasta que hace tres años Sol le dio la posibilidad de iniciarse en una aerolínea comercial. "Es bastante angustiante todo. Si bien es un trabajo particular, uno ama lo que hace. Me encanta todo de mi trabajo, tanto volar como compartir cabina con mis compañeros", afirma con orgullo y asegura que "estar en un mostrador y en situación de acampe, si bien nos mantiene unidos, es una situación de ansiedad".

De Gregorio remarca que a ellos les "encanta trabajar porque les apasiona volar, pero en este momento no sabemos cómo va a terminar esto. Es complicado, porque acá tuve la posibilidad de iniciarme. Se extraña volar, comunicar lugares", añora.

 

Mantenimiento. Los operarios de los hangares también sufren el cambio de rutina. Ariel, uno de los mecánicos de la aerolínea, cuenta: "En nuestra área estamos haciendo un inventario de lo que hay en los galpones: repuestos, herramientas y demás. La empresa tiene que presentar un balance final, entonces nos pidió un informe con todo lo que hay acá. Puede ser tanto para una futura venta, como para que el dueño sepa lo que hay acá en Rosario". Los trabajadores de mantenimiento de aviones también cambiaron sus horarios: antes cumplían turnos rotativos de 12 horas, con cinco días de trabajo y cinco de descanso. Hoy en día trabajan ocho horas, de lunes a viernes.

"Veníamos trabajando mucho porque el personal era poco. Se triplicó el trabajo con la promesa de que iban a venir refuerzos, y nunca vinieron. De todos modos, estábamos trabajando mucho y bien", afirma Enrique, asistente de mecánica. Pero el 14 de enero todo se interrumpió: "Nos estábamos preparando para, a la noche, trabajar en tres aviones para dejarlos en condiciones para volar. Pero vinieron y nos pidieron que cerremos todo, entreguemos las llaves y nos vayamos a nuestras casas porque esto había cerrado. Así, de la nada". La narración es, cuanto menos, desesperante: al hecho de quedarse sin trabajo, se le suma el desconcierto por no tener explicación para que se deshagan de ellos con tanta simpleza.

El inventario tiene un fin claro: entregar todo de manera impecable ante un posible comprador, además de demostrar la eficiencia con la que cuentan los empleados de la aerolínea.

Para adelante. "El día a día es un signo de pregunta en tu cabeza. Hasta hoy seguimos con incertidumbre, porque nadie nos dice nada", asume Enrique, mientras que Ariel sentencia: "No podés proyectar nada de acá a fin de mes, porque no sabés qué va a pasar".

Algo que sí tienen en claro es la unión que formaron para tirar para adelante. Antes, los sectores dentro de la empresa estaban marcados, según cuenta Enrique, pero "ahora estamos todos juntos en la lucha. Tranquilamente nos podríamos haber ido a otro lado, pero no: esto es una lucha común de todos nosotros". Ariel asegura que con todo esto demuestran que quieren "seguir trabajando. Estamos cumpliendo horarios. Queremos que esto llegue a buen puerto, por eso todos ponemos nuestro granito de arena, porque todos tenemos familias detrás".

Curioso reclamo millonario. Este martes se conoció el reclamo judicial que le hizo la firma de turismo Ola a Sol líneas aéreas. Lo más curioso es que ambas compañías son propiedad de la firma Transatlántica. La deuda que se pide saldar es de 20 millones de pesos y se decidió que pase a mediación prejudicial. De esta manera, en la audiencia deberán presentarse las partes, tanto de la aerolínea como de la empresa de turismo mayorista, ambas pertenencientes al mismo grupo empresario.

Solidaridad a pleno

Si bien las guardias son largas y la espera por la resolución de la situación se demora, la gente brinda su apoyo cada vez que puede.
  Los empleados del mostrador, tanto en Rosario como en otros puntos del país, son los primeros en recibir las muestras de afecto de la gente. El libro de quejas de Sol en el aeropuerto de la ciudad es contradictorio porque, a medida que se avanza en sus páginas, los mensajes de reclamos cambian por los de aliento: “Empezaron a pedirlo, pero para dejar mensajes de aliento. Hasta Luis Novaresio dejó su mensaje en el libro”. Sobre los compañeros de otras localidades, contaron que “en Aeroparque se acerca la gente a dejarle a los chicos yerba o galletitas, y a darle fuerzas”. También los colegas de otras aerolíneas les dan todo su apoyo en este difícil momento.
  Pero el hecho curioso lo contó Miguel, de mantenimiento: “Se han acercado, en las noches que nos quedábamos, a preguntarnos a cuánto vendíamos los choripanes: es porque poníamos la parrilla frente al aeropuerto y, para pasar la noche, hacíamos un asado”.
 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario